“Las mujeres queremos no sólo la mitad del cielo, sino lo que nos pertenece: la mitad de la tierra y la mitad del poder”

Han pasado unos días desde que la Universidad de Valladolid reconocía a Carmen Sarmiento toda su trayectoria profesional y su labor periodística, concediéndole el mayor galardón que da una Universidad: el Doctorado Honoris Causa. Hoy nos sentamos en la terraza de su piso en Madrid y, ya un poco más tranquila, recordamos los momentos vividos

Pregunta.-Has tenido muchos premios como reconocimiento a tu labor y a tu trayectoria, sin embargo, Carmen, he tenido la sensación de que este era un poco más especial. ¿Es así?

Respuesta.-Ciertamente. No quiero ser presuntuosa, pero tengo en mi haber más de treinta premios, algunos de los más importantes en la carrera periodística. Y siempre un premio, aunque proceda del grupo social más humilde y del pueblo más perdido, es algo que te llena de orgullo y satisfacción. Este pasado mes, Comisiones Obreras de Madrid me concedió el último de los reconocimientos a toda mi carrera. Por motivos de salud no pude ir a recogerlo, pero lo agradecí profundamente. Sin embargo, el doctorado de la Universidad de Valladolid (UVa) ha tenido unas connotaciones muy importantes para mí.

Nunca pude imaginar, cuando realicé mis estudios, en 1964, en una sencilla Escuela de Periodismo, que un día sería reconocida con este doctorado honorifico que he recibido sumamente agradecida. Como dije, lo acepté en nombre propio y en el de tantas mujeres que han sido ignoradas y olvidadas a lo largo de la historia.

Me impresionó mucho cuando llegué al Palacio de Santa Cruz, en Valladolid y vi mi nombre, mi vítor, escrito en la pared al lado de tantos nombres ilustres; por cierto, muchos hombres y pocas mujeres. Dunia Etura, mi madrina en el acto, en un discurso excelente señalo que desde 1964 la UVa había investido a 76 personas como Doctores Honoris Causa, de ellas sólo 8 eran mujeres. Por eso, me llena más de emoción y de esperanza que, poco a poco, vayamos rompiendo esa brecha de desigualdad también en la Universidad.

P.-El acto en sí es un acto muy solemne y protocolario; sin embargo, creo que tuviste la libertad de ser tú misma y pronunciar el discurso que has venido manteniendo a lo largo de toda tu vida. ¿Crees que nuevamente has vuelto a romper moldes en este sentido?

R.-Quizás, sin pretenderlo, lo he vuelto a hacer. Cuando comencé mi trayectoria profesional en 1968, TVE era un mundo dominado por los hombres. Fui la primera mujer en el equipo que formó Informe Semanal. Tuve claro que quería denunciar la injusticia y la opresión que se ejercía sobre las mujeres. Con mis compañeros fui compartiendo mi inquietud por conseguir la igualdad y denunciar el mundo injusto en el que nos encontrábamos la mitad de la población. Me cabe la satisfacción de decir que llevé el feminismo a TVE, donde introduje temas como el aborto, el divorcio o el adulterio en plena época franquista, cuando la censura limitaba la comunicación. Y contestando a tu pregunta, cuando terminó el acto de la investidura, una profesora de la Universidad se acercó emocionada, me felicitó y me dijo: “Nunca antes se había oído un discurso como el tuyo en este ámbito”. No creo que lo dijera por lo académico, sino por la denuncia que hice de la situación de la mujer en tantas partes del mundo.

P.-¿Podrías contarnos algo de lo que allí dijiste?

R.-Hice un pequeño recorrido por lo que ha sido mi trabajo, mi lucha por vivir en igualdad con los hombres. Compartí algunas de las vivencias a lo largo de mi vida. En estos momentos de guerra, dolor y muerte no podía dejar de señalar los tiempos en los que fui corresponsal de guerra, los horrores que vi y cómo llegué a odiar las guerras y a quienes las hacían. Decidí dar un giro a mi vida y contar la vida de los más pobres y excluidos, víctimas de una violencia estructural que también mata.

En el ámbito en el que estaba, la Universidad, no podía dejar de hablar de la educación y de la importancia que ésta tiene. En todos los lugares por los que he viajado he constatado la importancia de la educación y la cultura si se quiere ser un pueblo o una persona libre y no doblegada. También en la educación la mujer está marginada. En todo el mundo las mujeres representan casi dos tercios de los adultos que no saben leer. La educación es el único camino para escapar de la esclavitud. Esto lo saben bien quienes quieren mantenerla en estado de sometimiento. Lo primero que hicieron los talibanes en agosto del 2021 al llegar al poder fue prohibir la Educación Secundaria para las mujeres. Los talibanes, como muchos otros que gobiernan en distintas partes del mundo, quieren un pueblo sometido y una población femenina ignorante.

