Medios de comunicación en crisis: oportunidades para el desarrollo humano

informe1-3.jpgUna gran crisis ha llegado también a los medios de comunicación. Se venía venir y se ha agudizado en paralelo a las crisis económica, climática y alimentaria. Y, como en todos los demás casos, trae consigo nuevas oportunidades.

La crisis afecta de manera singular a las televisiones, pero sobre todo a la prensa escrita. El futuro de los diarios impresos en papel es incierto. Abundan quienes dicen que desaparecerán en plazo de entre 5 y 10 años. En Norteamérica y Europa pierden cada año un 7 por ciento de lectores adultos y no ganan lectores jóvenes que buscan su información en Internet. Pero eso no sucede en Japón, India y China, e incluso en América Latina donde los diarios impresos parecen estar creciendo en tiradas y difusión.

La crisis mediática es enorme, tiene causas múltiples y efectos económicos y sociales muy fuertes. Los grandes grupos de comunicación están muy endeudados, acuden a hipotecar sus patrimonios y a pedir créditos y ayudas oficiales, o son comprados por otros grupos o magnates. Se están destruyendo miles de empleos.

Grandes títulos de la Historia del Periodismo, tales como Chicago Tribune, Washington Post, o New York Times se encuentran en peligro. Durante el año 2008 la tirada de los 507 periodicos diarios que hay en EEUU bajó casi un 5 %. Los ingresos publicitarios cayeron un 18%. El año pasado la prensa estadounidense despidió o invitó a la jubilación a 15.400 trabajadores.

En España los grandes grupos mediáticos arrastran grandes deudas. La más aparatosa, superior ya en el mes de mayo a los 5.000 millones de euros, es la de PRISA, derivada sobre todo de los pésimos resultados del fracasado Canal Satélite Digital, de pago, y de la productora Sogecable. Pero la crisis toca también a El Mundo cuyo grupo arrastraba en la misma fecha una deuda de 2.000 millones de euros y, en menor medida a otros multimedia. En los últimos meses de 2008 y primeros de 2009 se han producido despidos y expedientes de regulación en nuestro país que han afectado a algo más de 5.000 trabajadoras y trabajadores de medios de comunicación.

TRES CAUSAS PRINCIPALES

A primera vista, y para todos los medios, hay una importante reducción de ingresos, porque la inversión publicitaria ha caído. Y eso es así, porque en tiempos de crisis, lo primero que suelen recortar las empresas es la publicidad. Los periódicos se han hecho más magros, e incluso, para salvar las apariencias regalan publicidad gratuita a algunas ONG y causas sociales.

Hay otro motivo, que va más allá de la disminución de ingresos. Es la irrupción de las nuevas tecnologías. La extensión de Internet y los terminales multimedia, la implantación y multiplicación de canales temáticos de la televisión digital terrestre con el apagón analógico que llega, han puesto en severa crisis sobre todo a los periódicos diarios impresos y a la televisión generalista. Los medios tienen que reencontrar su espacio, su audiencia, su modo de financiación, sus nuevos soportes gráficos y literarios.

Pero hay una razón más profunda. Los medios de comunicación han ido perdiendo crédito, porque han perdido su función crítica, su pluralismo, su defensa del interés público.

Manuel Vazquez Montalbán, periodista y escritor, fallecido en 2003, hacía una lectura crítica del papel que juegan los medios, que no ha perdido actualidad:

“Los medios de comunicación son un elemento fundamental de nuestras sociedades actuales. Han jugado un papel de importancia en el desarrollo de la democracia moderna y han evolucionado hasta convertirse precisamente en un medio para neutralizarla. ¿Por qué los medios son más un instrumento de control de la opinión pública que un espacio para la información plural? En este sistema en que vivimos, dominado por los poderes económicos, los medios sirven para conseguir que los intereses económicos aparezcan como el “bien común” y para convertir la comunicación en consumo. Los medios se dedican más bien a entretener que a informar, llegan al público por la seducción y no por la reflexión y hacen eslóganes y, por tanto, no reflejan la realidad, sino que construyen una realidad interesada, un espectáculo”.

La actual crisis plantea, con más severidad, los grandes interrogantes, que siempre han estado ahí:

¿De quién son los medios?, ¿para qué sirven los medios?, ¿a quién sirven?, ¿va a haber periodistas en el futuro?, ¿cuál va a ser la función de los periodistas? Las nuevas tecnologías ¿abren oportunidades de mayor democracia y desarrollo?, ¿se van a beneficiar de ellas los pobres de la tierra?

informe2-3.jpgCOMUNICACIÓN Y DESARROLLO HUMANO

Vivimos en un mundo crecientemente intercomunicado. Las nuevas tecnologías han convertido la comunicación, en tiempo real, en una actividad de primer orden y en un instrumento imprescindible de trabajo y gestión.

Pero la comunicación no es sólo una herramienta útil, sino también una componente y un objetivo de nuestro desarrollo personal y comunitario.

Los avances técnicos y la comunicación instantánea abren oportunidades de crear un mundo más justo y equitativo, porque ayudan a socializar saberes y experiencias, invitan a configurar valores compartidos e impulsan a construir una ciudadanía planetaria.

Nadie duda ya de que, en el desarrollo de personas y pueblos, la comunicación es, ante todo, un derecho. Un doble derecho: a disponer de buena información sobre lo que sucede, y a poder participar en la vida social expresando la propia opinión.

Las nuevas tecnologías de comunicación son una gran oportunidad para el desarrollo. Las personas y los países pobres de la tierra lo sienten así. Según Abi Jagun, una mujer de Nigeria, investigadora de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones: “En los países occidentales las familias gastan el 3% de sus ingresos disponibles en comunicaciones. En África gastan el 15 %. Y la gente va a pagar más y más, por acceder a información y por poder usar herramientas de comunicación”

La comunicación ayuda a superar la línea de la pobreza y acercarse a la línea de la dignidad humana.

