Alandar tiene cuerda para rato

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Foto: José Luis CorretjéNuestra revista cambia de directora. Charo Mármol pasa el testigo, después de una década pilotando alandar, a Cristina Ruiz. Ambas, pese a la diferencia de edad, atesoran una intensa carrera profesional. Charo fue durante 12 años directora de Comunicación de Manos Unidas. Vinculada durante gran parte de su vida a la Institución Teresiana, también ha colaborado con el programa ‘Los Excluidos’ (TVE) que dirigió Carmen Sarmiento. Cristina lleva una década escribiendo en alandar. En este tiempo ha compaginado esta tarea con trabajos periodísticos en varias ONG y revistas de información social y religiosa como Humanizar, Vida Nueva o Reinado Social. Proviene de una comunidad de base de Madrid y ha sido durante muchos años animadora de grupos de jóvenes de los maristas. En la siguiente entrevista hablan del pasado, del presente y del futuro de alandar; de quienes lo hacen mes a mes y de quienes lo leen.

¿Cuál es el espíritu que acompaña a alandar en sus inicios?

CHARO: Esa pregunta la contestarían mejor sus fundadores… Surge y se mantiene, no sólo porque quiere ser una voz diferente, dentro de la Iglesia, sino también porque quiere ponerse al servicio de las comunidades de base, de laicos. Y de hombres y mujeres que quizás no encuentran su sitio en el marco de las comunidades. Hay muchos medios de comunicación que son el reflejo de diferentes familias religiosas. alandar nace para ponerse al servicio de la Iglesia pueblo y plural.

Durante estas dos décadas largas de existencia han cambiado muchas cosas en el mundo, en la Iglesia y en alandar. ¿Qué nuevas señas de identidad ha ido adquiriendo con el paso del tiempo?

CRISTINA: Hay muchas nuevas señas, pero una de las primeras cosas que aprendí cuando empecé en la revista es que, más de veinte años después seguían existiendo las mismas realidades injustas en la sociedad y en la Iglesia por las que valía la pena seguir combatiendo y denunciando. Pero sí hay nuevos asuntos que han encontrado en alandar un altavoz que no encuentran en otros medios de comunicación. Entre ellas la homosexualidad, la justa reivindicación de presencia y participación de la mujer dentro de la Iglesia… Paralelamente se ha dado en España una pérdida de presencia e influencia de los movimientos sociales (como el movimiento obrero o vecinal), pero no por ello hemos dejado de narrar sus iniciativas, de seguir sus pasos.

Entre quienes nos leen no son pocas las personas que describen la llegada mensual de la revista como un soplo de aire fresco. ¿Qué aporta alandar para que se produzca una valoración tan positiva en medio de un cansancio y un desencanto generalizado en la Iglesia?

CHARO: Estoy convencida de que está reacción se produce como consecuencia de la labor entusiasta de un grupo de gente, que somos quienes conformamos el equipo de redacción de alandar, a la que se le unen unos lectores y lectoras dan sentido a esta tarea mes a mes. Además, nos acompaña la convicción de que vale la pena acometer procesos de cambio y renovación. En demasiados estamentos de nuestra sociedad se perpetúan las personas sine die y eso no es bueno para nadie. Yo creo que una de las riquezas de alandar ha sido que los que hemos estado en la dirección hemos sabido retirarnos a tiempo para dar paso a otra gente. Y no nos retiramos por cansancio ya que quienes formamos parte de esta familia alandariega lo hacemos con esperanzas renovadas. Mirando para atrás, me siento satisfecha porque en estos diez años que he llevado la dirección, todo el equipo que lo hacemos mes a mes, nos hemos implicado con mucha ilusión, y eso creo que se transmite. ¡Y que conste que pienso seguir colaborando!

A los 33 años, formas parte de las ‘nuevas generaciones’ de una Iglesia con una edad media muy superior en sus miembros. ¿Qué crees que aporta tu generación a una nueva visión del compromiso con el Evangelio proclamado por Jesús de Nazaret?

CRISTINA: Además de nuevas energías e ilusión, nos define el hecho de que no estamos tan ‘quemados’ por las malas experiencias pasadas. No arrastramos el peso de luchas que, para algunos ya no tienen sentido, porque fueron luchas perdidas, muros que no se han podido derribar. En concreto, creo mi generación aporta una visión más libre de prejuicios. Además, el tema ideológico, entendido desde el partidismo político, ha dejado de pesar tanto, de permear cada una de las decisiones, de las miradas sobre la realidad. El encasillamiento en el bloque de la izquierda o de la derecha ya no es tan determinante. Por supuesto que hay una parte muy importante de la gente católica de mi edad (y más jóvenes) que está vinculada a los movimientos más conservadores que conectan con gran parte de la jerarquía eclesial. Son los que se mueven con las Jornadas de la Juventud o con las visitas del Papa. Pero –y aunque parezca que sucede lo contrario– hay bastantes jóvenes implicados con el Evangelio desde una posición más progresista. Sin embargo, lo hacen desde el silencio, desde sus labores de voluntariado, desde grupos de tiempo libre, por eso no se les ve tanto.

