Cáritas constata el fuerte aumento de personas que demandan ayuda por la pandemia

Los devastadores efectos socioeconómicos y mentales de la pandemia sobre las personas y colectivos más vulnerables quedan fielmente retratados en la Memoria anual 2020 de Cáritas Española, presentada recientemente, junto con el informe Del tsunami al mar de fondo: salud mental y protección social, elaborado a partir de datos de las personas acompañadas por las 70 Cáritas Diocesanas.

En su intervención para exponer las claves del estudio Raúl Flores, Coordinador del Área de Estudios de Cáritas Española, aseguró que «la COVID-19 ha sido como una ola gigante, un tsunami que ha pasado por encima de toda la sociedad», pero que, una vez más, ha perjudicado especialmente a las familias más vulnerables.

El informe Del tsunami al mar de fondo evidencia los importantes efectos laborales, económicos, educativos, relacionales y de salud que están soportando las capas sociales más vulnerables. El foco se dirige, especialmente, al impacto sobre el acceso al empleo, los ingresos, la vivienda y la salud de las familias en situación más débil.

Con relación al empleo, se observa cómo la tasa de paro entre la población atendida por Cáritas es más del triple que en el conjunto de la población. De hecho, entre las personas de referencia de las familias acompañadas por Cáritas, sólo el 23% han logrado mantener su empleo durante todos estos meses. El 57% han entrado y salido del mercado laboral y, lo más preocupante para Cáritas, para el 20% la posibilidad de lograr un empleo siempre ha estado lejos. Eso supone que más de 95.000 personas, al margen de la situación y el contexto económico, nunca logran acceder a un empleo.

Un voluntario y una persona beneficiaria de los programas de Cáritas. Foto: Inma Cubillo

Otra realidad analizada es la de los ingresos dignos, una línea de flotación muy difícil de lograr para muchas familias. Según el informe, cerca del 21% del total de las acompañadas por Cáritas viven en hogares que en ninguno de los meses en los que han sido consultados, ni antes de la pandemia ni a lo largo de la misma, han conseguido unos ingresos que les permitiera salir de situaciones de pobreza.

Por otro lado, alrededor del 14% viven en hogares que antes de la crisis no vivían en situación de pobreza y ahora sí. Se trata de un grupo que puede ser definido como uno de los grandes perdedores de esta crisis: las familias que han perdido sus ingresos y se encuentran ante el abismo de la pobreza.

La vivienda es otro de los grandes problemas agudizados. Desde que comenzó esta crisis, una de cada cinco familias atendidas por Cáritas ha cambiado de vivienda, un 50% porque no podían seguir pagando en la que residían. Es preocupante que, a pesar de los esfuerzos económicos que realizan, aún haya más de 220.000 familias (45,8% de las atendidas por Cáritas) que no pueden hacer frente a los gastos de suministros básicos de agua, energía o internet.

El informe analiza, además, la importancia de otras dimensiones radicalmente importantes para la vida y para el bienestar que tienen que ver con las percepciones, las preocupaciones, la salud mental y las redes de apoyo.

Tras 15 meses soportando unas condiciones vitales que han impactado en la salud mental de toda la población, casi la mitad de la población vulnerable se ha sentido estresada, preocupada y sin control sobre sus preocupaciones, triste y deprimida. La mitad de la población en situación de exclusión tiene miedo a perder su trabajo y tres de cada cuatro familias temen perder o ver mermados sus ingresos.

Asimismo, desde que comenzó la pandemia el 40% de las personas vulnerables han sufrido uno o más ataques de ansiedad o pánico, 2,5 veces más que en la población general, y sus niveles de estrés, preocupación y tristeza se duplican respecto al conjunto de la población en España. La pobreza, por tanto, no solo impacta en las condiciones de vida materiales, sino también en la salud integral y en el bienestar emocional.

Cáritas cuida la vida y promueve la dignidad de las personas. Foto: Cáritas Segovia

Un elemento importante para paliar las situaciones de pobreza económica o de pérdida de salud mental son las redes de apoyo, tanto materiales como emocionales. Para la población atendida por Cáritas, esas redes relacionales cada vez tienen menor capacidad de ayuda: el 14% de la población atendida por Cáritas no cuentan con ningún tipo de apoyo ni para su soporte emocional o de cuidado, ni en la esfera más material (préstamo de dinero o apoyo en la búsqueda de empleo), ni en el asesoramiento a la hora de realizar trámites o gestiones. Este porcentaje se duplica, alcanzado casi el 28%, para quienes sufren situaciones de pobreza económica.

«Se habla de vuelta a la normalidad —señala Flores— pero quizá debamos empezar por re-pensar esa normalidad y plantear que tenemos delante es una oportunidad de crear un escenario diferente, de construir una normalidad que difiera en algunos puntos sustanciales de lo que conocíamos y en la que los derechos humanos sean garantizados de forma eficaz para todas las personas».

Para ello, “es necesario que las políticas sociales sean integrales, que pongan en el centro de a las personas y sus derechos” y que garanticen el derecho a un trabajo digno; el derecho a la vivienda, la energía y al agua; el derecho a un sistema de garantía de rentas que proteja verdaderamente a las personas vulnerables, el derecho de acceso a lo digital y el derecho a la salud mental, con especial atención a quienes más han sufrido esta crisis. Esto último, según Cáritas, pasa por «el cuidado mutuo y el aprendizaje de que la salud mental no es solo individual, sino social».

Más de 386 millones de inversión las personas vulnerables

Según los datos aportados por Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas Española, en el último año la institución ha invertido 386.7 millones de euros dentro de España y en acciones de cooperación internacional en terceros países.

Este importante esfuerzo económico (unos 50 millones más que en 2019) ha sido posible gracias al generoso apoyo de miles de socios, donantes y colaboradores privados, que han aportado más de 273 millones. Junto a ello, destaca también el esfuerzo de las distintas Administraciones públicas durante la pandemia, que aportaron a los programas de Cáritas un total de 113.5 millones de euros.

La procedencia de estos recursos económicos mantiene la misma tendencia de los años precedentes, dentro de una horquilla que se mantiene entre un 70-71% de fondos privados y un 29-30% de subvenciones públicas. De cada 100 euros invertidos en acciones de lucha contra la pobreza, únicamente se han destinado a gastos de gestión 6,4 euros.

La Memoria recoge también los datos de quienes están detrás de toda esta actividad confederal, sostenida gracias a 81.182 personas voluntarias y a 5.324 trabajadores contratados.En total, Cáritas Española apoyó en 2020 a 2.856.986 personas (2,4 millones en 2019). De ellas, 1.769.799 dentro de España y 1.087.187 en proyectos de cooperación internacional. La gran mayoría de las personas atendidas en España lo fueron a través de los programas de Acogida y asistencia (1.425.991 personas, el 80,6% del total).

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