Foto: Carmen SarmientoLa Revolución Sandinista de Nicaragua cumple 30 años. Se celebran tres décadas del triunfo de la juventud nicaragüense que aprendió a mirar la vida, a pensar y a construir otra Nicaragua. Dirigidos por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la insurrección derrocó al sátrapa Somoza y destruyó todo su aparato de poder. Hoy, gobernada por el Frente Sandinista de Daniel Ortega, Nicaragua asiste a su aniversario rodeada de contradicciones.

Tal y como se esboza en las páginas de este número de alandar, la clave del éxito de los sandinistas fue la fusión de los combatientes con la población. En aquel entonces se supo reconocer las necesidades populares y dotarlas de contenidos políticos, impulsarlas y transformarlas en acción armada para derrotar la dictadura imperante.
Con el triunfo de la revolución sandinista, explica María López Vigil en la entrevista (pag. 4), se generó un clima de cambios que hizo posible incontables experiencias individuales y colectivas, grandes y pequeñas, que transformaron el país y a su gente.

Éste fue el punto de partida del proceso que ha marcado los treinta años más intensos de la historia de este país. Toda una evolución de transformaciones y acontecimientos que han dejado huella en la vida de varias generaciones: los que lucharon junto al Frente Sandinista; los que vivieron la agresión de Estados Unidos durante los años ochenta; los que asistieron al abandono de los principios revolucionarios en 1990; los que vivieron el periodo del pacto por el que Daniel Ortega y el liberal Arnaldo Alemán se repartieron el poder y realizaron una reforma electoral y constitucional que es la que ha posibilitado que, hoy, Daniel Ortega esté sentado en el sillón presidencial; y los que vivieron la penalización del aborto terapéutico después de más de cien años sin ser delito.

Ortega pidió que le dieran una “segunda oportunidad” para gobernar un país sin guerra. Un 38% de la población votó por él y le dio esa oportunidad. El actual Frente Sandinista no es ni la sombra de lo que fue en 1979. Sin embargo, 30 años después, hay que rescatar la dignidad que otorgó la revolución para afrontar la situación de Nicaragua.

El reto, tal y como se expresa en este número de alandar, es reconstruir la conciencia popular sobre la necesidad de los cambios y encontrar la fórmula para ejecutar las transformaciones que demanda el país.