Sin embargo, la lógica de un sistema donde predomina el mercado ha hecho crecer la desigualdad y la exclusión que padecen millones de personas, también a la hora de comunicarse con sus semejantes.

LA BRECHA DIGITAL

En España, ahora mismo, hay más teléfonos móviles que habitantes. Pero hay que recordar que un 40 % de la población mundial, cerca de dos millones y medio de personas, jamás ha tenido en sus manos un teléfono, ni fijo ni móvil.

Al terminar el año 2008, más de la mitad de la población mundial, el 51 % ya utilizaba el teléfono móvil, y había un ordenador por cada 8 personas. En la Unión Europea el acceso a telefonía móvil era de un 124% (había 1,2 teléfonos por habitante), en América Latina era de un 55% y en África de un 16%. En la Unión Europea había acceso a Internet en el 60% de los hogares, en América Latina había Internet en el 24 % de los hogares, y en África en el 4,7%. Un deber de equidad es, sin duda, extender la cobertura, privilegiando fórmulas comunitarias, y contribuir a la alfabetización comunicativa y digital.

Internet es el nuevo referente. Es mucho más que un medio. No es un mero “nuevo soporte” de información, sino una red que “informa sobre la información” disponible. La red de redes ya supera a la prensa escrita como fuente de información en los EEUU, pero en Europa la televisión ya no es el medio hegemónico: los más jóvenes pasan más tiempo en Internet que viendo la televisión. Hay una aceleración incesante del flujo de información y una competencia sin límites. Las redacciones “on line” trabajan sin pausa las 24 horas del día y todos los días. Pero cada vez visitan menos la calle. Lo virtual domina sobre lo físico “real”. Muchas páginas se configuran sin que intervengan periodistas. Hay rastreadores de información que mediante “algoritmos” algebraicos renuevan constantemente las ediciones sin intervención directa de personas.

Internet abre grandes oportunidades y plantea nuevos desafíos éticos. La gran oportunidad es que cualquier persona o grupo pueda emitir información a muy bajo coste, lo que parece una ventaja democrática. Pero en Internet hay mucha basura y, a veces, los menores están indefensos ante ella. En todo caso, el tema clave es la fiabilidad de las fuentes. Crece el riesgo de invenciones sin confirmar, de sensacionalismo y de polémica en detrimento de la información y del rigor informativo.

A veces una “información” que no es veraz permanece colgada, sin firma ni fecha, durante largo tiempo, sin que nadie se responsabilice de ella, ni la retire. No debemos pensar que la información se nos da gratuitamente En Internet hay, y debe haber, como sucede en la información convencional, “cabeceras” que pueden ofrecer garantías de credibilidad y confiabilidad. Los grupos de comunicación de titularidad pública pueden y deben, como ha hecho la BBC, crear portales temáticos que garanticen un servicio público de calidad.

LIBERAR DEL MIEDO Y PARTICIPAR

Algunos rasgos contradictorios de la cultura que predomina en nuestro tiempo dificultan la comunicación. Somos cosmopolitas, pero nos refugiamos en identidades particulares. Apetecemos lo público y comunitario, pero nos debatimos en el ámbito privado de nuestro individualismo. Nuestras sociedades, cada vez más plurales e interculturales, comprueban lo trabajosa que resulta la búsqueda de la verdad común y de las soluciones consensuadas. El ritmo histórico se ha acelerado y percibimos un sucederse tan rápido de los acontecimientos que no encontramos tiempo para reflexionar sobre ellos. Vivimos instalados en la dictadura de un presente que no tiene memoria del pasado ni capacidad de prever el futuro. Necesitamos disponer de buena información, pero no nos ayudan a alcanzarla ni la sobresaturación de noticias, ni la proliferación de emisores que ofrecen datos no siempre verificados, ni la constante manipulación del poder económico y político.

“Habitamos en la comunidad del miedo” asegura el sociólogo Ulrich Beck. La sociedad contemporánea produce miedos y se recortan las libertades con el pretexto de la seguridad. La escritora y periodista Susana Rotker describe “la ciudadanía del miedo”: la gente se considera víctima en potencia, desconfía de sus semejantes, sobre todo de los diferentes, percibe la convivencia como una guerra no declarada, existe una afectividad pública de rabia y de bronca.

Pero no hay por qué aceptar esa realidad tal y como nos viene dada. Hay que liberar del miedo, hay que combatirlo. Una buena comunicación tiene la virtud de disminuir los conflictos Puede además proponer y narrar experiencias de una vida buena, de una ciudadanía que se construye también en el goce y que habita la ciudad disfrutándola.
En América Latina se han generalizado el Periodismo Cívico, por grupos de periodistas que se sienten concernidos y abordan temas con especial cuidado, y las Veedurías de Comunicación que, además de hacer seguimiento del tratamiento informativo de algunos asuntos, invitan a los Medios a asumir su responsabilidad para formar la cultura ciudadana y fomentar, de manera participativa, el desarrollo. Existen ya en Latinoamérica más de treinta Observatorios de Medios, promovidos desde ONGD y Universidades, especialmente interesados en el tratamiento informativo de temas como el Desarrollo o la Pobreza.
Comunicar es bastante más que informar. Es una actividad compleja que supone relacionarse, interesarse por el bien común, participar. La comunicación tiene dos tiempos: escucha y respuesta. En nuestro tiempo en que todo el mundo quiere decir lo suyo, hay que insistir mucho en que escuchar es preciso. Escuchar la realidad y escuchar a los seres humanos, es un compromiso ético. La apertura de la mente y del corazón es el primer paso para el dialogo y el entendimiento.

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