A España no la conoce ni la madre que la parió

  • por

Mucho ha cambiado España en estos 37 años desde que nació Alandar. La integración en Europa sobre todo ha ido cambiando el perfil económico del país. Y, por lo demás, hemos evolucionado en la línea del resto de países de nuestro entorno hacia una sociedad cada vez más plural y, en el terreno de las creencias, menos religiosa. Repasar esa evolución es una oportunidad para preguntarnos de nuevo ¿qué España queremos?

La España de 1983: la foto fija

La España de 1983 acababa de estrenar gobierno socialista. Felipe González había ganado con mayoría absoluta en octubre del 82, de modo que en la España que acababa de salir del franquismo y de vivir la Transición comenzó a gobernar la izquierda.

La UCD de Suárez, gran protagonista de la Transición, se disolvió ese mismo año por sus luchas internas, mientras que Fraga lideraba Alianza Popular, que fue coaligándose con diferentes partidos hasta ser el referente principal de toda la derecha, que acabaría refundándose en el 89 como el actual Partido Popular.

Apoyándose en la Constitución recién estrenada, va tomando forma el estado de las autonomías.  Ese año 83 se aprueban los estatutos de Baleares, Madrid y Castilla-La Mancha. En Cataluña se aprueba la Ley de normalización lingüística y se inaugura la TV3. Al año siguiente, Pujol revalidará su mayoría absoluta y tres meses después se conoce el agujero de 64.000 millones de Banca Catalana.

En el 83, las segundas elecciones municipales de la democracia dan también el triunfo al PSOE y en Madrid Tierno Galván, que gobernaba la alcaldía desde el 79 con el apoyo del Partido Comunista, obtiene la mayoría absoluta. AP se consolida como la principal fuerza de la oposición mientras el CDS, escisión de la Unión de Centro Democrático, creado por Suárez, obtiene unos resultados más que pobres.

ETA, que se había empleado a fondo para dinamitar la Transición, sigue matando. Ese año siega la vida de 43 personas. En su estrategia de socializar el dolor, junto a guardias civiles, militares y policías, caen ese año también empleados de banca, médicos, empresarios, un panadero, un taxista y una profesora embarazada.

Comienza también la llamada guerra sucia contra el terrorismo con el secuestro ese año de Segundo Marey por mercenarios financiados con fondos reservados del Ministerio del Interior. Lo habían confundido con un dirigente etarra en el sur de Francia. Tuvieron que pasar muchos años hasta que en el 93 el ministro Barrionuevo y otros altos cargos del Ministerio del Interior fueran condenados por financiar a los GAL, Grupos Antiterroristas de Liberación, que querían atacar lo que consideraban el santuario de ETA en el sur de Francia.

En el terreno laboral, entra en vigor la limitación de la jornada laboral a 40 horas semanales así como los 30 días de vacaciones anuales. Y comienzan las protestas en la siderurgia de Sagunto que convoca una huelga general. La reconversión industrial de los sectores de la siderurgia, el carbón y la naval, que estaba comenzando, provocará una gran movilización social y acabará por afectar a 650.000 trabajadores en los siguientes años.

Pero la noticia económica de ese año es sin duda la nacionalización de Rumasa, un conglomerado de 700 empresas, de Ruiz Mateos, que ha asumido demasiados riesgos  financieros, estima el ministro Boyer.

Ese año el Real Madrid perdió la Liga a favor del Athlétic de Clemente, y España se clasificó para la Eurocopa ante Malta por un histórico 12-1.

En la tele veíamos ‘Anillos de oro’, de Ana Diosdado, y ‘Si yo fuera presidente’, de Tola. Y cuando Las Vulpes cantan ‘Me gusta ser una zorra’ en el programa de Carlos Tena, el escándalo merece una sesión parlamentaria y le cuesta el puesto al director del programa. Estamos en plena Movida, pero hay límites.

Los 40 Principales daban triunfador a Camilo Sesto, a Francisco y a Perales con su ‘¿Cómo es él?’; pero también a ‘Eres tú’ de Luz Casal , ‘Embrujada’ de Tino Casal o el ‘Rock de una noche de verano’ de Miguel Ríos. Claro que la cosecha era abundante y escuchábamos también, en español, a Juan Pardo y Chiquetete, y a Mecano y  Miguel Bosé, y el ‘Rock del Cadillac’ de Loquillo, entre otros.

