Para personas de carne y hueso

Urge una revisión de la moral sexual para adaptarse a la realidad de las relaciones humanas. Cuando este número de alandar llegue a sus lectores y lectoras habrá en el Vaticano un centenar de personas –la mayoría de ellas varones célibes– debatiendo sobre la familia.

Más en concreto, según los documentos previos de trabajo que se han hecho públicos, hablarán acerca de la separación cada vez mayor que existe entre la moral oficial de la Iglesia católica y la vida real de los hombres y mujeres que forman dicha Iglesia. El papel y la realidad. “Hay un creciente contraste entre los valores propuestos por la Iglesia sobre matrimonio y familia y la situación social y cultural diversificada en todo el planeta”, afirma el Instrumentum Laboris.

A todas luces es necesaria una reforma en multitud de aspectos relacionados con la moral sexual y la vida familiar. En una sociedad y en un mundo como el actual ya no tienen lugar los preceptos morales nacidos hace siglos, en una época en la que la esperanza de vida era de apenas 40 años y la ciencia no tenía aún conocimiento de multitud de realidades humanas.

Ya no tiene sentido el rechazo al divorcio, ni es aceptable la discriminación de las personas homosexuales, ni es humana la actitud ante el VIH, ni es realista el veto a los métodos anticonceptivos o la prohibición de las relaciones prematrimoniales. Preceptos que ya casi nadie cumple desde hace décadas. La moral sexual y la actitud oscurantista de la Iglesia jerárquica ante los temas de familia han hecho alejarse a millones de personas de la verdad liberadora del Evangelio. Y es una lástima.

Ya lo afirmaba el cardenal Carlo Maria Martini poco antes de morir: “Debemos preguntarnos si las personas aún oyen los consejos de la Iglesia en materia sexual. La Iglesia, ¿es aún una autoridad de referencia en este campo o solamente una caricatura en los medios de comunicación?”.

Estamos ante una buena oportunidad. La simple convocatoria del Sínodo de la Familia denota, desde luego, una voluntad renovadora por parte del papa Francisco. También es un signo de ello el trabajo previo, con el cuestionario que el Vaticano envió a las diócesis y que ha sido contestado por creyentes y comunidades de todo el mundo –incluso de España, aunque la Conferencia Episcopal se empeñara en no difundirlo. Por eso, son muchas las esperanzas que ha despertado esta asamblea de los obispos, aunque también son muchas las voces que llaman a no alzar las campanas al vuelo. En este número de alandar reflexionamos sobre este tema, desde el convencimiento de que la primacía de la conciencia es la que debe guiar las decisiones de los cristianos y cristianas adultos, muy especialmente en su vida íntima y familiar.

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1 comentario en «Para personas de carne y hueso»

  1. Re: Para personas de carne y hueso
    Al leer este artículo, me ha dado la sensación de que desde la redacción no se enfoca con la debida cautela y precisión, al menos con toda la necesaria.

    Es cierto que la sociedad avanza y que hay temas que deben ser estudiados detenidamente, pero me parece que se están mezclando cosas. Estoy de acuerdo en que, en ocasiones, hay personas que se han podido ver discriminadas o rechazadas y no debería ser así, pues la Iglesia ha de ser, ante todo, misericordiosa.

    Pero eso es una cosa y otra cosa es que se pierda la esencia del Evangelio de Cristo, por que se vaya dando paso, directa o indirectamente, al relativismo, al debilitamiento de la fe y de los valores. Una cosa es que se deba acoger y comprender a las personas divorciadas o a los homosexuales y otra distinta es que se pierda el norte a la hora de promover un noviazgo casto (que no imponerlo) y matrimonios estables y duraderos. Que haya cosas que la gente de hoy en día no cumpla, no quiere decir que el cumplirlas sea anticuado (al menos muchas de ellas). Pues en lo más hondo del ser hombre o ser mujer radica un anhelo de amar y ser amado plenamente y eso requiere renuncia y esfuerzo. Amar de esa manera no puede aprenderse del mundo, se aprende de Dios. Él nos ha hecho a su imagen. Todo lo que la distorsionemos nos estará alejando de nuestra felicidad. No olvidemos las palabras de Jesús: «Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan» (Mt 7,13-14)

    No se trata de adaptarnos a la mentalidad del mundo. Se trata de salvarlo. Aunque para ello, obviamente, hay que respetar y acoger todas las realidades humanas. Por eso, escribir desde la redacción de una revista o un medio de comunicación, exige una responsabilidad muy grande y deben elegirse muy bien las palabras. Independientemente de que puedan herir o no sensibilidades, se puede llegar a tergiversar un tema argumentando incluso con buenas intenciones.

    Espero que tengan en cuenta estas palabras, que les he dirigido lo mejor que he podido.

    Un saludo,

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