“Un pobo en marcha, buscando a Xesús”

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Una comunidad

A mediados de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, la ciudad de Vigo vivió un espectacular desarrollo inducido por la construcción naval y la industria de la automoción. A la ciudad llegaron en busca de trabajo multitud de familias procedentes fundamentalmente del interior de Galicia. La demanda de vivienda para los obreros de esta incipiente industria desencadenó el planeamiento de una nueva zona residencial en la ciudad: el polígono de Coya. Las grandes empresas promovieron en esta zona grandes edificaciones en las que alojaron al gran caudal de nuevos trabajadores.

Allí llegaron en 1971 un grupo de dominicos y dominicas con la intención de hacerse cargo de una de las parroquias con que se dotó al polígono, la parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria. Desde los inicios, usando como templo la capilla de un instituto cercano, aquella incipiente parroquia quiso entender su fe unida a las penas y alegrías de sus vecinos… cada uno de una aldea, de unas costumbres, de una historia distinta. Por ello, el primer objetivo desde aquellos tempranos años fue claro: hacer pueblo, a la vez que construíamos comunidad cristiana. En ello seguimos.

Nuestra organización pretende ser participativa e igualitaria, según el modelo de una gran comunidad parroquial, compuesta por pequeñas comunidades o grupos. Ellas son las células fundamentales de nuestra estructura. En ellas y desde ellas nos formamos, celebramos y comprometemos nuestra fe.

Una comunidad cristiana

Las convicciones teológicas y eclesiológicas nacidas del Concilio y las teologías liberadoras han marcado siempre nuestra reflexión. Desde ellas hacemos una lectura del Evangelio para nuestro entorno y nuestro tiempo. Nuestras celebraciones pretenden ser vivas, creativas, participativas… A ellas llevamos nuestra vida, nuestras preocupaciones, nuestras luchas.

La educación en la fe de niños y jóvenes no se vincula exclusivamente a la celebración de los sacramentos. Proponemos un proceso continuado, que arranca de la infancia pero que no termina en ella, sino que sigue ofreciendo formación a lo largo de todas las edades hasta desembocar en una nueva comunidad.

En nuestra parroquia educar en la fe supone educar para la convivencia, para la vida, para el trabajo liberador, para el respeto al pluralismo, para la reconciliación. En una palabra, para la fraternidad. A ello dedicamos muchas personas y esfuerzo.

Una comunidad cristiana popular comprometida

Hacemos una opción inequívoca por las personas más desfavorecidas y pretendemos ofrecer una alternativa dentro de la Iglesia, la alternativa de una «Iglesia desde y para los pobres», siempre al servicio del proyecto liberador de Jesús.

Entendemos como parte irrenunciable de nuestra fe la tarea de transformar la realidad. En el nivel local, promoviendo respuestas asociativas que trabajen por la justicia y la promoción de las personas en nuestro barrio y en nuestra ciudad; a nivel global, denunciando el sistema capitalista como causa estructural de pobreza y exclusión y asumiendo solidariamente la causa de las personas y pueblos marginados del mundo.

Desde los primeros años, las múltiples carencias urbanísticas del barrio y la insuficiencia de servicios hizo crecer, impulsado desde la parroquia y sus comunidades, un activo movimiento vecinal enormemente reivindicativo que fue consiguiendo arrancar de la especulación y los intereses políticos numerosas mejoras para la calidad de vida del vecindario (centros escolares, parques, infraestructuras…)

Junto a este movimiento crecieron también en la parroquia distintas asociaciones sectoriales, fruto de un análisis de las necesidades del entorno: asociación de mujeres, asociación cultural, asociación juvenil, comisiones de infancia y mayores…

La parroquia es, para muchos sectores sociales de nuestra ciudad, un referente de compromiso y militancia. A lo largo de los años hemos colaborando en la gestación de distintos movimientos ciudadanos (por la sanidad pública, de apoyo a enfermos de sida, a personas encarceladas, a la infancia excluida…)

Las dificultades que muchas de las personas de nuestro barrio viven en los últimos años han hecho que nuestra comunidad se replanteara su acción social y de atención a la necesidad. Se ha dado a luz a lo que llamamos la “oficina de derechos sociales”, que ha reunido en torno a sí a un importante número de personas empobrecidas y que ha estado desarrollando distintas campañas de sensibilización y denuncia ante las administraciones públicas en torno a la pobreza y sus causas.

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