El año, rico en producciones musicales, fue dramático en el capítulo de sucesos: las inundaciones del norte causaron 34 muertos y destruyeron el casco viejo de Bilbao. El incendio de la discoteca Alcalá 20 costó la vida a 83 personas, jóvenes en su mayoría. Y diciembre quedó marcado por el accidente del 747 de Avianca en Barajas, con 181 víctimas, seguido poco después por el de un avión de Iberia accidentado por causa de la niebla en el que hubo otros 93 muertos.

Acaba tristemente un año en el que sin embargo también hubo hechos relevantes en el campo de la cultura y la ciencia: se realiza el primer trasplante de hígado y al año siguiente nace la primera niña probeta. Se publica el primer CD. Alberti gana el Cervantes. Y  ‘Volver a empezar’, de Garci,  se convierte en la primera película española en ganar el Óscar.

Del 83 al 2020. Logros y desafíos

Guerra tenía razón cuando al ganar el PSOE en el 82 dijo aquello de que «a España no la va a conocer ni la madre que la parió». Han sido años de enorme cambio, de grandes avances económicos y sociales. Ha habido muchos logros pero también tenemos grandes asignaturas pendientes.

Éramos 38 millones y sólo había 200.000 inmigrantes. Hoy somos casi diez millones más de habitantes, 47,5 millones. Y de ellos, casi seis millones, el 13% de la población, son extranjeros, según cifras oficiales que no cuentan a la población en situación irregular. Desde el año 2005, con el fuerte crecimiento económico, España se convirtió en un país atractivo y necesitado de mano de obra. Las remesas de inmigrantes han contribuido a consolidar el crecimiento español y a convertirnos en la quinta economía de la UE, con un 8,5% del total del PIB de la Unión.

Porque, comparando el pasado y el presente, hay que hablar de economía y de Europa.

Cuando Alandar comenzó su andadura, el PIB per capita era de 4.778 euros, hoy es de más de 26.630. La inflación era del 12,2% y hoy es negativa.

No son ajenos a nuestra evolución los 150.000 millones de euros que la Unión Europea ha invertido en España desde nuestra entrada en 1986 -la firma de adhesión fue un año antes- hasta el 2014. Al entrar, nuestra renta per capita equivalía al 72% de la media de los 12; hoy es del 94% de la media de la Unión Europea de 27 miembros, y eso porque ha bajado ligeramente con la crisis.

Somos uno de los países más endeudados del mundo y también uno de los que tiene más parados en Europa. Ahora tenemos una impresionante red de carreteras y de trenes de alta velocidad, pero nuestra tasa de paro sigue en las mismas cifras escandalosas. En el 83 éramos 12 millones de trabajadores, y hoy somos 20. Pero con 3.360.000 parados, el 16,2 % de la población activa según el INE.  En el 83 esa cifra era tan solo un poco más alta, el 17%.

La alta tasa de desempleo juvenil lo hace más dramático porque tan solo trabaja el 42% de los jóvenes de entre 16 y 29 años. Si añadimos que la población española no deja de envejecer, en línea con los otros países europeos, ese desempleo juvenil que fuerza la salida de España de los jóvenes mejor preparados, supone uno de las mayores amenazas para el futuro del país. Actualmente solo la inmigración compensa la tasa de crecimiento negativo de la población.

Pero, país de contrastes y de extremos, encabezamos otros índices más positivos. El de donación de órganos, por ejemplo. El modelo español, basado en la gratuidad y el anonimato, ha sido tomado como referencia para elaborar la normativa europea, que trata de frenar el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes. Además, tenemos una esperanza de vida de 83,4 años, la segunda más alta de Europa, después de Suiza. Y no quedamos tampoco mal parados en el Indice de Desarrollo Humano de la ONU, estamos en el puesto 26 sobre 193.

En el 83 gastábamos 175 euros por habitante en sanidad, el gasto total equivalía al 4,5 % del PIB.  El año pasado gastamos 1690 euros por habitante, el 6,6 % del PIB y el 15,2 % del total del gasto del sector público. Un paso de gigante hacia la sanidad universal y de calidad, ensombrecido por los recortes de la crisis que ahora muestran sus efectos. Un modelo a defender pero también a mejorar en su funcionamiento.

La educación se lleva el 10% del gasto público y equivale al 4,3% del PIB, en línea con el gasto medio de la UE. En el 83 era el 9% del gasto público pero el 1,67 del PIB%.

