Crisis indecente

253portada1.jpgQue 2.500 millones de personas subsistan con menos de dos euros al día ya ha dejado de ser noticia, si alguna vez lo fue. En cambio, si unos cuantos bancos quiebran y centenares de banqueros mafiosos y especuladores se quedan sin los millonarios beneficios que habían buscado arriesgando un dinero que no era suyo, entonces el mundo se tambalea en medio de un terremoto de dimensiones apocalípticas que hace zozobrar la ‘civilización capitalista’. Sí, sí, hablamos de la crisis. alandar no ha querido quedarse descolgada del mundo y aborda en este número el temazo del año. Lo que pasa es que lo hacemos con una mirada distinta.

Algunas conclusiones que exponemos a la consideración de quienes nos leen.

Primera: los Gobiernos de los países desarrollados han preferido asumir el riesgo moral de salvar a quienes han vulnerado las reglas de la ética. Los tiburones de las finanzas sabían que sus operaciones arriesgadas o les reportaban inmensos beneficios, o siempre estaría ‘papá Estado’ para compensar sus pérdidas. Quien paga el pato, como siempre, son los ciudadanos más humildes y la enseñanza que emerge de lo sucedido es de una bajeza moral que sonrojaría al más sinvergüenza.

Segunda: los dos billones de euros que han empleado las autoridades europeas (entre ellas, nuestro Gobierno) en reflotar bancos tramposos, podrían haberse invertido en construir cientos de hospitales, miles de kilómetros de carreteras y multitud de colegios, por citar sólo tres ejemplos de beneficios para la sociedad.

Tras las enseñanzas, la dura realidad. El VI informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo social en España, presentado hace pocos meses por Cáritas, señalaba que en nuestro país los índices de desigualdad y pobreza no se han reducido en la última década. Ocho millones de seres humanos se sitúan bajo el umbral de la pobreza en ese mismo país sujeto y objeto de un milagro económico que no revierte en los que menos tienen.

2,8 millones de españoles y españolas no tienen trabajo. Todos los días se conoce que multinacionales cierran sus fábricas y dejan en la calle a miles de trabajadores. A eso que siempre le hemos llamado despidos masivos, ahora se le denomina en los medios de comunicación eufemísticamente ERE (Expediente de Regulación de Empleo). El lenguaje periodístico se pone al servicio de la paz social y del descanso para la conciencia de quienes van a seguir comprando en tiendas caras, jugando al golf en clubes de campo exclusivos y manteniendo yates, mansiones y mayordomos.

Volvemos al principio: el tsunami económico que nos tiene locos no parece remover los pilares que siguen sosteniendo un sistema injusto y criminal. Aunque no sea la imagen más difundida de Jesús, ¡qué bien vendría que volviera a este mundo con la rabia del que limpia el Templo/mundo de mercaderes y ladrones!

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