Foto. Martin Garcia.Lo primero de todo es afirmar que declarar santo a una persona depende de la idea que tengamos de santidad. Mejor: depende de la idea que tengan de santidad los que declaran a alguien santo. ¿Por qué no es santo monseñor Romero? ¿Cómo es posible que su causa vaya más lenta que la de Juan Pablo II? Ahí hay algo de ideología.

Hace años (antes de ordenarme, o sea, muchos años) leí un número de Concilium dedicado al tema de la santidad y de las canonizaciones. Un artículo presentaba el caso de una monja del siglo XVII o XVIII cuyo proceso se había iniciado tres veces diferentes a lo largo de un periodo de tiempo. Cada vez se había presentado su vida subrayando un aspecto diferente, curiosamente siempre en coincidencia con lo que en la Iglesia en aquel momento se entendía como más importante. Primero había sido una monja muy misionera, luego había sido una monja muy mística y, al final, había sido una monja entregada a la caridad.

Como dijo un compañero mío a un alumno sacerdote que había fundado una congregación, arrodillándose ante él: “Beso la mano de un futuro santo”. Un proceso es algo largo y caro. Muy caro. Hace falta una organización potente, generalmente una congregación religiosa, tras del santo para que llegue al final de la carrera.

El tema de los milagros es curioso. No basta con mostrar la santidad de las virtudes o que el sujeto haya tenido virtudes heroicas (conceptos que ya son complicados en sí mismos). Además se tiene que haber hecho algún milagro por su intercesión. Y ahí se abren numerosas cuestiones: ¿qué se entiende por milagro? ¿quién certifica el milagro? Es un tema, cuando menos, complicado.

Se podría ir a la historia y pensar que, al principio, era el pueblo cristiano a nivel local el que declaraba alguien “santo”. Era un concepto popular. Como hay santos en el mundo musulmán y en otras religiones. Es el proceso ininterrumpido de centralización que ha vivido la Iglesia católica el que ha reservado las canonizaciones a Roma. Y Roma es “romana”. Es decir, todo termina pasando por ese espíritu jurídico que caracterizó a la Roma imperial y cuyo espíritu continúa vivo en la Roma católica. Así que el tema de la santidad se termina legislando con todo detalle hasta el último detalle.

Claro que, también, podríamos mirar el asunto desde otro punto de vista: el hecho de que Roma se haya reservado el tema de las canonizaciones y lo haya legislado con tanto detalle ha hecho que se haya sido mucho más cuidadoso a la hora de declarar santo a alguien que quizá lo habría sido popularmente. El proceso es largo y el abogado del diablo es algo más que una figura novelesca (con todas las limitaciones que tiene el proceso).

El tema de qué significa eso de la santidad es complicado porque dependerá de la lectura que hagamos del Evangelio. Si lo hacemos desde la teología de la liberación o desde la justicia social, nos saldrá un modelo de cristiano ideal. Y lo que trataremos es de ver si esa persona que queremos declarar santo se ajusta a ese modelo. Si trabajamos desde la teología espiritual más tradicional valoraremos si la persona se disciplinaba, si rezaba muchas horas y otras cosas. Y así con otras lecturas o modelos. Pensemos que, por ejemplo, la vida sacramental, sobre todo la Eucaristía, está por lo menos a primera vista casi ausente de santos místicos como Teresa de Ávila o Juan de la Cruz. ¿No es curioso?

El tema de las beatificaciones o canonizaciones masivas de los mártires de la Guerra Civil me parece que sería mejor dejarlo de lado. Es complicado. Políticamente complicado. Creo que hay perfecto derecho a hacerlo. No hay ninguna razón para ocultar la memoria de esas víctimas (por ejemplo, los 51 claretianos que fueron fusilados en Barbastro, muchos de ellos chicos jóvenes, seminaristas de filosofía, que tenían veinte años justos). Pero también es verdad que la Iglesia española perdió una buena oportunidad cuando no defendió públicamente el derecho de todos, también de los del otro lado, a abrir las fosas comunes de Franco y enterrar a sus muertos decentemente. Da pena que después de tantos años no se haya hecho eso y que nuestros muertos, los de uno y otro lado todos son nuestros, no puedan descansar tranquilos.

