«Soy Samira Lamarti»

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Este texto fue leído por su autora en la Vigilia de oración por los refugiados que se celebró en Madrid en septiembre, convocada por el arzobispado.

Soy Samyra Lamarty.

Vine a España en 1981 para proseguir mis estudios universitarios. Soy musulmana y estoy casada con un católico. Tenemos tres hijos y formamos parte de la Comunidad Cristiana de Ntra Sra. Del Recuerdo desde hace más de diez años.

Me han pedido hablar aquí como musulmana y como árabe. Yo casi prefiero hacerlo solo como creyente, pero entiendo que cada cultura, como cada individuo, tiene unas creencias-marco que definen su postura fundamental ante el mundo.

Los tiempos de radicalismos y enfrentamientos que vivimos hoy en el mundo islámico en nombre de la religión hacen que la comunidad musulmana sufra en primera persona una gran dificultad para conseguir una convivencia pacífica -como en tiempos no muy lejanos, aunque en menor medida, ocurrió en este país con el terrorismo.[quote_right]Soy musulmana y estoy casada con un católico[/quote_right]

Por las circunstancias que fueran -y no es el momento ni el lugar de describirlas- ha estallado una guerra en Siria que dura ya mucho tiempo, lo que ha hecho que la vida allí sea inviable para la mayoría de sus habitantes.

Muchos de ellos buscan desesperadamente salir del país y encontrar algo de esperanza. Cuando miles de personas quieren abandonar la tierra de sus ancestros y sus referencias arriesgando su vida y la de sus familias, se hacen evidentes el sufrimiento y la desesperanza y nosotros ya no podemos permanecer impasibles.

En el mundo de hoy algo ha ido mal entre otras muchas cosas que han ido bien. En nuestra búsqueda del progreso hemos extraviado el guion. Vamos a gran velocidad, pero no tenemos seguridad de hacia dónde nos dirigimos.
En este mundo de cambios frenéticos necesitamos una pausa, momentos como este que nos recuerden hacia dónde queremos ir, ritos y celebraciones que nos hagan sentirnos como en casa estando en este mundo. Sin un cierto sentimiento de trascendencia resulta cada vez más difícil decir qué somos, discernir sobre lo que es importante y por qué.

Es evidente que nos enfrentamos hoy a un problema –el de los refugiados y el de los migrantes- pero es cierto también que no hay ningún problema ante el cual no podamos pensar en una solución.

Hoy necesitamos ver las cosas de manera diferente, transformar nuestras perspectivas, cambiar incluso nuestra mentalidad. Y esto es y fue siempre una de las grandes virtudes que otorga la visión religiosa. Una visión que nada nuevo nos descubre pero que nos enseña las cosas que siempre hemos visto, pero en las que nunca hemos reparado.
La cultura actual nos ha dado una visión muy selectiva, que hace invisible mucho de lo que nos rodea y nos lleva a veces a buscar la felicidad en los lugares equivocados: en el consumo, en el ocio, en los cambios de relaciones o de estilo de vida.[quote_left]Resulta cada vez más difícil decir qué somos, discernir sobre lo que es importante y por qué
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Esa misma cultura nos hace olvidar que la felicidad está donde nosotros estamos y que es la misma realidad pero experimentada de “cierta manera”.

Soy de confesión musulmana, pero hoy apelo al monoteísmo que afianza las tres fes abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islam.

Ese monoteísmo de Abraham que dota nuestras vidas de sentido al descubrirnos al Dios trascendente, al Dios que está fuera del universo y que lo crea, ese monoteísmo que nos liberó de la tragedia.

Apelar también a la creencia de que la realidad última que descansa en el corazón del universo no es ajena a nuestra existencia, ni sorda a nuestras plegarias, ni indiferente ante nuestro destino.

Apelar a la creencia en un Dios del amor, del perdón, de la redención y también de la esperanza.

La fe que tenemos en Dios no es equiparable a la que Él ha demostrado tener en nosotros.

Existimos porque Dios tiene fe en nosotros, de ahí que tengamos que encontrar en los rostros de los seres humanos la huella del amor de Dios, lo que nos impulsará a amar como Él ama.

Un proverbio chino dice que hay tres cosas que una vez pasadas nunca vuelven: la flecha lanzada, la palabra dada y la oportunidad perdida.

Pido a todos que hagamos de los trágicos acontecimientos que asuelan hoy Oriente Medio:

-La oportunidad para conocer el Islam (fe de la mayoría de estos refugiados) y la desazón de millones de musulmanes que vemos cómo nuestra tradición religiosa es distorsionada.

-La oportunidad para desechar los estereotipos que pesan sobre nosotros y empezar a amarnos para poder así ver en los refugiados a unos hermanos que huyen de la persecución y la muerte.

-Una oportunidad para darnos cuenta de una vez por todas de que adoramos al mismo Dios, en quien caben la unidad y la diferencia.

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