La operación “Pilar de Defensa”

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Fotos. Rusty Stewart“Las Fuerzas Aéreas de Israel han bombardeado a primera hora del martes tres puntos de la Franja de Gaza”. Así abría la jornada del 13 de noviembre de 2012 la agencia de noticias Europa Press. Aquellos bombardeos que podrían parecer “inofensivos” se convirtieron en un enfrentamiento de casi diez días que se saldó con varias víctimas, la mayoría civiles palestinos, del que la comunidad internacional se hizo eco.

Si bien es cierto que el ejército israelí cuenta con mucho más y mejor armamento que las fuerzas gazatíes, el fin de semana previo a dicho ataque una milicia palestina había lanzado un misil contra un vehículo israelí en el que al menos cuatro soldados resultaron heridos. ¿Fue realmente éste el detonante? Habría que hacerse una pregunta más concreta: ¿el detonante de qué? Porque es imposible simplificar hasta ese límite un enfrentamiento que lleva abierto desde 1948.

Desde 13 de noviembre, el Estado hebreo y la Franja de Gaza se vieron envueltos en ataques de ida y vuelta. Esa misma jornada, el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), que gobierna la Franja de Gaza, presentaba una queja ante la ONU por los ataques cometidos por Israel y, a pesar de que el día anterior las facciones palestinas se mostraban interesadas por alcanzar una tregua, dejaron muy claro que “actuarían en concordancia con la postura que mantenga Israel”, tal y como recogía Europa Press.

“Tomaremos las acciones necesarias para poner fin a esto. No es solo nuestro derecho, también es nuestro deber”, declaraba el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en una reunión celebrada con diplomáticos extranjeros y citado por el diario The Jerusalem Post.

Cada día, incluso cada hora, los medios informaban sobre cómo se estaban desarrollando los hechos entre Israel y el enclave palestino. Muertos, heridos, víctimas, daños materiales y, sobre todo, personales. Daños que no se podrán reparar nunca. El mismo día 14, el rotativo israelí Haaretz citaba a un portavoz del Ejército de Israel que subrayaba que, en caso de que fuese necesario, se realizaría “una operación terrestre en Gaza”.

Las fuerzas de seguridad y defensa no dejaron de repetir ante los medios que el objetivo de “Pilar de Defensa” no era otro que “debilitar la cadena de control y mando de la cúpula de Hamás, así como su infraestructura terrorista”, aunque eso significase cobrarse muchas vidas. A su vez, la organización palestina se mostró tajante y repitió que su derecho era defender a su población. Las horas parecían días; los días, semanas y aquella semana, que vuelve a marcar un punto y aparte en la historia de Palestina y de Israel, parecía no tener fin y se asemejaba a un año. Un año largo, duro, difícil y cruento.

Al tiempo que el enfrentamiento se iba haciendo cada vez mayor, las reacciones de la comunidad internacional no tardaron en llegar. El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, fue uno de los altos cargos que más se involucraron en dicho enfrentamiento e intentó, a su manera, alcanzar una solución y poder así detener la escalada de violencia. La presidencia egipcia aseguró ser una mediadora entre las partes implicadas y así poder impedir nuevos ataques. Tras esas palabras, los ataques continuaron extendiéndose, ya que Israel rompió esa tregua implícita al provocarle la muerte al jefe del brazo armado de Hamás, las Brigadas al Qassam, Ahmed Jabari, el 15 de noviembre.

Ese mismo día los medios informaban de que el primer ministro de la Franja de Gaza, Ismail Haniyeh, había pedido ayuda a los Hermanos Musulmanes de Egipto –organización política islamista que busca implementar la sharia -o ley islámica- en Egipto– para derrocar al “enemigo”.
Fotos. Rusty Stewart
Otras de las respuestas relevantes ante lo que estaba sucediendo en Oriente Próximo fue la del líder del partido chií libanés Hezbolá, Sayyed Hassan Nasralá, quien instó a todos los “vecinos” árabes a que empleasen todas las medidas que tuvieran a su alcance para obligar a Israel a poner fin los bombardeos sobre la Franja de Gaza.

Sí, la mayoría de la comunidad internacional mostró su apoyo al Estado palestino pero, al final, el conflicto parecía ser de dos y daba la impresión de que nada ni nadie podía (o quería) “meter mano”.

El día 19 de noviembre las Fuerzas Armadas hebreas aseguraban que Israel había atacado 1.350 objetivos en la Franja de Gaza. El brazo armado de Hamás había disparado 848 cohetes contra territorio israelí desde el comienzo de la operación militar “Pilar de Defensa”. En el mismo periodo, pero de acuerdo con los datos de la agencia palestina Maan, “habían muerto 88 personas en la Franja de Gaza a causa de los ataques israelíes y tres personas en Israel a causa de cohetes palestinos”.

