“Hay un montón de causas por las que no puedo dar un paso atrás”

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Raúl Vera participó en septiembre en el Congreso de Teología en Madrid. Raúl Vera dirige en la actualidad la diócesis de Saltillo en Coahuila, tras haber pasado por San Cristóbal de las Casas, donde se dio a conocer al mundo como valedor del añorado Samuel Ruiz. Ahora su labor pastoral se centra en los y las migrantes, las víctimas del narco, los mineros olvidados de Pasta de Concho. A sus 68 años, este ingeniero químico convertido en dominico es un activo conferenciante, un animador constante de los movimientos sociales y un defensor insobornable de las víctimas de la injustica. Siempre un hombre sencillo y sonriente que bromea en cuanto tiene ocasión, como cuando dice que Latinoamérica, por fin, ha colado a uno de sus teólogos en el Vaticano.

La primera pregunta es obligada, aunque le venga persiguiendo desde su irrupción en el conflicto de Chiapas: ¿qué fue lo que ocurrió para que, después de haber sido enviado para “neutralizar” a don Samuel Ruíz, obispo de San Bartolomé de las Casas, se convirtiera en su más estrecho colaborador?

Jamás hubiera aceptado hacer un trabajo sucio contra don Samuel, no es cristiano. Había arreglado un problema terrible en una diócesis en la que había estado… Creían que tenía mano izquierda suficiente. Pensaban que Don Samuel era un obispo que había generado violencia, porque esa era la acusación que le hacían, haber ayudado al ejército zapatista, haber promovido expresamente la violencia. El gobierno mexicano, lo supe de boca del presidente de la República, esperaba que pusiera a don Samuel fuera de órbita. No dudo que hubiera gente dentro de la Iglesia, a niveles oficiales, que también creían firmemente que era un hombre violento. Lo que pasó en realidad fue que me di cuenta, muy pronto, de que la ira contra don Samuel y la diócesis se debía a que ya no controlaban a los indígenas, porque los había convertido en sujetos de la historia. Ni los políticos, ni los adinerados, ni los latifundistas podían ya hacer lo que habían hecho por años con el mundo indígena.

¿Por qué molestaba tanto la pastoral de don Samuel?

Don Samuel había convertido a los indígenas en sujetos y constructores de la Iglesia de San Cristóbal de las Casas y de su propia historia. Participó en todo el proceso del Concilio del Vaticano II y del episcopado latinoamericano en Medellín para convertir a los pobres y explotados en sujetos de su propia liberación, no de una liberación artificial, sino como personas conscientes de su plena dignidad. Eso hizo don Samuel. Los indígenas entendieron que su cultura maya y su idea de la administración de la Tierra y los recursos del mundo, fundamental para ellos, era correcta. La primera riqueza que logró don Samuel fue comunicarse en su lengua. Un día llegó un finquero, a pedir un servicio religioso en sus tierras. Don Samuel le preguntó a un indígena porque no hablaba con él, si hablaba en su lengua. Y le contestó: “No soy persona de razón, porque no hablo castellano”. Lo único que hizo don Samuel fue ayudar a los indígenas a entender que ser indígena, hablar su propia lengua, tener una concepción del mundo totalmente distinta del blanco no es ningún crimen. Para el indígena la tierra no es negociable, no es mercancía, es de todos. Ese fue el “crimen” de don Samuel: tratar al indígena de tal manera que entendiera que la Iglesia aceptaba con todas sus riquezas al indígena. Un día me dijo don Samuel: “Ya son sujetos, unos malos y otros buenos”.

Desde entonces, se ha convertido en una voz evangélica que denuncia proféticamente toda clase de injusticias y que se pone del lado de las personas más débiles…

Tuve que hacer una decisión muy firme en Chiapas. Hablar a favor de los pobres indígenas explotados era arriesgar la vida. Esa decisión ya no se puede echar para atrás. Cuando uno toma una decisión, tiene que aceptar cada día que puede morir, no puede deshacerse de eso. Hay una palabra muy fuerte de Jeremías: no tengas miedo, porque si tienes miedo te voy a meter más miedo. La confianza en Dios tiene que ver con la fe. En hebreo la raíz de fe es la misma que apoyarse en un muro que no se va a caer… Es lo que dijo Jesús: el que pone la mano en el arado y mira para atrás no sirve para el Reino de los Cielos. Cueste lo que cueste yo estoy con la justicia, la verdad, la dignidad del hombre… Uno no puede disminuir la intensidad de una decisión así. No digo que desprecie el miedo o que cuando vea la pistola que va a matar no vaya a sentir miedo, pero mientras voy caminando sé que no puedo echarme para atrás. Antes que eso, me quitaría mis insignias de obispo, dejaría de ser cristiano. Cuando uno toma esa decisión, empiezas a leer el Evangelio y siempre encuentras una palabra que te anima a seguir y que te recuerda tu papel. Ahora en Saltillo, es la gente que está matando el crimen organizado, la gente que tiene desaparecida a su gente, la gente que está migrando, los mineros que trabajan sin seguridad, también los indígenas con los que colaboro en el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, los hermanos de Guerrero… Tengo un montón de causas por las que no puedo dar un paso atrás… Jesús dijo: no me quitan la vida, la doy voluntariamente. Jesús sabía en qué callejón entraba y nos dijo aquello de la puerta estrecha, un camino tapizado de amenazas y contradicciones. El mal históricamente se hace presente de distintas maneras en el proceso de desarrollo humano. Jesús eso dice “estaré con el que cumple mi palabra”. Lo he vivido. Para mí eso es mucho mejor, que la cobardía, ver inerme lo que hacen contra mis hermanos… No lo resistiría… Perdería sentido mi vida, lo digo de corazón. Es más, no me serviría de nada, me sentiría un hipócrita…

¿Por dónde pasa el futuro de la Iglesia?

Hubo un tiempo en que la Iglesia tuvo mucho que ver con la aparición del sujeto universitario. Había otros entes cristianos que generaban sujetos. Desde mi punto de vista, pensando en toda la población, creo que hay que cambiar los paradigmas de la atención a las personas, ir a los lugares donde están, salir a la calle y dejar que los templos no sean ya los referentes. Desde este paradigma, podría pensarse en la sociedad civil, dejar los referentes físicos, los puntos de reunión y convertir la calle y otros espacios en referencia. En una comunidad hice una experiencia muy interesante. Estaba de visita pastoral y habían preparado una fiesta. El padre tenía su horario: misa, rosario… Celebramos la misa y el padre dijo que el rosario iba a ser a tal hora. Había muerto una chica y la gente había preparado una comida para los acompañantes… El padre me mostró su enfado porque a alguien se le había ocurrido celebrar una comida… Yo le dije: “Pues vámonos donde está la gente”. ¿Para qué nuestras estructuras? Fuimos para allá, acabamos la comida y después propusimos volver a la Iglesia a rezar el rosario y la gente se vino. Eso es lo que dice el documento de Santo Domingo, que dicen que es el más flojo del episcopado latinoamericano. Yo lo defiendo, porque formé parte de él y ayudé a elaborarlo. Luego lo dijo el Papa en Brasil… No es imposible, tenemos que estar más cerca de la gente.

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