Sostenibilidad, incertidumbre y … lo verde

Nos cuesta precisar y ‘verde’ siempre queda bien. La esgrimimos como una etiqueta de calidad, una ISO XXXXX de última generación, un comodín para expresar lo excelente, lo resiliente, lo necesario, lo urgente, el nuevo bálsamo de Fierabrás… aunque repetir un concepto hasta la saciedad es la mejor manera de vaciarlo de sentido.

SOSTENIBILIDAD

Hace unos días caía en mis manos un documento de título: “Directrices de política para una transición justa hacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos”. Como no estoy casi nunca a la última, no es reciente, sino un oscuro documento de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) del año 2015. Asusta pensar que, después de siete años, sigamos con tantas directrices y tan pocos resultados.

El documento dice cosas de esta guisa: empleos verdes, sectores emergentes, economía competitiva, bajas emisiones de carbono, consumo sostenible o lucha contra el cambio climático; asimismo se afirma que: “Bien gestionadas, las transiciones hacia economías ambiental y socialmente sostenibles pueden constituir un importante motor para la creación y mejora de la calidad de los puestos de trabajo, la justicia social y la erradicación de la pobreza”.

Foto: Greenpeace

Qué estupendo el mundo al que apuntaban los autores a mitad de la pasada década. Realmente parece escrito ayer mismo por cualquier experto analista o ser una atinada reflexión del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico para fijar las orientaciones en la utilización de los fondos para la recuperación económica de Europa -Next Generation EU- que ya empiezan a llegar a nuestro país, eso sí sometidos, por supuesto, a la enésima disputa provinciana y cainita.

Y en estos casi ocho años trascurridos ¿qué?. Pues que hemos padecido una dificilísima recuperación de la crisis financiera global 2008-2009, la pandemia de la COVID-19, la subsiguiente crisis económica mundial post covid y, por si fuera poco, la guerra en Ucrania.

Entre tanto desastre, descubrimos que la COVID-19, la guerra, las crisis climáticas han disparado, a su vez, la alerta en las cadenas de valor o la dependencia ante terceros mercados, lo que ha llevado a que los actores locales caigan en la cuenta de que no tienen más remedio que aumentar su peso relativo para que esas cadenas de valor se acorten y así poder prepararse para cosas tan necesarias como el aumento del comercio de proximidad, la autonomía alimentaria o el acceso a los bienes estratégicos. Y no están ni de lejos preparados…

La pandemia y la guerra han dejado claro que las largas cadenas de abastecimiento, que han caracterizado la economía durante largos años, se han revelado muy frágiles ante las restricciones al movimiento internacional de bienes básicos. En este punto nos encontramos y ¡ojo! porque a los imprescindibles Objetivos de Desarrollo Sostenible, ese minimum minimorum de bienestar para todos los países, los tenemos en la UVI, sobre todo y como siempre, peor en los países de rentas más bajas.

INCERTIDUMBRE

El mundo se ha instalado en la incertidumbre: un vivir peligrosamente donde las relaciones internacionales seguirán incrementando su nivel de tensión, poniendo en crisis equilibrios geopolíticos que parecían muy sólidos o al menos estabilizados, que han cristalizado (o estallado) en tensiones en todo el mundo y en una guerra convencional en el levante europeo que nos ha hecho multiplicar errores, dudas y debilidades.

Como consecuencia, estamos metidos en una crisis bélica, energética y también alimentaria, que se está llevando el frágil trabajo de años contra la desigualdad, la pobreza, o el cambio climático (aunque pueda parecer increíble, estamos en un “más gas, más petróleo, más armamento, ¡más cortoplacismo!”). Por si fuera poco, en este verano se están batiendo todos los registros de temperatura, sequías extremas, incendios masivos e inundaciones destructivas. Sumando y siguiendo.

Frente a este panorama ¿podremos blindar la agenda de sostenibilidad social y ambiental y conciliarla con la de la recuperación y la salida de tantas crisis? Contestar esta pregunta nos es absolutamente vital, no para un futuro más o menos lejano sino para mañana.

Y LO VERDE

Al mismo tiempo, la sostenibilidad toma cada vez más relevancia para gobiernos, empresas y ciudadanía. La sostenibilidad… o lo verde. Porque este adjetivo ‘verde’ que tan bien la colorea ha triunfado en la literatura y en los medios y es ya un término ubicuo que podemos encontrar acompañando conceptos muy distintos: economía, revolución, energías, partidos, empresas, políticas, empleos… ¡Bien! ¿O no?

Estamos a punto de banalizarlo, de que pierda filo y aguijón, de suavizar su intención rupturista, su aroma revolucionario, su llamada a la acción urgente, a punto de convertirlo en una mera muletilla: si no queremos precisar, ‘verde’ siempre queda bien.

La esgrimimos como una etiqueta de calidad, una ISO XXXXX de última generación, un comodín para expresar lo excelente, lo resiliente, lo necesario, lo urgente, el nuevo bálsamo de Fierabrás. Y sabemos bien que repetir un concepto hasta la saciedad, utilizarlo para todo, es la mejor manera de vaciarlo de contenido.

He llegado a leer que hay explotaciones petrolíferas o hidrocarburos “verdes” y, recientemente, la UE ha sancionado que las nucleares y el gas queden protegidas bajo su epígrafe.

A esta banalización se van a seguir adhiriendo mentiras, medias verdades, manipulaciones de toda índole y creo que no podemos desvirtuar lo que el color verde tiene de símbolo para un futuro posible y deseable.

Nos jugamos mucho (lo dicen las distintas agencias de la ONU, la UE, la mayoría de los gobiernos y lo sabemos las personas cuando paseamos en pleno invierno por la montaña o por la playa “disfrutando de la primavera”) con ese transitar o no hacia una economía ambiental y socialmente sostenible, con poder crear puestos de trabajo, mejorar la calidad del empleo, trabajar por la paz y la justicia social o para erradicar la pobreza, antigua y terrible lacra que viene también con su color, ausencia de color en este caso: una negrura de muerte y miseria. Me temo que muchas prioridades ya están en otro sitio y que esto pueda leerse dentro de otros tantos años con la misma rabiosa actualidad.

Verde es una bella palabra, pero tendremos que ser capaces de distinguir en ella lo importante de lo urgente, la comodidad individual de los bienes comunes estratégicos. Y habremos de esforzarnos más, porque se lo estamos poniendo muy difícil a este pequeño planeta que se mueve por el Universo con tanta vida dentro, incluida, no es baladí repetirlo, la nuestra.

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