Compromiso de Mujer

temadeportada1-4.jpgEste mundo necesita como el agua seres dispuestos a rebelarse contra la injusticia y la prepotencia de los poderosos. La historia de la humanidad nos ha acostumbrado a que la violencia suele acompañar a los actos de rebeldía. Pero no siempre ha sido así. No son más valientes quienes esgrimen armas como argumentos para protestar contra la injusticia. Jesús de Nazaret no lo hizo. Tampoco muchas mujeres. Sobre todo mujeres, aunque también hay hombres, que se han puesto el mundo por montera y han exhibido otro modo de enfrentarse al poder que aplasta y margina a los seres más desfavorecidos.

Coincidiendo con la llegada de marzo, el mes en el que las ciudadanas del mundo celebran que sus reivindicaciones van siendo escuchadas pese a que todavía queda mucho por hacer, ALANDAR recoge cuatro historias de mujeres excepcionales que entendieron que valía la pena comprometerse en luchas fundamentales: Rosa, pastora peruana; Norma, guatemalteca y víctima de la violencia machista; Anna, periodista rusa; y Orsina, primera diputada indígena en Colombia, han abierto caminos para sus compatriotas (sean hombres o mujeres), peleando desde el convencimiento de que su causa valía la pena. Alguna, como Anna Politkovskaya, llevó su compromiso hasta el extremo y fue asesinada por denunciar los putrefactos mecanismos de poder que rigen en su país, Rusia.

Todas ellas, y miles de otras mujeres que entienden que no venimos al mundo para ser espectadores y espectadoras de la injusticia, se sirvieron de la creatividad para contribuir a la resolución y transformación de los conflictos. Desde de estos mismos postulados actúan las cinco mujeres que han recibido el Premio Nobel de la Paz (en la historia del galardón sueco, sólo 5 mujeres frente a 91 hombres) y que han constituido una iniciativa que trabaja “para que el concepto de la paz deje de ser una opción y se convierte en una responsabilidad inherente de las personas”. Este colectivo, al igual que hacen otros muchos formados por mujeres, se empeña en generar espacios en los que ellas se pueden juntar, reflexionar y plantear acciones transformadoras.

Así son muchas ciudadanas del siglo XXI: constructoras de un mundo distinto en el que nada sea inamovible, inabordable, intocable. Su ejemplo ha florecido en el corazón y el espíritu de muchos de nosotros. Sólo necesitan más apoyo, más espacio y mayor difusión de sus intentos de convertir este planeta en el lugar que soñamos que algún día sea.

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