Ollas comunes en Lima, solidaridad en la comunidad

Cuando aparece una crisis, surgen respuestas para hacerles frente. Las ollas comunes, de larga tradición en varios países Latinoamericanos, se han reactivado en estos tiempos de pandemia. Son organizaciones populares autogestionadas que no sólo mejoran la alimentación de poblaciones vulnerables, sino que, como señala la autora, construyen ciudades mejores.

Por Marycielo Palomino

En medio de la crisis sanitaria producida por la pandemia del COVID-19, la organización comunitaria en las zonas periféricas de Lima ha sido la principal responsable de paliar el hambre para miles de familias. Las ollas comunes son esa “organización espontánea que surge en base a las necesidades que tiene una comunidad dentro de un contexto donde hay alimentación precaria, crisis, conflicto”, define Gianina Meléndez, integrante del colectivo Manos a la Olla.

La organización comunal de Lima ha sido clave para alimentar a la población. Foto: Municipalidad Metropolitana de Lima

Según la Municipalidad Metropolitana de Lima, para finales de enero del 2021 se contabilizaban aproximadamente 1.300 ollas comunes activas, distribuidas en la mayoría de distritos de la capital. Se calcula que, como producto de la pandemia, hubo un incremento en la creación de ollas comunes en las zonas más vulnerables. 

Esta forma de organización social no solo se ha reactivado para contrarrestar el hambre en general, sino que apunta a los más vulnerables del núcleo familiar; de tal manera que son los niños y ancianos, en su mayoría, los beneficiarios de estas ollas comunes. Además, quienes lideran la organización de estas ollas son en su mayoría mujeres, madres de familia, cuyo objetivo principal es beneficiar no solo a su familia, sino a la comunidad a la que pertenecen. ¿Y sobre qué cimientos funcionan las ollas comunes?

Quienes lideran la organización de las ollas son sobre todo mujeres, cuyo objetivo es beneficiar no solo a su familia, sino a la comunidad.

Una característica que atraviesa este tipo de organizaciones comunitarias es la SOLIDARIDAD. Y es que no se puede desligar el sentido de comunidad y los lazos de vecindad para que estas ollas funcionen. Como dice Francisco, “para salir de esta crisis, tenemos que hacerlo juntos”. 

En Lima hay más de 1.300 ollas comunes activas. Foto: SaludConLupa

El trabajo de las ollas comunes “nos hace repensar y recordar que somos seres comunitarios, colectivos, pero que en la vida urbana se ha ido perdiendo eso, prima el individualismo. Este tipo de organización social ha sido el soporte para que ciudadanos y ciudadanas puedan sobrevivir en medio de esta situación crítica”, producto de la pandemia mundial, señala Gianina Meléndez.

La organización barrial, como la de las Ollas comunes, es ejemplo concreto del reconectarnos con el otro, mirarnos y extender la mano en esta distancia. Esta es la esencia de las ollas comunes: el beneficio equitativo y grupal de una comunidad, invisibilizada por el Estado, pero que se levanta para seguir construyendo ciudades mejores.

Puedes apoyar a alguna de las ollas comunes ubicadas en Lima Metropolitana a través de este link.

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