Guatemala, entre las tinieblas y la luz

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Foto. Lon&Queta.El 11 de septiembre se celebraron elecciones generales en Guatemala. El resultado de los comicios le dio el primer lugar al general Otto Pérez Molina, del ultraderechista Partido Patriota (PP), con un 36’09 % de los votos. Éste es un militar señalado como genocida, formado en la Escuela de las Américas de Estados Unidos. Está señalado también como coautor intelectual del asesinato de monseñor Juan Gerardi. En el segundo lugar quedó Manuel Baldizón, del Partido Libertad Democrática Renovada (LIDER), un empresario marcadamente neoliberal y sindicado de tener lazos con el narcotráfico, quien obtuvo el 23,20 % de los votos. Ambos candidatos irán a una segunda vuelta el 6 de noviembre. Los dos abogan por la aplicación de la pena de muerte y una política de “mano dura”.

Gane quien gane en la segunda vuelta, la situación se contempla bastante crítica, porque ninguno de los dos candidatos ofrece alternativas serias que saquen al país de la pobreza y terminen con la inseguridad ciudadana. La política represiva de “mano dura” no es la solución. Al contrario, puede generar una espiral de violencia de incalculables consecuencias.

A los 15 años de la firma de la paz, el país parece optar nuevamente por la involución autoritaria, la militarización y la pena de muerte. Yo no encuentro otra explicación que la desesperación que el pueblo guatemalteco vive, ansiando que termine el azote de la violencia. Prefiere morir de hambre antes que por un tiro o degollado.

En la campaña electoral se han gastado en publicidad 480 millones de quetzales (casi 50 millones de euros), según Acción Ciudadana, de los cuales el PP gastó 126 millones de quetzales, el partido Unidad Nacional de la Esperanza, UNE (partido oficial) 82 millones y el partido LIDER 70 millones. Esta situación es considerada inmoral, teniendo en cuenta que Guatemala es un país en el que el 80% de la población vive en la pobreza.

Foto. UN Photo/John Olsson.La Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, fue candidata a la presidencia de la República por el Frente Amplio de Izquierda, quedando en un sexto lugar. Obtuvo tan solo un 3’27 % de los votos. ¿Qué elementos han influido para que haya obtenido tan escasos votos? Son tantos los elementos que, a mi juicio, los resumiría en la escasez de recursos económicos para la campaña, la dificultad estratégica para incidir y movilizar a las masas y, lamentablemente, también las confrontaciones y luchas de poder en el interior de las organizaciones sociales.

Para entender el proceso electoral habrá que asomarse a los grandes problemas que afectan al país:

El incremento de la violencia, que está alcanzando límites increíbles: un promedio de 17 asesinatos diarios. La violencia tiene raíces muy variadas, destacando el crimen organizado con sus distintas ramificaciones en el narcotráfico y la mafia. El 60 % del país está controlado por el narcotráfico, según el fiscal español Carlos Castresana (CICIG). Guatemala es hoy un narcoestado. A esto se suma la delincuencia juvenil, conocida bajo el fenómeno de las «maras». La mayoría de los jóvenes integrantes de las maras proceden de familias marginadas y muchas de ellas desintegradas, sin oportunidad de estudio ni de trabajo. A diario aparecen cadáveres acribillados a lo largo y ancho del país, sobre todo en el área metropolitana. Hay constantes asaltos y robos en las calles y en los buses. Según un informe de Prensa Libre, en los cinco primeros meses del año hubo 36.000 asaltos a buses, es decir, más de 200 asaltos diarios. Esto ha creado un clima de temor e inseguridad ciudadana, siendo el fenómeno que más preocupa a la población. Entre la violencia, destacan las amenazas, intimidaciones y asesinatos de líderes sociales y allanamientos de sedes de organizaciones de derechos humanos.

Esta situación es la que ha inclinado la balanza en las elecciones a favor del general Otto Pérez Molina, cuya bandera es la seguridad, mediante consignas de “mano dura” y la aplicación de la pena de muerte.

Las violaciones de los derechos humanos continúan porque las estructuras del terror que se consolidaron durante las dictaduras militares nunca fueron desmanteladas. Estos grupos paralelos tienen poder económico, político y militar y siguen operando impunemente. Asimismo, las estructuras del Estado siguen siendo débiles e ineficaces.

Foto. Erik Törner CC.El empobrecimiento de la gran mayoría de la población, en donde el 49 % padece desnutrición crónica. Las causas radican esencialmente en el modelo socioeconómico marcadamente neoliberal que privilegia los intereses de los empresarios y de las compañías multinacionales, sobre todo estadounidenses, canadienses y españolas, que caen como aves de rapiña para explotar los recursos naturales de este rico país.

El proyecto marcadamente neoliberal de los empresarios, se ha limitado a impulsar una inserción en la economía global basada en la exportación de productos primarios, la explotación transnacional de los recursos naturales (minería, petróleo, agua, agricultura…), la entrega de los servicios y la infraestructura al capital privado para megaproyectos; la concesión de privilegios al sector capitalista y al mantenimiento de una fuerza de trabajo barata. La economía de las clases populares se sostiene gracias a las remesas de los dos millones de emigrantes en los Estados Unidos (20 % de la población) y a la economía informal. Situación que se va agudizando debido al acelerado crecimiento demográfico.

