Las guerras de religiones en el monoteísmo

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Ataque de Israel en un barrio de Gaza, en la Operación Plomo Fundido entre 2008 y 2009.La Comisión Teológica Internacional ha elaborado un documento nuevo titulado Dios Trinidad, unidad de los hombres. El monoteísmo cristiano contra la violencia. El pasado 16 de enero se presentó la publicación de un documento que, tras un estudio llevado a cabo durante los últimos cinco años, desea hacer frente a las teorías que relacionan el monoteísmo con la violencia.

Desde 2009 hasta 2013 se ha preparado un informe cuya investigación ha sido presidida por Philippe Vallin, acompañado por una subcomisión de teólogos y miembros de la jerarquía católica. El fruto brotó el pasado 6 de diciembre de 2013, cuando el arzobispo Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, autorizó una publicación que, en el inicio de su investigación, tuvo dos preguntas iniciales: “¿De qué modo la teología católica puede confrontarse críticamente con la opinión cultural y política que establece una relación intrínseca entre monoteísmo y violencia? y ¿De qué manera la pureza religiosa de la fe en el único Dios puede ser reconocida como principio y fuente del amor entre los hombres?”.

El documento presenta la noción de monoteísmo como un concepto “demasiado genérico cuando se usa como punto clave para mostrar la equivalencia de las religiones históricas que confiesan la unicidad de Dios”, criticando a aquellos que postulan la violencia del monoteísmo y la tolerancia del politeísmo. Los teólogos que han participado en la elaboración tratan de ilustrar, “a partir de la verdad de Jesucristo, la relación entre revelación de Dios y humanismo no violento” y consideran que “las guerras interreligiosas, así como la guerra a la religión, son algo sencillamente absurdo”.

Asimismo, el estudio pone de relieve pasajes bíblicos “donde la revelación de Dios se encuentra envuelta en formas de violencia entre los hombres”. Y los interpreta a la luz de la exégesis histórico-crítica. La respuesta que el documento da a cualquier manifestación de violencia es la reconciliación de los seres humanos –oikonomia-, a través de la revelación de Jesucristo –theologia.

Para terminar, el estudio concluye haciendo una reflexión filosófico-teológica sobre las implicaciones de la fe de la revelación de Jesús, poniendo su broche final subrayando la importancia del compromiso del cristianismo para la reconciliación entre los seres humanos.

Desde alandar, a la luz de este documento, queremos plantear a los lectores y lectoras si las religiones monoteístas, incluida la cristiana, atesoran manifestaciones violentas. Y, si dicha hipótesis es verificada, queremos observar las causas y aportar las posibles soluciones. Debido a nuestro formato de investigación periodística y ambición divulgativa, este estudio es una mera aproximación a otro que se podría hacer con mayor profundidad desde el campo académico.

Manifestaciones religiosas violentas del pasado

La historia es testigo no solo de vestigios religiosos en algunos acontecimientos violentos. En algunas ocasiones, esta violencia ha sido provocada por el fenómeno religioso monoteísta. La cuantificación de estas muestras aleatorias lo demuestra, como puede verse en el cuadro siguiente (haz click para hacerlo más grande).
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Expresiones de religiosidad violenta en la actualidad

El 11 de septiembre de 2001 no fueron pocos los análisis que, desde distintos campos del saber, pronosticaron la herida aparentemente cicatrizada que se reabría: una crisis tanto cultural (entre el mundo árabe y occidental) como religiosa (cristianismo, islam y judaísmo). En base a la pregunta por la violencia de hoy -generada, entre otros motivos, por conductas religiosas- hemos elaborado una muestra. Con ella, hemos cuantificado hitos relevantes en la historia más próxima al momento actual, donde las religiones monoteístas están presentes, como puede verse en el cuadro siguiente (haz click para hacerlo más grande).
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Las raíces y soluciones del conflicto religioso

La mayor parte de las causas de los conflictos armados no son de naturaleza integralmente religiosa. En los conflictos bélicos mencionados anteriormente se ponen en juego factores políticos y económicos que arrinconan los motivos religiosos hacia un segundo plano. La lucha por territorios geográficos, la deuda histórica de las civilizaciones y la riña por recursos naturales como el petróleo, diamante, oro, caucho, bauxita, opio, heroína, uranio, gas, cacao o coltán son elementos primordiales en el guión de los actores del conflicto.

Entonces, ¿ha de ser el argumento religioso una excusa inaceptable y una motivación inicua para los agentes de los escenarios beligerantes? Por tanto, ¿los fundamentos de una religión monoteísta son elementos generadores, en sí mismos, de fanatismo? O, más bien, ¿es el polvo de las adherencias históricas lo que hace que una religión pacífica se torne en violenta?

En el judaísmo y cristianismo, exégetas que hacen uso del método histórico-crítico constatan que los relatos de acontecimientos violentos se escribieron siglos después de que acaeciesen y que el propio monoteísmo judío no impulsó la violencia en su contexto social. Los israelitas tomaron como ejemplo a otros imperios de religión politeísta y de diversos contextos geográficos (Mesopotamia, Asiria, Babilonia) y cronológicos (desde el siglo XX a.C hasta el siglo I d.C.) que practicaban la ley del más fuerte en el contexto político internacional.

En la historia del cristianismo se observan escamas de violencia a partir del Edicto de Tesalónica en el año 380. El Emperador Teodosio impuso el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano y comenzó a darse un maridaje entre Iglesia y Estado hasta 1965, cuando el Concilio Vaticano II rompió con dicha sinergia. Antes de ese momento, el cristianismo se impuso de tal manera imperativa que, en el escenario europeo, la zona griega abarcó la Roma oriental y el Imperio Bizantino; y la zona latina cubrió la Roma occidental y el Sacro Imperio Romano de Carlomagno.

En el islam, exégetas, teólogos y juristas advierten de que el fanatismo no encuentra una fuente directa en el Corán, donde el término árabe yihad no significa guerra santa, sino esfuerzo o lucha moral contra uno mismo en el camino hacia Alá (Sura 22:78; 61:11-12). A partir de los problemas que Mahoma se encontró en la Meca, solo se autoriza la guerra en caso de propia defensa (Sura 2:190-193; 9: 5,73).

Sería interesante realizar otro muestreo donde se investigase sobre las ocasiones en las que las religiones monoteístas han sido y siguen permaneciendo como germen de tolerancia y de paz. Hay una cantidad ingente de centros judíos, cristianos y musulmanes que intentan sembrar diálogo y cooperación entre diferentes comunidades. Y son más las webs que muestran el verdadero sentido y fundamento religioso del monoteísmo que las que hacen ruidos en pos del fanatismo.

Un ejemplo de lucha contra el fundamentalismo religioso hecho desde dentro es el del escritor tunecino Abdelwahab Meddeb. Con el fin de detener el fanatismo, en La enfermedad del Islam, este pensador propone que se tomen medidas en tres niveles, que podríamos extrapolar a toda trama religiosa, ya sea monoteísta o politeísta: tradición, derecho y educación. Tradición, despertando la conciencia crítica de los miembros de las religiones ante las sagradas escrituras y las adherencias históricas; derecho, haciendo la ley más humana y en sintonía con los signos de los tiempos actuales; y educación, eliminando de los currículos educativos y programas televisivos todos los elementos fundamentalistas que apunten al odio y a la discordia entre los seres humanos.

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