Pero también nuestro sistema educativo necesita una revisión profunda y consensuada, que establezca un horizonte estable a los esfuerzos de los profesionales y las familias, insertado en un proyecto mayor que tampoco tenemos: el proyecto de país hacia el que queremos encaminarnos.

¿Qué España queremos?

En el 83 teníamos claro que no queríamos volver al franquismo, y que la democracia y Europa eran logros a conseguir, junto a un país más próspero y solidario. ¿Qué queremos ahora que somos mucho más ricos, ya estamos en Europa y creemos que la democracia está consolidada? Porque sin esa idea a futuro, que ha de ser compartida, resultará difícil pensar en la educación que necesitamos o en los sectores en los que invertir o recortar, resultará difícil evaluar si avanzamos o retrocedemos si no hemos fijado la meta y los plazos para alcanzarla. 

Sin una idea compartida de futuro para el país resultará difícil saber si avanzamos o retrocedemos.

¿Cómo gestionar la pluralidad y la integración? ¿Hay que defender o/y modificar la Constitución? El estado de las autonomías ¿no parece a ratos un reino de taifas? El gobierno ¿tiene instrumentos para escucha y atender  las voces de las Comunidades Autónomas? ¿Qué reformas necesita nuestra democracia para erradicar la corrupción? ¿Qué cambios hacer para que el  quehacer político se ocupe del bien común de verdad? ¿Y para que el ruido y la furia desaparezcan en favor del diálogo y el consenso? Y en lo económico, por ejemplo, ¿queremos seguir siendo un país de turismo y de servicios, como hasta ahora?

Los sectores básicos de nuestro sistema productivo son el comercio, el turismo y el sector público. El peso de la industria no ha dejado de bajar y supone el 14%, lejos del 20% recomendado por la UE. Hoy hay más empleados públicos que trabajadores industriales.

El Covid está revelando las debilidades de una economía basada en el turismo. Mientras recibimos el año pasado casi 84 millones de turistas, este verano el bajón ha sido del 75%. España es la tercera potencia turística mundial por detrás de EE.UU y Francia y sus esfuerzos en ese sentido vienen de antiguo. En el año 83, el primer gobierno socialista apuntaba a diversificar la oferta para que no todo fuera sol y playa, pero lo cierto es que los vuelos charter repletos de turistas iban sobre todo a las islas y a la costa. Ese año se estrenó el logo de Miró con el lema de «España: todo bajo el sol».

Hemos invertido mucho en carreteras -la construcción ha sido durante años la principal creadora de riqueza- , en trenes de alta velocidad y en aeropuertos – algunos que no se utilizan, por cierto-. Pero tenemos un déficit de inversión en Investigación y Desarrollo, I+D. Somos la quinta economía de la UE pero ocupamos el puesto 17 de los 27 en investigación, a la que dedicamos el 1,24 % del PIB. Es verdad que el 85 invertíamos el 0,57%. Pero adolecemos de una falta de planificación a futuro, de saber a dónde queremos llegar en esta materia y en otras, para ir construyendo un modelo de país. Él cortoplacismo de nuestros políticos y su incapacidad de llegar a grandes acuerdos han marcado de una forma muy negativa el esfuerzo en estos sectores -educación e investigación- en los que los logros se ven a medio y largo plazo.

Somos la quinta economía de la UE pero la número 17 en I+D

En el terreno de las creencias, en el año 83 éramos católicos el 90% y los no practicantes no llegaban al 22%. En septiembre pasado, el CIS daba cuenta del menor número registrado nunca entre los que se consideran católicos: el 59%. Y de ellos el 60% no asiste nunca o casi nunca a actos religiosos. Esa desafección se ha acelerado en los últimos 3 años, con una bajada de más de diez puntos porcentuales. Además, entre los jóvenes de 18 a 34 años el porcentaje de católicos es menor que el de agnósticos, ateos e indiferentes. Entre los jóvenes de 25 a 34 años solo se identifican como católicos el  36%.

Sigue pendiente la construcción de una laicidad cooperativa, alejada de sectarismos.

Y sigue siendo una asignatura pendiente la construcción de una laicidad cooperativa, alejada de sectarismos tanto religiosos como laicos, en la que se entienda y acepte la aportación de la Iglesia y las otras religiones al quehacer nacional en un contexto de diálogo y respeto para el bien común. Pero, lo dicho, también para esto necesitamos tener un proyecto compartido. ¿Seremos capaces de crearlo entre todos y de ordenar la política para ir avanzando hacia él?

Últimas entradas de Lala Franco (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *