Urge otro modelo de sociedad

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Por Dori Fernández

Me gusta el papa Bergoglio, el hombre que ha elegido calzar zapatos viejos, conducir un “cuatro latas” y llamarse Francisco siendo jefe supremo del único país del mundo que nunca padece crisis económicas ni humanitarias.

En menos de dos años nos ha regalado un puñado de gestos inimaginables. El último tiene que ver con aquello de “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, ya lo habrán leído: la nulidad matrimonial será desde ya más rápida y más barata. Parece que las finanzas van bien. No me cabe duda de que será un alivio para las mujeres cristianas que, tras años de maltrato, hayan conseguido separarse de sus maltratadores y quieran rehacer sus vidas.

Porque no crean, aunque sea inexplicable para quienes creemos en la Palabra de Jesús, la cultura y los valores machistas son legitimados a diario desde demasiados púlpitos. Eso sí, no de forma explícita, sino por omisión (que también cuenta como pecado).

Omiten informar a sus fieles sobre una realidad que sólo la teoría de género –y no la ideología, como erróneamente la llaman– es capaz de desvelar:

De este modo, omiten que, en todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de su compañero sentimental. En 2012, la mitad de los casos de mujeres asesinadas en el mundo lo fueron a manos de sus compañeros sentimentales o de otro miembro varón de su familia. En nuestro país, solo en los últimos veinte años 1.368 hombres socializados en la cultura y los valores machistas, han asesinado a sus parejas o ex parejas mujeres (de enero de 1995 a enero de 2003, año en el que se comienzan a contabilizar los casos de violencia de género, la cifra es fruto de investigación propia).
[quote_right]En nuestro país, solo en los últimos veinte años 1.368 hombres han asesinado a sus parejas[/quote_right]
También omiten que sólo en la UE, entre un 45% y un 55% de las mujeres ha sufrido acoso sexual desde los 15 años (violación conyugal, de extraños, durante conflictos armados, matrimonios forzados, abusos sexuales a niñas y niños, matrimonios con niñas menores…) por parte de hombres.

Callan que 2.600 millones de mujeres y niñas viven en países donde la violación conyugal no está penalizada. Sólo 52 países la penalizan y, aún, sólo dos tercios tiene leyes que penalizan la violencia en el ámbito doméstico.

Además, no dicen que 4’5 millones de personas en el mundo son víctimas de la nueva esclavitud en esta era globalizada: la explotación sexual forzada, en la que el 98% de víctimas son mujeres y niñas. Trata de seres humanos con fines de explotación sexual para el disfrute de hombres (les recomiendo ver el documental de Mabel Lozano Chicas nuevas 24 horas).

Tampoco dicen que 133 millones de mujeres y niñas que viven actualmente han sido sometidas a la mutilación genital femenina en los 29 países donde aún es una práctica habitual ni que 700 millones de mujeres que viven hoy en día se casaron (fueron casadas) antes de los 18 años de edad, un tercio de ellas antes de los 15. Como moneda de cambio que son, las niñas pobres tienen 2’5 veces más probabilidades de contraer matrimonio que las que poseen más recursos (Fuente de los datos expuestos: ONU Mujeres, 2015).

Porque la teoría de género nos aporta una valiosa herramienta, la perspectiva de género, que sirve para analizar con precisión el mundo, permitiéndonos ver la situación individual de los dos seres que componen la especie humana: hombres y mujeres. No “intenta borrar las diferencias sexuales” como ha llegado a manifestar Su Santidad, sino todo lo contrario: pretende sacarlas a la luz para observarlas de forma individual y poder poner fin a la injusticia que supone no tener en cuenta, ni si quiera contemplar, las necesidades de la otra mitad de la población mundial, las mujeres.

Así pues, analizar con perspectiva de género implica la “consideración sistemática de los factores o condicionantes de género, las diferentes condiciones, situaciones, problemas, prioridades o necesidades de mujeres y hombres en cualquier campo del conocimiento y en cualquiera de las actividades humanas”.

Si aplicamos la perspectiva de género a los datos que arroja el INE, podemos ver lo mucho que está instalada en nuestra sociedad la desigualdad entre mujeres y hombres, que como saben, se forja en la división sexual del trabajo y, como toda sociedad injusta (por ejemplo, la esclavista), se sostiene con violencia, que no tiene por qué ser física, transcurriendo como “normal” ante nuestros ojos. Algunos ejemplos:

  • Más de un 25% de los empleos que ocupan las mujeres son a tiempo parcial, es decir, con jornadas de menos de 40 horas. Esto implica menores salarios, inferiores cotizaciones (en tiempo y cuantía) a la Seguridad Social y la consiguiente desventaja en los derechos económicos que se derivan de la contributividad en la que se basa nuestro sistema: menores pensiones, prestaciones por desempleo, más bajas… En definitiva, menor poder adquisitivo y menor autonomía económica, lo que se traduce en un mayor riesgo de caer en la pobreza, arrastrando consigo a hijas e hijos. Entre los hombres, sólo el 7’8% trabaja a tiempo parcial.
  • El 97’3% de las personas ocupadas a tiempo parcial por hacerse cargo del cuidado de menores de edad inferior a 14 años son mujeres.
  • Las reducciones de jornada (y de salario) por cuidado de menores o personas dependientes superiores a un mes son un 21% tomadas por mujeres frente a un 2’1% de hombres.
  • Las excedencias (sin salario) para el cuidado de menores son tomadas por mujeres en el 94’5% de los casos. Las tomadas para el cuidado de personas dependientes lo mismo: mujeres en el 85’22%.
  • Solo el 1’74% de los padres se toma alguna parte de las diez semanas del permiso de maternidad. Son las mujeres quienes se encargan por completo, dado que es “lo normal”.

La encuesta del CIS de marzo de 2014 resume muy bien la situación: la atención de hijos e hijas es asumida por las madres en un 82%, seguidas de las abuelas en un 8’5% y, en tercer lugar, el padre, con un 4’5%.

Con estos datos no es de extrañar que la brecha salarial de género, es decir, la diferencia entre el salario bruto por hora de los hombres y el de las mujeres, llegue al 22% de diferencia y hasta el 24% en edades superiores a 45 años.

En fin. Les cuento todo esto porque quiero invitarles a pensarlo y a que nos acompañen el próximo 7 de noviembre a la multitudinaria concentración que recorrerá las calles de Madrid con una única consigna: ¡Basta ya de violencias machistas!

Las físicas, las psíquicas, las económicas y sociales, que alimentan las políticas públicas sin perspectiva de género; las sexuales, las que nos obligan a prostituirnos para sobrevivir, las que nos asesinan día sí y día también, incluso llevándose por delante a nuestros propios hijos e hijas.

Es urgente otro modelo de sociedad donde mujeres y hombres se perciban como equivalentes humanos, ni más ni menos que a imagen y semejanza de su Creador. Les espero.

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