La ineficiencia del sistema de justicia, que es arbitrario. Está condicionado por las presiones económicas y poderes paralelos. El 85% de la población considera que el sistema de justicia es el más sobornado. Impera la corrupción. Hay justicia para los poderosos y adinerados, en cambio las personas pobres quedan excluidas. Hay casos laborales en las fincas que llevan varios años sin avanzar, a pesar de que los trabajadores y trabajadoras llevan la razón.
Los pueblos indígenas han sido particularmente sometidos a niveles de discriminación, explotación e injusticia por su origen, cultura y lengua. En los juzgados no dan importancia a los mayas y al pueblo ladino pobre.

Según datos oficiales, de cada cien homicidios, 93 quedan en la impunidad y de las denuncias presentadas al Ministerio Público, sólo el 3% llega a sentencia. Esto parece deberse a la fuerte influencia que los poderes fácticos ejercen sobre el sistema de justicia.

La destrucción del medio ambiente. Guatemala es un país de alto riesgo debido a su contextura y ubicación geomorfológico, propenso a terremotos, huracanes y tormentas tropicales. El riesgo y los desastres se acentúan por la alarmante deforestación y la erosión de los suelos; por las basuras vertidas en caminos y barrancos, la contaminación de arroyos, ríos, lagos y costas marítimas con toda clase de residuos sólidos y líquidos y la contaminación de los mantos acuíferos por la explotación minera de oro y plata a cielo abierto.
Frente a estos problemas surge una luz de esperanza. Hay una creciente resistencia y lucha popular. Se percibe un lento, pero constante, crecimiento de las organizaciones sociales: campesinas, indígenas, mujeres, jóvenes, maestros, sindicatos y de resistencia a la explotación minera. Un común denominador de lucha popular es la resistencia a la explotación minera a cielo abierto, en el que un sector de la Iglesia -con monseñor Álvaro Ramazzini al frente- está comprometido.

Existen multitud de expresiones sociales, pero todavía falta más cohesión, articulación y voluntad de búsqueda de unidad de las distintas fuerzas sociales y políticas.
Postura de la Iglesia. La Iglesia ha tomado, a la luz del Evangelio y de la Enseñanza Social, una postura crítica frente a las políticas neoliberales, al lado de las personas más desfavorecidas. En este sentido son significativos los pronunciamientos y acompañamiento al pueblo por parte de la Conferencia Episcopal de Guatemala y de las Pastorales episcopales de la Tierra y Movilidad Humana.

Con respecto al proceso electoral, la Iglesia ve con preocupación el desarrollo del mismo y cómo algunos partidos han utilizado la situación de violencia que azota al país como arma para obtener votos. La Diócesis de San Marcos, la Conferencia de Religiosos de Guatemala (CONFREGUA), las Comunidades Eclesiales de Base, algunas Iglesias evangélicas y otras instancias cristianas publicaron folletos o emitieron comunicados de orientación para el electorado. En estos documentos se presenta un breve análisis de la realidad socioeconómica y política, se apunta hacia la Guatemala que queremos y se hace una llamada a construir un país diferente, fundado en la justicia social, la equidad, la igualdad de oportunidades, la solidaridad y, sobre todo, en los valores éticos y morales como pilares fundamentales para lograr la paz y la reconstrucción de la sociedad y del Estado.

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De la crisis a la esperanza: juicio ético de la crisis económica mundial

Fernando Bermúdez López, Editorial Sepha, Málaga 2010.

Fernando Bermúdez es autor del libro titulado De la crisis a la esperanza: juicio ético de la crisis global. El texto parte de un análisis del sistema económico neoliberal. A la luz de los principios éticos y cristianos, este sistema se presenta como inaceptable. La crisis nos ofrece la oportunidad de cambiar de rumbo y de modelo socioeconómico. No se trata de refundar el capitalismo sino de soñar nuevas alternativas que nos lleven a la construcción de un mundo más justo y humano y cuidadoso de la naturaleza. El autor también ha publicado otros títulos como Espiritualidad en un mundo globalizado: un desafío ético-profético y El arte de vivir, valores humanos para una nueva sociedad, publicados por las editoriales Mensajero y San Pablo respectivamente.

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Guatemala, algunos datos

La población de Guatemala es aproximadamente de 13 millones 300 mil personas. Un 51% de esta población es indígena y un 15% desciende de europeos. El español es el idioma oficial, aunque existen veintiún idiomas mayenses distintos, que son hablados en las áreas rurales y un idioma amerindio no-maya, el xinca, hablado en el sur-oriente del país. También existe un idioma afro-americano, el garífuna, hablado en la costa del Atlántico. Guatemala es el mayor exportador mundial de cardamomo, el quinto exportador de azúcar y el séptimo productor de café. El sector del turismo es el segundo generador de divisas para el país. Según datos de 2009, cerca de tres millones de guatemaltecos aún carecen de servicios públicos de agua potable y aproximadamente seis millones, de saneamiento. Las zonas rurales con mayor déficit de cobertura son aquellas con alta población indígena. Por otra parte, se estima que sólo el 15% del agua que se distribuye en el país puede considerarse potable y que sólo el 5% de los sistemas de alcantarillado existentes posee algún tipo de tratamiento del agua residual. Según datos de Unicef, el 12% de los niños y niñas guatemaltecas nacidas entre 2005 y 2009 estaban bajos de peso y entre los años 2003 y 2009 el 19% de los menores de cinco años tenían un déficit de peso moderado o severo.

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