Congo. Tragedia, impunidad e indiferencia

«¿Se puede quedar uno callado mientras los demás mueren? No puede ser que sigamos viviendo como si no hubiera pasado nada. No callemos«. Con estas palabras, Donato Lwyando , javeriano congoleño, inició la charla que ofreció en Cáceres hace unos días, invitado por el Comité de Solidaridad con Africa Negra, y en la que recordó la indiferencia ante la situación actual de pobreza y violencia en la República Democrática del Congo (ex Zaire, antiguo Congo Belga).

El pueblo congoleño es uno de los más empobrecidos del mundo. Sin embargo en su tierra nacen minerales cual maná. Cobalto, cobre, oro, coltán… Este último, recordaba Donato, es el material que alimenta nuestros móviles, ordenadores portátiles, aparatos de música… Si se explotara de otra manera y con beneficios que redundaran en la población, no habría tanta miseria. Destacó así lo que resulta de todo punto inaceptable y regla general en tantos lugares, un país rico con un pueblo pobre.

La zona donde abundan los minerales es el sureste (Katanga), cerca de la frontera con Ruanda, cuyos gobierno (con Paul Kagame a la cabeza) y militares, desde hace más de una decena de años hasta hace unos meses, mano a mano con los rebeldes de Nkunda, ocuparon y sembraron de terror. Lo hicieron con la complacencia de los países occidentales, cuyas multinacionales sacan gran tajada del paraíso mineral; y con una ONU débil, a cuyos cascos azules allí desplazados (MONUC) se acusa de «impasibilidad» ante las matanzas.

Quizás fuera esa una de las razones, sospecha Lwyando, por las que el comandante español Vicente Díaz de Villegas , al mando del MONUC durante varias semanas el pasado año, a quien califica de valiente, dimitió. Alaba también al juez Fernando Andreu , hacedor de un auto de procesamiento de 40 militares ruandeses de la actual cúpula por «horrendos crímenes» en Ruanda y Congo desde 1994 hasta 2000, entre ellos de nueve españoles (seis misioneros y tres cooperantes).

Ahora se calmó algo la embestida militar, los ruandeses aparentemente se replegaron a su Estado y se paró a Nkunda, Con todo, «millitares ruandeses siguen entrando en Congo en busca de minerales» y alrededor de ello un plan de separación liderado por EEUU, Ruanda y Uganda que pretende «dividir Congo y hacer del este (zona de minerales) una república independiente». Una especie de balcanización .

El balance son miles de mujeres y niñas violadas y explotadas, millones de empobrecidos, refugiados, un estado que no puede pagar a los profesores, directrices del Banco Mundial «para no apoyar la educación ni la sanidad» y del Fondo Monetario Internacional «obligando a reducir presupuesto», solo el 5% de los congoleños trabajando de manera formal… y más de cinco millones muertos… y día tras día cargamentos de oro y coltán y diamantes saliendo de Congo hacia el Norte. Hacia aquí.

Publicado en El Periódico Extremadura – 25-05-2009

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