Cárcel para las bienaventuranzas

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Hay pocos fragmentos tan frescos y actuales del Evangelio como el relato de las Bienaventuranzas. Mateo y Lucas coinciden en reproducir las palabras del Maestro en las que extracta la esencia de sus enseñanzas. Y dijo Jesús, el de Nazaret: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Por lo que parece, gracias a Dios, alguna gente se creyó al pie de la letra aquella sentencia y la transformó en vida comprometida.

Entre quienes siguieron al pie de la letra las enseñanzas de Jesucristo están personas, familias y organizaciones que se ocupan de dar cobijo, alimento y apoyo a otros seres humanos a quienes persigue injustamente la justicia de la gente poderosa. En España, una Ley de Extranjería inhumana, refrendada por los Gobiernos del PSOE y del PP, maltrata a quienes llegan de lejos en busca de un futuro mejor. Todo son trabas para su “regularización”. Obtener los permisos de residencia y trabajo se torna, hoy en día, en una tarea hercúlea. Y como dichos obstáculos, unidos al permanente acoso policial, les parecen insuficientes, el Ministerio de Justicia ha anunciado que en el nuevo Código Penal, que está a punto de aprobarse, se contemplarán penas de hasta dos años de cárcel para toda persona que ayude a inmigrantes sin papeles. El artículo 318 contiene la suficiente ambigüedad como para que un fiscal pueda tomarse la justicia por su mano: “El Ministerio Fiscal podrá abstenerse de acusar por este delito cuando el objetivo perseguido fuere únicamente prestar ayuda humanitaria a la persona de que se trate”, reza el texto de la norma.

Y reitera el bueno de Jesús ante quienes le seguían: “Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa”. Alí, Cuca o Roberto, tres protagonistas de las historias de hospitalidad que os contamos en este número de alandar, convierten sus vidas en testimonios tangibles de estas bienaventuranzas.

Han sido miles de personas (50.000 firmas recogidas por la web www.change.org) las que han mostrado su apoyo a la campaña “Salvemos la Hospitalidad”. Otras lo hacen, como Luis García Montero, Maruja Torres o Ana Cuevas, una lectora de El País, escribiendo en los medios. Ana enviaba una carta a este diario en la que se declaraba insumisa al futuro Código Penal: “No pienso obedecer una ignominiosa ley que castiga el altruismo y la colaboración entre los seres humanos. ¿No dicen que el matiz está en que haya ánimo de lucro? Pues humildemente pienso que lo hay en esa norma que permite “comprar” la nacionalidad a un extranjero si desembolsa más de 160.000 euros por un piso”, en referencia a la ley del Gobierno de Rajoy que da permisos permanentes de residencia a toda persona foránea que pueda comprar una vivienda por esa cantidad.

Pase lo que pase, el Evangelio volverá, tozudo, a anunciar este mensaje de esperanza: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

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