La iglesia en silencio

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Foto. Cruz Roja EspañolaA finales de noviembre leí la noticia de que el arzobispo de Madrid, Rouco Varela, había inaugurado una nueva iglesia parroquial en Madrid un poco peculiar: estaba dedicada a personas sordas, con lo que en este templo el silencio sería predominante.

Ubicada en la calle Raimundo Fernández Villaverde nº 18, tiene como titular a Santa María del Silencio, realizando también funciones de parroquia. Realmente se trata de un cambio de ubicación, pues antes se situaba en la calle Bravo Murillo, pero con esta mudanza mejorarán las condiciones del templo y sus instalaciones. Sin duda, nos felicitamos por esta nueva inauguración con un lugar de características especiales para este colectivo de feligreses.

Mirando más allá…, ¿es esta una buena medida por parte de la Iglesia? Existe igualmente una pastoral específica de personas sordas que se promueve desde la Conferencia Episcopal y todas estas medidas se engloban en esa creación concreta de medidas especiales para estas personas porque, debido a sus problemas y dificultades en la comunicación, es necesario ajustar mecanismos especiales para su mejor integración.

Dan un poco de recelo estas medidas por tener el peligro de crear guetos sin darnos cuenta, porque también puede pensar la feligresía oyente que, si va a una celebración a esa iglesia, se le pudiera excluir al no entender nada en lenguaje de signos o sentirse diferente. Esta situación no se producirá nunca, pues se hacen simultáneamente todas las oraciones y expresiones tanto para unas personas como para otras. El problema viene al pensar que, si una persona sorda vive muy lejos de esta iglesia, ¿tiene que recorrerse grandes distancias para asistir a misa?

Es necesario optar porque todas las iglesias se puedan adaptar y, aunque no sea barato y se piense: para sólo estas dos personas sordas que vienen a la iglesia, ¿es rentable realizar el esfuerzo?
Ante eso, siempre hay que tener creatividad en la adopción de medidas, pues la tecnología ayuda mucho en ello. Colocar un bucle magnético en la puerta, como tiene Santa María del Silencio, sería ideal, pues a través de este nuevo aparato las personas sordas que llevan colocado un transmisor conectan con él y les llega toda la información sonora directa sin interferencias ni ruido. Pero otras soluciones más discretas ayudan también mucho tanto a los feligreses y feligresas en general como a las personas sordas. Colocar una pantalla o sábana grande para proyectar en ella la letra de las lecturas, las canciones, homilía, plegarias, etc. es muy sencillo; ayudará mucho y, si no se quiere o no se puede proyectar, se puede elaborar una hoja con la información básica, que a muchos participantes les servirá de apoyo.

Son medidas para paliar las barreras de comunicación pero, ¿no tienen igualmente otras barreras el resto de discapacidades?
Evidentemente sí y, por razones obvias, es preciso señalar abiertamente que exista una pastoral de personas sordas específica, cuando sería más preciso dedicar una pastoral -que no existe- a la discapacidad en general y, dentro de ella, en áreas concretas por cada discapacidad para cada peculiaridad dentro de este mundo.

Así, las personas con movilidad reducida deben de tener su espacio reservado pero, ante todo, poder entrar, ya que en algunos templos todavía no se puede y esos grandes escalones limitan mucho poder entrar con sillas de ruedas en iglesias. Ocurre igual con las personas ciegas para poder ubicarse en los templos si van solos y el acceso a las lecturas y cantos en sistema braille o sonoro. Por último, la discapacidad intelectual, pudiéndose adaptar en ocasiones las lecturas a la “lectura fácil”, que es un nuevo método que se emplea al escribir con frases cortas, vocablos legibles, frases directas, etc., para que este tipo de personas puedan entender mejor las celebraciones.
Se puede comprobar con pocos ejemplos esta necesidad de una pastoral de la discapacidad, en la que se aplique a cada tipo de persona con su discapacidad las medidas pertinentes para su inclusión en la Iglesia, para que se pueda decir que, entonces, sí: nuestra Iglesia acoge a sus hermanos y hermanas tal como son y sin necesidad de que Dios medie con un milagro y ya con salud, es cuando pueda integrarse como un hermano o hermana más y no antes.

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