Por Eloy Sanz
Revisor del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático)

En los últimos meses hemos vivido una avalancha de noticias sobre calentamiento global y la emergencia climática ante la que nos encontramos. Sin embargo, no podemos vivir en tensión constante y nuestro cerebro tiende a obviar estas noticias o a asimilarlas como normales sin darles la relevancia que tienen. Al fin y al cabo es lo que ya hacemos con otras realidades sobrecogedoras como las guerras que nunca terminan o las pateras en el Mediterráneo.

No nos relajemos: la velocidad a la que destruimos los ecosistemas en la actualidad es la mayor de toda la historia de la humanidad. Esta es una conclusión clara de científicos que estudian el medioambiente. Es devastadora hasta tal punto que los propios científicos han solicitado ayuda psicológica para asimilar los resultados de sus observaciones.

El calentamiento global es ya una realidad. La única duda es hasta dónde llegarán sus consecuencias. Según los últimos estudios, si no hacemos nada para evitarlo (business as usual), a finales de siglo el nivel del mar habrá subido entre 60 y 90 cm y la temperatura global habrá aumentado 3 ºC. Como estos son datos medios, las anomalías en regiones concretas pueden ser mucho más importantes. Por ejemplo, la temperatura del Ártico en el mes de noviembre fue 10 ºC superior a la media. Imagina subir el termostato de tu casa 10 ºC incluso en invierno…

Además, estos datos no son meros números; se traducen, por ejemplo, en más olas de calor y más fenómenos extremos pero desiguales (sequías en unas zonas e inundaciones en otras), problemas de seguridad alimenticia y de crecimiento económico, etc. Las proyecciones son escalofriantes: solo el aumento del nivel del mar causaría la inundación del hogar de 100 millones de personas.  Además, el calentamiento global está siendo injusto. Sus peores efectos se han empezado a sentir el Sur global, donde apenas han contribuido a este fenómeno. Se calcula que en 2050 habrá entre 30 y 140 millones de refugiados climáticos huyendo de Sudamérica, África Subsahariana e India buscando un lugar donde poder vivir.

Por su magnitud y su escala global estamos, sin duda, ante el mayor desafío de la humanidad. Aún queda esperanza, puesto que hace un año no habíamos oído hablar, por ejemplo, de Greta Thunberg ni de Emergencia Climática. El IPCC dice que es preciso hacer “cambios rápidos, de largo alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”. Si queremos evitar un colapso climático para las próximas generaciones, debemos exigir medidas que aseguren una reducción drástica de emisiones de CO2. Lo que hagamos o dejemos de hacer en el decenio que inauguramos será fundamental. La decisión más relevante de la historia de la humanidad.