Qué duda cabe, cuando las mujeres tengan en todo el mundo acceso real a la educación, la cultura y la información, se darán cuenta de que el patriarcado nos ha engañado durante siglos. Muchas veces nos han sometido mediante la violencia y otras mediante las frases bellas y los eufemismos.

Un pensador como Mao Tse-Tung dijo algo tan poético como que “Las mujeres sostenemos la mitad del cielo”. Pues bien, en este tercer milenio las mujeres queremos no sólo algo tan etéreo como la mitad del cielo, sino lo que nos pertenece por derecho: la mitad de la tierra y la mitad del poder económico y político para que el patriarcado deje de explotarnos.

Y acabé con una frase que me encanta y que seguiré repitiendo hasta que sea realidad: “Queremos tener acceso a la educación, a la cultura, a los órganos de poder y de decisión para que así las mujeres dejemos de ser el sur de los hombres, el sur del mundo, el sur de todos los nortes posibles”.

P.-Quienes estuvimos allí y pudimos compartir contigo este momento tan emocionante, sentimos el respeto, la admiración y el cariño profundo que la gente te tiene. Esto se demostró en el largo aplauso que se te dio al final de tu intervención. ¿Eres consciente de los sentimientos que provocas?

R.-Cuando estaba trabajando nunca pensé que podía llegar a suscitar el cariño y la admiración que ahora recibo. Me dedicaba con todas mis fuerzas a mi profesión y no, no fui consciente; ha sido después de mucho tiempo cuando comenzaron los premios, los reconocimientos, cuando las mujeres, también algunos hombres, me paraban por la calle y me decían: “Me he hecho periodista por ti, soy feminista por ti…”. La verdad es que me emociona mucho.

Llevamos más de 25 años juntas y hemos tenido el privilegio de viajar y trabajar juntas. Quiero recordar aquí la anécdota que vivimos en Camboya, donde fuimos a grabar un documental sobre las minas antipersonas. Después de una larga jornada de trabajo, cuando estábamos reunidos para la comida, con parte de los componentes del Servicio Jesuita a Refugiados, Joaquí Salord, comentó: “Quiero que sepas, Carmen, que te admiro profundamente y que cuando era un joven estudiante vi todos tus programas de “Los Marginados”, que tengo grabados. Supongo que esto te lo habrá dicho mucha gente, pero para mí no sólo se trata de admiración sino de algo todavía más profundo: Tus programas me hicieron sentir en aquel entonces, cuando todavía era estudiante de arquitectura, que quería dedicar mi vida al Tercer Mundo. Te debo mi vocación misionera”

Esto te emocionó. A Joaquí y a Kike Figaredo, que también estaba presente, les sorprendió y  en un aparte me preguntaron el porqué de tu emoción y les dije que eras agnóstica. Entonces fueron ellos los sorprendidos y me preguntaron por tus motivaciones profundas  para llevar tantos años por el mundo reflejando la vida de los marginados: mujeres, niños, enfermos, refugiados,  perseguidos y excluidos de la sociedad en general. Yo les contesté lo que me dijiste al poco de conocernos, cuando te hice esa misma pregunta: “Ella dice que es por la Revolución”.

Carmen Sarmiento, amiga, compañera de camino y de vida. Gracias por tanta lucha y por todo lo que nos has dado: seguimos trabajando, tú por la Revolución y yo por el Reino aquí y ahora, ¿será lo mismo?

Autoría

  • Charo Mármol

    Nací hace ya mucho tiempo en la huerta murciana. Cuando apenas daba los primeros pasos me trajeron a Madrid y aquí se ha desarrollado toda mi vida, personal, académica y profesional. Hoy estoy felizmente jubilada y jubilosa. Gracias a mi profesión, comunicadora, he tenido la oportunidad de viajar bastante: América, África, Asia, Europa… he conocido distintas culturas, distintas realidades… y según iba aumentando mi conocimiento, iban cayendo mis seguridades, esas que cuando eres más joven te hacen creer que son inamovibles y las únicas verdaderas. He visto de primera mano las injusticias, las desigualdades… por tener distinto color de piel, distinta opción sexual, por ser pobre y sobre todo por ser mujer. A lo largo de mis ya muchos años me he encontrado con mucha gente buena que trabaja por otro mundo posible y distinto. A ellas y ellos uno mi voz y mi trabajo, en la iglesia y en la sociedad, antes y ahora. Hasta que el cuerpo aguante.

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