Nos la estamos jugando

Las abejas son fundamentales para el mantenimiento de la biodiversidad. Si no se lo cuento, seguramente no se darían cuenta, pero es cierto y un poco preocupante. Aunque no me gusta comenzar de esta manera, permítanme que lo haga como excepción, porque nos la estamos jugando.

Las abejas, esos insectos que revolotean de flor en flor en busca de néctar para después llevarlo a la colmena y fabricar la miel que elaboran de forma paciente, están desapareciendo a millones. Debido a su alta población, es difícil percibirlo.

Estudios recientes informan de una pérdida de hasta un 40% en la apicultura norteamericana y europea. Se preguntarán cuál es el motivo. Nada más y nada menos que los pesticidas, en concreto los producidos por dos gigantes químicos como son Bayer y Sygenta. Parecen inofensivos, pero pueden tener consecuencias destructivas.

Podemos pensar de forma sencilla: si no hay abejas, no hay miel y al que no le guste, pues ni le preocupa, pero no seamos simples. Las abejas se encargan de polinizar los cultivos y plantas. Si esto no sucede, muchas de nuestras frutas, verduras y frutos secos irán desapareciendo con el paso del tiempo. Planteado así, la cuestión se pone seria, entre otras cosas porque nos afecta a todos, por mucha comida prefabricada que exista a estas alturas.

Hoy no les voy a hablar del tema de las farmacéuticas ni de los pesticidas, me centraré en otra cuestión: las propiedades de la miel, que para tantas cosas es útil y necesaria.

Descubierta desde tiempos remotos -y además de utilizarse en la mayoría de los casos como edulcorante- también tiene otras cualidades: es dietética, tonificante, antiséptica, laxante, diurética y calmante.

Por todo el mundo es sabido que alivia la garganta y la faringe cuando están irritadas. ¿Quién no ha oído a su madre decirle: “Tómate un poco de leche con miel para esa tos”? Aunque poca gente lo sabe, excepto aquellas personas que recurren a la medicina natural, ayuda a cicatrizar las heridas. En las farmacias, al lado de los antibióticos, deberían de poner un tarrito de miel, al menos para que podamos elegir, ya que cumplen las mismas funciones, además de la antiséptica, con la diferencia de que es más saludable para el organismo. Que tiemblen algunas compañías de edulcorantes el día que la sociedad deje de consumirlos para sustituirlos por el dorado alimento que ayuda a reponerse cuando nos sentimos fatigados. Entonces los deportistas dejarán de llevar la publicidad de las marcas conocidas y la sustituirán por la de algún apicultor de la zona. Alégrense los que toman alguna copa de más, porque, además, ayuda a eliminar hasta un 35% del alcohol. El hígado también se alegra sabiendo que se siente protegido. Pruebe a cambiar la caja de antiinflamatorios y añadir una cucharadita de miel en su dieta, sin duda que notará la mejoría, además de favorecer las digestiones.

Supongo que a Sansón, que era un “tío cachas”, le sentaba bien. Se comió la miel de un enjambre cuando bajaba a Timná después de haber ligado allí una temporada antes de casarse con una de las hijas de los filisteos que le había encandilado. Si Sansón se cuidaba por dentro y por fuera y se alimentaba de lo divino y lo humano, además de con algún “pelotazo” de miel de vez en cuando, por algo sería. Habrá que dar gracias y velar por las abejas, pues son un ejemplo de trabajo callado y bien hecho, como las cosas del Reino. Que nos aguijoneen si no las defendemos poniendo el grito en el cielo y en la tierra, al menos para no caer en la tentación de la indiferencia, porque nos la estamos jugando.

jukaprieto@hotmail.com

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