Una Pascua (y un Pentecostés) aterrizada

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Ilustración Hiking Artist Así somos los cristianos y cristianas: capaces de celebrar un año tras otro la esperanza. Y sin sentir nunca que se nos defrauda ni perder la esperanza. A pesar de los pesares. A pesar de que la gente poderosa de este mundo sigue oprimiendo a la gente pequeña. A pesar de que quienes están nos siguen contando milongas diciendo que hacen todo lo posible por quienes están abajo. No es verdad. Trabajan por sus propios intereses.

Pero quienes seguimos a Cristo seguimos en la esperanza. Por eso la celebración de la Pascua es más larga que la celebración de la Cuaresma. Cincuenta días contra cuarenta. El mes de mayo recoge el final de la Pascua. El final del mes es como una traca de fin de fiesta: la Ascensión, Pentecostés, la Trinidad…

Para que no olvidemos que lo que está en juego no es lo que hacemos o dejamos de hacer sino que es Dios el que va entreverándose en la historia nuestra y va sacando adelante su plan. Por más que Jesús terminase en la cruz, sabemos que Dios lo resucitó. Por más que el testigo del Reino lo recogieran unos pobres hombres que luego, sin darse cuenta, se dejaron comer la moral por Constantino y tantos otros. Por más que el Reino se transformase en una religión más, con sus ritos, sus sacerdotes, sus libros y sus normas sagradas. Por más que la teología nos terminase explicando lo inexplicable (ahí queda como ejemplo lo de la Trinidad en sus incomprensibles explicaciones escolásticas).

Y por aquí seguimos creyendo y esperando. No cejamos en el esfuerzo de traducir el Evangelio de la buena nueva a la vida diaria de las personas. Por eso, me parecen muy significativas las dos fiestas que enmarcan este mes.

El 1 de mayo celebramos san José Obrero. Dirigimos la mirada al mundo obrero, tantas veces, demasiadas veces, marcado por la injusticia y la opresión. Con esa fiesta queremos decir que los cristianos y cristianas sentimos que trabajamos con solidaridad. Todas las luchas por la justicia son nuestras luchas. Todas son luchas evangélicas. En favor del Reino. Lo nuestro no es mirar al cielo. Lo nuestro es mirar a la tierra, compartir la vida, el sufrimiento, la injusticia; vivir desde la fraternidad con nuestros hermanos y hermanas.

El 31 de mayo celebramos la visitación de María a su prima Isabel. Podemos decir que esos relatos evangélicos no son realmente históricos. Pero más importante es su significado nos llega aquí y ahora. Nos dice que el Reino se va construyendo en los pequeños detalles, en la cercanía y el encuentro de tú a tú con cada persona que nos necesite.

Ahí, en esos lugares tan humanos, es donde se celebra la Pascua y se hace presente el Espíritu.

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