Pueblo nación mapuche: siglos de resistencia

Elisa Loncón, originaria de la comunidad mapuche Lefweluan, en la Araucanía chilena, ha sido elegida presidenta de la Convención Constituyente. Se inicia así un proceso de reconocimiento institucional del pueblo mapuche, aunque queda mucho por hacer: la libertad de todos los presos políticos mapuche, la aplicación del Convenio 169 de la OIT, la autodeterminación y la restitución territorial para saldar la deuda histórica que mantienen los Estados chileno y argentino.

Por Nélida Molina*

Un pueblo con más de 12.000 años de existencia que hoy habita en el Sur de Chile y la Patagonia argentina, cuyos límites geográficos prehispánicos se extendían entre los océanos Pacífico y Atlántico. Un pueblo que vive en comunidad, que mantiene una relación de igualdad, de respeto y armonía con la naturaleza, los espacios físicos y su espiritualidad, la que se manifiesta en su cosmovisión dual. Un pueblo dialogante y guerrero cuando se trata de defender su territorio en el que se sustenta su cultura y su lengua (mapudungun), que le permite comunicarse con la naturaleza y sus ancestros.

La Machi, una joven mapuche, fotografiada parte del proyecto «Diálogos de interculturalidad». Foto: Álvaro Arriagada.

Ha sido el único pueblo del Abya Yala que resistió la Invasión Inka (1400), que, por su resistencia de más de un siglo, la Corona española se vio obligada a otorgarle el reconocimiento como Nación Autónoma Independiente, con autodeterminación y control territorial desde el Río Bío Bío, al sur de lo que hoy se llama Chile. 

Un pueblo que sólo fue derrotado y degradado culturalmente mediante el genocidio, la invasión militar del ejército chileno, el despojo y usurpación de sus territorios ancestrales con la estrategia de tierra arrasada en la mal llamada Pacificación de la Araucanía, en Chile, y la Campaña del Desierto en Argentina. Sus tierras y las familias mapuche que las habitaban fueron entregadas a colonos extranjeros (suizos, alemanes, holandeses, polacos, italianos, entre otros) que respondieron al llamado del Estado chileno para “mejorar la raza” (1885). Las comunidades que se resistieron a servir a los nuevos colonos fueron esclavizadas, torturadas, sacrificadas o quemadas vivas dentro de sus casas, mientras que otras fueron erradicadas violentamente y forzadas a desplazarse a reducciones de tierras improductivas.  Quienes pudieron, emigraron a la ciudad para servicio doméstico o trabajos precarios con la prohibición absoluta de hablar en su idioma original e integrarse a la sociedad chilena. Se consolida así la 3ª invasión del Wallmapu durante más de 130 años.

Con la memoria del valor, resistencia, reconocimiento social y cultural que tuvo el pueblo mapuche, en tiempos de la colonización española, las nuevas generaciones (desde finales del siglo XX) se han levantado en resistencia de alta intensidad en rechazo al expansionismo capitalista, racista y neocolonial que implica la 4ª invasión del modelo capitalista neoliberal.

Foto: Daniela Anomar

Esta vez el escaso territorio en el que se les permite habitar, está siendo devastado por la invasión del capital chileno y trasnacional extractivista: forestales, mineras, hidroeléctricas, constructoras, administradoras de agua, inmobiliarias, entre otras, cuyas inversiones gozan del proteccionismo estatal. En el caso de las forestales de monocultivos de pino radiata y eucaliptus cuentan con una subvención estatal del 75% de la inversión. El Estado chileno a partir de la dictadura militar ha profundizado las acciones de:

  • Expropiación, división, remate de tierras y ríos al mejor postor.
  • Construcción de 55 Centrales Hidroeléctricas por ENDESA España y ENEL, Statkraft (empresa estatal ‘verde’ noruega), Red Global S.A.+SAESA  (austriaca)
  • Construcción de carreteras, represas, aeropuertos, tendidos eléctricos, mineras, centros turísticos de ski por ACCIONA, Sacyr. 
  • Invasión de cultos evangélicos  que demonizan su cosmovisión y espiritualidad
  • Precariedad  de las políticas públicas indígenas (Pacto Nueva Imperial, Ley Indígena, CONADI, Plan de Desarrollo Impulsa-Araucanía) que no se cumplen ni mejoran la situación de empobrecimiento de la población mapuche.
  • Contaminación de la tierra por pesticidas como consecuencia de la expansión forestal.

Todo ello produce impactos ambientales y culturales que se manifiestan en la pérdida del bosque nativo y con ello la flora medicinal autóctona; disminución y pérdida de los recursos hídricos; alteración cultural de la cosmovisión y espacios que tienen sus propias fuerzas espirituales (gnen). Sus principales demandas y objetivos se expresan en:

  • Recuperación y control autónomo del territorio usurpado para hacerlo productivo, proteger y mantener sus espacios sagrados, su identidad cultural y cosmovisión.
  • Reconocimiento institucional de la preexistencia de la «nación» mapuche a la conformación del Estado chileno, de la soberanía territorial y las estructuras culturales.
  • Reconstrucción del Pueblo Nación Mapuche en su estructura organizacional tradicional ancestral (autoridades, pensamiento, espiritualidad) su dignidad y reconocimiento social.
  • Derecho a la Autodeterminación (tierra y territorio, aprovechamiento del suelo y subsuelo). 
  • Respeto al sistema cultural ancestral mapuche en la resolución de conflictos mediante la Aplicación del Convenio 169 de la OIT .

La respuesta de todos los gobiernos de la post dictadura ha sido aplicar la Ley Antiterrorista (heredada de la dictadura de Pinochet y que sólo se aplica a mapuches); la criminalización de la protesta social mapuche; la militarización policial, militar y cuerpos de seguridad privado para defender los intereses privados de empresarios y latifundistas como medios de control; hostigamiento, allanamientos indiscriminados y enfrentamiento armado a las comunidades mapuche en resistencia. Los resultados son 21 asesinatos de comuneros mapuche a manos de policía militarizada y civiles; represión y violencia a menores y mujeres hortaliceras; montajes policiales y operaciones de inteligencia (Paciencia- Huracán) para fabricar pruebas inculpatorias; centenares de encarcelados y más 50 presos políticos mapuche hoy en detención preventiva sin juicio y otros tantos condenados a penas ejemplarizadoras (cadena perpetua).

Una marcha mapuche celebrada hace algunos años. Foto: David Suazo

Las más de diez huelgas de hambre de presos políticos que han realizado desde 2007 para conseguir el reconocimiento de derechos penitenciarios y acceso a juicios justos ha sido una estrategia de resistencia. La última fue realizada por 27 presos y un Machi (autoridad ancestral) en 2020 durante más de 120 días para reivindicar la aplicación del Convenio 169 de la OIT en contexto de pandemia.

La lucha por la sobrevivencia de su cultura, por los Derechos de un Pueblo que reclama su dignidad, su reconocimiento, la recuperación de los territorio usurpados y las posibilidades de un desarrollo político, económico, social y cultural autónomo, así como la falta de respuesta política a sus demandas históricas en los últimos 30 años, han intensificado las acciones de recuperación y control territorial por parte de las comunidades mapuche autónoma, a pesar de la represión militarizada. El pueblo mapuche se ha cansado de esperar una respuesta del Estado chileno a sus legítimas demandas. Primero los llamaron “gallardos y valerosos”, después “flojos, ignorantes, sucios”; luego terroristas; hoy “narcoterroristas”.

*Nélida Molina es mediadora social intercultural y portavoz de Trawunche Madrid-Coordinación de Apoyo al Pueblo Mapuche.

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