A la Iglesia actual se la acusa de ser una institución pétrea. Y no precisamente porque fuera Pedro su fundador, sino por carecer de los poros que permitirían que penetren otras voces, otros modos de pensar. Esta diversidad, ¿se constata en quienes forman el Consejo de Redacción de alandar?

CRISTINA: Es cierto que contamos con equipo muy plural y eso es una riqueza. En el equipo hay personas creyentes, pero también con militantes del movimiento ecologista y hasta con personas con las que compartimos la esencia de la espiritualidad, aunque se declaren agnósticas. En la revista estamos abiertos a acoger la diversidad como principio y dispuestos a aceptar la libertad de pensamiento y de opinión como un regalo. El expresarse desde voces distintas le aporta una riqueza que se puede hallar en pocos medios de comunicación. Para mí las reuniones del Consejo (una vez al mes) se han convertido en un oasis en las que compartir inquietudes, reírse, reflexionar y aprender muchísimo.

Uno de los tópicos que los hechos desmienten es que tilda a alandar de ser una revista obsesionada con criticar a la jerarquía de la Iglesia. Desde que tú, Charo, eres directora has mantenido el principio de renunciar a que la agenda de temas la marquen los obispos.

CHARO: Es cierto. A la gente que nos lanza estas acusaciones siempre le invito a que lea nuestras páginas. Se trata del mejor argumento para rebatir esas críticas y reconozco que forma parte de un planteamiento personal. Bastante me tocó sufrir con la jerarquía en el tiempo en que trabajé en Manos Unidas. Allí llegué a la conclusión de que nuestra fe y nuestro compromiso se deben desarrollar en libertad y que somos nosotras y nosotros los que debemos marcar nuestro propio camino. Vale la pena ir más allá de lo que pueda decir Rouco, Martínez Camino o cualquier autoridad eclesial.

Otra de las señas de identidad de alandar reside en primar las experiencias personales frente a los planteamientos teóricos o abstractos.

CHARO: Cuando hablo de alandar siempre me gusta describirlo como un medio que denuncia, pero sobre todo que anuncia. De anuncio de la Buena Nueva que llevan consigo en su vida miles de personas comprometidas en lucha por la Justicia y en la defensa de los derechos de las personas más desfavorecidas. Recibimos muchos comunicados, muchos manifiestos. Y algunos grupos se han podido sentir molestos porque no se los hemos publicado. Lo que pasa es que hemos primado a darle un espacio preferente a la vida comprometida de muchas y muchos que trabajan desde la Iglesia. Buena parte de las veces, quienes la han narrado han sido gentes que no suelen tener acceso a los medios de comunicación, frente a los grandes nombres a los que se les puede leer en muchos medios.

Desde sus inicios, la historia de alandar ha sido la de un proyecto marcado por la precariedad económica. Y el presente… ¿sigue pintando en bastos?

CHARO: Sí es cierto que cada mes tenemos que hacer equilibrios para sacar adelante un medio de comunicación como éste, marcado por la austeridad. También es cierto que no tendría sentido seguir sacándolo si no hubiera suscriptores y suscriptoras al otro lado. Espero que la gente sea cada vez más consciente del valor de cada suscripción, de la importancia de compartir la lectura de nuestra revista pero, al tiempo, de promover que se creen nuevas suscripciones como un modo de manifestar el compromiso personal con un medio diferente. Esperamos que, con el cambio tecnológico en el que estamos embarcadas, seamos capaces de hallar el modo de conectar con aquellos jóvenes comprometidos y creyentes que buscan algo más que implicarse en las visitas del Papa.
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Y tú Cristina, vas a ser la persona que lidere este ‘asalto’ a Internet ¿no?

CRISTINA: Es verdad que eso me toca a mí. Me toca estar atenta a la evolución de revistas que tradicionalmente habían salido en papel y que con el paso a la era digital, deben reciclarse. También debemos prestar atención al debate que existe actualmente sobre qué contenidos deben ofrecerse gratis y cuáles pagando a través de la página web de alandar (www.alandar.org). Eso sí, siempre desde un enorme respeto a los suscriptores y suscriptoras actuales, que nos siguen en papel desde hace años. Internet da la maravillosa posibilidad de interactuar mucho más con la gente que nos lee, llegar más lejos, como por ejemplo a los lectores de América Latina, gente a la que no hemos podido llegar pero que sí están interesados en el mensaje que la revista quiere transmitir. Lo que se llaman “microaudiencias”, que tal vez no se componen de grandes números, pero sí de personas con un enorme interés en lo que transmitimos.

Desde la experiencia del pasado ¿cómo ves el futuro de esta revista?

CHARO: Con mucha esperanza porque Cristina aporta la vitalidad y el entusiasmo de la juventud. También me da tranquilidad el equipo de redacción que se ha consolidado durante estos diez años. Ello ofrece la garantía de que, esté quien esté, pase lo que pase, hay un colectivo muy sólido que respondería por alandar. Cada vez llegamos a más gente a la que interesamos. Gente que vive muy lejos, que a veces no puede pagar nada y a la que respondemos con suscripciones gratuitas. Tenemos que ser creativas y dar respuestas a los retos, llegar al público joven y asumir el cambio tecnológico.

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