En cuanto a la beatificación tan rápida de Juan Pablo II, diré que me ha sorprendido mucho. Tenía encima lo de Maciel y toda su historia de abusos. Al menos, desde la perspectiva pública parece claro que Juan Pablo II protegió y ocultó esa historia. Y con la que está cayendo, es sorprendente que lo beatifiquen y que no se haya clarificado ese asunto. Nadie habla del tema. Convendría aclararlo. ¿Fue o no un encubridor? Parece que ahora de lo que se trata es de sacar adelante a un papa que tuvo una gran importancia mediática. Y con esta beatificación apuntalar todavía mejor la propuesta de un modelo de Iglesia cada vez más conservador. Hacemos santo al papa en cuyo pontificado se fue recuperando poco a poco todo lo anterior al Concilio Vaticano II mucho más rápido que al que lo promovió, Juan XXIII. Y para colmo, a Juan XXIII lo beatificaron en la misma ceremonia que a Pío IX, el papa del Concilio Vaticano I y del Syllabus.

Claro que, al final, la canonización no santifica ni lo que hizo el sujeto ni lo que dijo. Sólo habla de su santidad subjetiva. Y muchos santos pueden serlo a pesar de lo que hicieron o dijeron. O simplemente fueron hijos de su tiempo. Pasa que la gracia de Dios es capaz de obrar maravillas. Es lo de que Dios escribe recto en líneas torcidas.
Lo malo es que muchas canonizaciones tienen un valor ejemplificante. Se canoniza a alguien porque se quiere que su vida sea modelo en un determinado momento de la vida eclesial y desde una forma concreta de pensar la Iglesia. Y ahí está la ideología y la política del asunto. ¡Nada es inocente!

Cronología del proceso de beatificación de Juan Pablo II

La legislación canónica establece un plazo necesario de cinco años tras la muerte para iniciar un proceso de beatificación. Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005 y el 28 de junio de ese año se abrió su proceso de beatificación, sin haber transcurrido apenas los tres meses de su muerte. No obstante, la norma tribuye al papa la potestad de acelerar el proceso para que comience antes del citado plazo.

Eso hizo Juan Pablo II con la Madre Teresa de Calcuta, fallecida en 1997. Con una dispensa especial, el proceso de beatificación de la religiosa albanesa comenzó al año siguiente de su muerte y finalizó con su beatificación en 2003.

Estas son las fechas destacadas en la causa de beatificación de Juan Pablo II:

 Abril de 2005: El papa Benedicto XVI recibe al cardenal Camilo Ruini para tratar sobre las extraordinarias circunstancias en el proceso de Juan Pablo.

 Mayo de 2005: El papa da a conocer la dispensa de los cinco años necesaria para iniciar una causa y anuncia que el proceso para la beatificación de Juan Pablo II se iniciará en breve.

 Junio de 2005: El cardenal vicario de Roma, Camilo Ruini, abre oficialmente el proceso de beatificación de Juan Pablo II en una solemne ceremonia celebrada en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma .

 Noviembre de 2005: El Tribunal de Cracovia (Polonia) creado para ayudar en la investigación principal del proceso de beatificación que se sigue en Roma, comienza sus trabajos en la ciudad donde Wojtyla pasó la mayor parte de su vida antes de ser elegido pontífice.

 Enero de 2006: se hace público el milagro seleccionado para avalar la beatificación. Juan Pablo II, tras su muerte realizó supuestamente dicho milagro, al curar de la enfermedad de Parkinson a la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, según Monseñor Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificación.

 Marzo de 2006: Oder habla de la existencia en EEUU de un hombre aquejado de una afección hepática incurable que podría haber superado gracias a la intervención del fallecido pontífice. Se trataría, según el postulador, de un milagro «aún no comprobado».

 Abril de 2007: se celebra en la catedral de Roma, San Juan de Letrán, la ceremonia que concluye la fase diocesana de la causa de beatificación de Juan Pablo II. A partir de este momento el proceso pasa a la Congregación para la Causa de los Santos.

 Junio de 2009: nueve consultores teólogos de la congregación dieron su parecer positivo sobre “la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios”.

 Noviembre de 2009: siguiendo el procedimiento habitual, el asunto fue sometido al juicio de los cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos, que se expresaron con sentencia afirmativa.

 Diciembre de 2009: Benedicto XVI autoriza la promulgación del decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

 Octubre de 2010: tras haber estudiado los testimonios procesales y toda la documentación y exámenes médico-legales, los expertos de la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos se expresaron a favor de que la curación de Marie Simon-Pierre era “científicamente inexplicable».

 Enero de 2011: se celebra la Sesión Ordinaria de cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos, que emite un fallo unánime y afirmativo, considerando milagrosa la curación de religiosa francesa. Ante esto, Benedicto XVI anuncia que la beatificación de Juan Pablo II se proclamará el 1 de mayo de este año.

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