El mismo 19 de noviembre el fin de la operación, que no del conflicto histórico-político-religioso, no parecía estar muy cerca. Ese lunes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacaba que el número de personas a las que tenían que atender se había incrementado “de forma dramática” y, según las cifras que facilitó en aquel momento, había alrededor de 700 personas ingresadas, incluidos 252 niños y niñas.

Fuentes médicas resaltaron que dicha situación era “peor” que la que se vivió entre diciembre del año 2008 y enero de 2009 durante la “Operación Plomo Fundido”, en la que murieron cerca de 1.300 personas palestinas y catorce israelíes.

Asimismo, los talibán afganos condenaron el martes 20 de noviembre la “agresión” de Israel sobre la Franja al tiempo que ofrecieron su apoyo a la ciudadanía palestina. Sin embargo, también aprovecharon la ocasión para pedir a la población musulmana de todo el mundo que colabore para frenar la “ocupación” israelí. Fue oficialmente el miércoles 21 de noviembre cuando Israel y Hamás decidieron poner fin a las hostilidades mediante un alto el fuego que entró en vigor ese día a las 20:00h (hora española).

Contextualizar desde los orígenes

Fotos. Rusty Stewart

¿Por qué surgen tantos porqués en torno al problema palestino-israelí? ¿Puede ser por falta de información?, ¿por desinformación?, ¿por mala información? Es un tema largo; tanto, que hay que remontarse a 1948 para ponerle un punto de partida. Complejo, en donde hay muchos actores implicados a pesar de que son dos los protagonistas. Delicado, intenso y que, además, no tiene un único camino sino varias bifurcaciones que, en un momento dado, se entrecruzan.

En la actualidad, si se pregunta a la sociedad civil española el porqué del problema, las respuestas que se oirán mayoritariamente serán “por la soberanía de la Franja de Gaza y de Cisjordania”, “por los asentamientos israelíes” o “por la creación de un Estado palestino que pueda coexistir con Israel”, algo que aparentemente hoy en día no es posible ya que, a pesar de los tratados vigentes que mantiene el Gobierno israelí con algunos países para garantizar la paz entre ambos Estados, se ha demostrado en innumerables ocasiones que no se cumplen.

En diciembre de 1947, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó -por 33 votos a favor, trece en contra y diez abstenciones- el plan de partición de Palestina, que incluía la creación de un Estado árabe y otro judío, independientes entre sí. Esta decisión fue aceptada y recibida con júbilo por la población judía al tiempo que rechazada notoriamente por la palestina. Desde aquel momento estallaron los enfrentamientos.

¿Por qué ocurrió a mediados del siglo XX?, ¿por qué Reino Unido controlaba gran parte de Oriente Próximo?, ¿por qué era especialmente importante el Canal de Suez?, ¿por qué habría que hacer hincapié en la relevancia de las religiones de ambas partes? Muchos porqués.

El 14 de mayo de 1948, un sector de la población judía proclama el Estado de Israel y, acto seguido, comienza una guerra en la que varias potencias -como Siria, Egipto o Irak- atacan el nuevo Estado sionista, en lo que se denominó la “guerra de la Independencia”, que finalizó en 1949 con la victoria y posterior consolidación de Israel.

Tras esa primera guerra, vinieron muchas más con sus particularidades, con los conflictos geopolíticos correspondientes, las voces de los aliados, las bajas, los regueros de sangre y los intereses religiosos y estratégicos de fondo. La gran tela de araña no dejaba de crecer.

Llegó el año 1956 y con él la Guerra de Suez, en la que estuvo muy involucrado el entonces presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, a causa de la influencia de la revolución egipcia de unos pocos años antes. En ese momento, Nasser nacionalizó el Canal de Suez, lo que provocó un sentimiento de protesta homogéneo por parte de Reino Unido, Francia e Israel, que decidieron emprender acciones militares contra Egipto. En esa ocasión, el conflicto no se prolongó demasiado por el papel que jugaron las potencias norteamericana y soviética.

El enfrentamiento decisivo fue la Guerra de los Seis Días, en la que los israelíes obtuvieron una victoria apoteósica y lograron ocupar los territorios árabes del Sinaí y de Gaza, los cuales habían sido arrebatados a Egipto, Golán a Siria y Cisjordania a Jordania.

La lucha armada cesa hasta la Guerra del Yom Kippur de 1973, en la Península del Sinaí y los Altos del Golán principalmente. Esta guerra confirma a esta región como la principal zona de enfrentamiento en el mundo, haciendo depender de su suerte política el destino económico de los países industrializados importadores de petróleo. Asimismo, esta crisis representa el retroceso de la unión soviética en la región y el aumento de la influencia de Estados Unidos, así como el inicio de las negociaciones que llevan a resultados reales y a acuerdos entre Egipto e Israel.

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