Que no me toquen lo mío

Lo confieso, cada día me interesan menos las ideas de los demás y más lo que esas ideas les (nos) suponen en lo cotidiano. O mejor, lo que las personas hacen (hacemos) en lo cotidiano ya sea fruto de su personalidad, de sus ideas o de vaya usted a saber qué. Ya saben, que si ateo, cristiano, musulmán, baha’í, budista, agnóstico… socialista, comunista, liberal, anarquista, centrista no sé qué… No, nosotros, ni dios ni amo, anularíamos la propiedad privada y todo para todos o. sí, sería fantástica la igualdad y acabar con la injusticia y todo tipo de desigualdades y que a nadie le falte de nada, o yo el más cristiano, o musulmán “viva la umma”, o mejor despido libre que así crearemos más empleo (¿????) , o yo la vida, la vida, que ya hay persona desde el primer momento en que el espermatozoido y el óvulo hacen migas…

Bien, bien, vida, dignidad, igualdad, que cambie el sistema, pero ¿cambiaremos nosotros? Sospecho que no se pueden transformar las estructuras si no nos transformamos nosotros. Vamos, que pensar que todo cambie mientras yo sigo igual o no me transformo también de alguna manera…

Nos damos cuenta de que el sistema está mal y queremos una sociedad más justa… Pero, y retomo una conversación de hace unos días con unos amigos, ¿cuándo estamos en la barra de un bar con nuestra cañita y alguien está de pié cerca y necesita un huequito para pedir, para pagar o simplemente para apoyar también su bebida, nos movemos (aunque sea ligeramente) para dejarle espacio o bien lo miramos con mala cara si nos pide por favor meter la mano (que no meternos mano) para coger su consumición o para pillar la carta de las tapas? Pues según vienen observando estos amigos, gracias si le dejamos que también participe, que lo normal es pasar ampliamente de las necesidades del otro y encima cabrearse “si me tocan lo mío” (mi hueco en la barra del bar); y afortunadamente la mayoría no estamos tan desquiciados como para liarnos a gritos o a puñetazos.

Recuerden también cuando buscan aparcamiento y se encuentran con que algún gracioso (más que gracioso, salvaje quizás) ha dejado su coche en un sistio donde hubieran cabido dos (o incluso tres).
Así no cambiarán las cosas, por mucho que prediquemos unas ideas fantásticas. Se necesita, probablemente, una transformación en lo cotidiano…

Un amigo que trabaja en una cementera no acepta (ni hacerlos él ni que se los realicen a su empresa) pagos a 80 o más días, porque lo considera inmoral. Tal cual; no quiere hacer aún mayor la bola de desvaríos sistémicos causa de esta crisis. Ese es un ejemplo de lo que hacen de él sus ideas en lo cotidiano.

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