Teología femenina-feminista: pinceladas para la historia

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La corriente de vida que generó el Vaticano II, tras su clausura en 1965, despertó en muchas mujeres el deseo de adquirir una formación teológica. En un primer momento se contentaron con asistir a “Cursos para seglares”, porque se crearon muchos centros y el acceso era más fácil que en las Facultades de Teología. En un segundo momento, mujeres laicas, movidas, movidas por una sed de Dios, por el deseo de saber más y por una búsqueda incansable, se lanzaron a hacer la licenciatura y el doctorado en Teología.
Con el acceso a los estudios superiores, aparentemente se había derribado una barrera, pero muchas mujeres se sintieron decepcionadas porque, a través de los estudios de Teología, constataron otra forma de “invisibilidad de las mujeres”. Estaban presentes en las aulas, como alumnas, pero estaban ausentes entre el profesorado, en los contenidos que se impartían, en las listas de bibliografía que recibían, en la perspectiva desde la que se ofrecía la reflexión, etc. Uno de los ejemplos más evidentes fue silenciar a las beguinas durante muchos años, al explicar la Historia de la Espiritualidad.

Muchas mujeres se dieron cuenta de que había que pagar “un alto precio” al estudiar Teología, porque lo que empezaron siendo anécdotas, pronto se convirtieron en experiencias dolorosas. Así nació la necesidad de juntarse, crear redes, investigar juntas, compartir sentimientos y descubrimientos y apoyarse mutuamente. Conectaron muy bien con la teología feminista, porque su punto de partida es el dolor de las mujeres, su descontento. Descubrieron que la teología feminista les proporcionaba herramientas y metodología para su quehacer teológico, por eso merecía la pena profundizar en esta corriente.
Desde diversos grupos y perspectivas se fue trabajando en las dos dimensiones de la teología feminista: la protesta y la propuesta. La protesta ha llevado a los diferentes colectivos a denunciar situaciones injustas, firmar manifiestos, salir a la calle, etc.

Otras mujeres, desde entonces hasta ahora, han estudiado teología, pero sin salirse de los “cánones”, esquemas y metodología que ofrecían y ofrecen buena parte de los profesores varones.

Pero el 21 de noviembre de 1995 la CEE publicó los “Criterios para la planificación de facultades teológicas y centros vinculados a ellas”. A partir de ese momento los centros afiliados quedaban destinados al sacerdocio y las mujeres laicas tendrían que estudiar en las facultades. Muchas mujeres tenían cargas familiares ineludibles, por motivo de trabajo no podían trasladarse a una localidad que tuviera facultad y las becas para estos estudios eran casi inexistentes. Unas mujeres se desanimaron y otras dejaron sus estudios sin acabar.

Por parte de la jerarquía de la Iglesia fue una manera sutil de desviar a hombres y mujeres laicos hacia estudios de teología minor (Ciencias Religiosas, estudios a distancia, etc.) con los que nunca podrían acceder a la docencia en una Facultad de Teología.

Pero la ruah también estaba actuando por esas fechas, y tenemos constancia de ello. En noviembre de 1986, año de gracia para la teología feminista, nacieron en España tres grupos, complementarios en sus objetivos: el Foro de Estudios sobre la Mujer (FEM), el Col•lectiu de dones en l’Esglesia y el grupo Mujeres y Teología de Madrid. Los tres celebran su 25º Aniversario el año que viene, un auténtico jubileo para la teología en femenino. Junto con otros grupos y colectivos que han nacido posteriormente, han cubierto un amplio espectro en la manera de situarse en el ámbito de la teología femenina/feminista, y están dejando una huella imborrable en su historia.

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