sevo-2.jpg“Mi presencia en España es como un milagro. En 2005, vine a estudiar al Instituto Superior de Pastoral y aquí he encontrado personas que verdaderamente me han acogido, al igual que en la Fundación Pablo VI y en la Clínica de la Concepción, donde me he encontrado con sacerdotes magníficos”.

Quien así se expresa es Sevo Agostinho, sacerdote de Cabinda, que sabe bien qué son la persecución y la cárcel por defender a su pueblo, que desde siempre se ha considerado independiente de Angola, país del que forma parte como provincia. En todos los acuerdos internacionales sobre la descolonización africana Cabinda figuraba como estado independiente, pero ese reconocimiento nunca se ha hecho realidad.

Este sacerdote de 42 años, asegura que las dificultades que ha tenido en Angola -retirada del pasaporte y 43 días de cárcel sin ninguna acusación- van a seguir existiendo, porque existe un problema político con el “robo” de un estado por parte de los angoleños, ante la indiferencia internacional y especialmente de Portugal. “Como sacerdote, manifiesta Sevo, clamo por la justicia. Por ello nunca seré aceptado por los gobernantes de un territorio en el que hay muchas violaciones de los derechos humanos. La gente está pisoteada y nosotros estamos allí para gritar. Este grito es muy incómodo para las autoridades, tanto políticas como eclesiales”.

Sevo ha temido por su vida y siente una enorme incertidumbre sobre su futuro, que no sabe cuál será cuando termine su tesina en el Instituto Superior de Pastoral. Hijo de un maestro de enseñanza primaria, “que siempre nos ha enseñado a hablar con libertad”, Sevo no duda en afirmar que “el gran problema en Cabinda es que han puesto a un obispo –Filomeno Vieira Dias- que no ha sido aceptado por la comunidad católica cabindeña. El nombramiento ha sido más político que pastoral”.
Ordenado en 1993, Sevo ha sido desde jefe de estudios en el seminario hasta párroco en la catedral de Cabinda durante siete años, los últimos antes de viajar a España para ampliar sus estudios de Pastoral enviado por su anterior obispo –Paulino Madeca-, ya fallecido. Recuerda que Madeca tenía las cosas muy claras: “Nos educó como seminaristas y como sacerdotes, en una línea de principios con los que construir una Iglesia africana. El obispo nos dejó bien claro que los presbíteros no estábamos allí como ministros, en el sentido de poder, sino como servidores de la comunidad, a la que creo que abrimos los ojos sobre la realidad que viven”.

Agostinho asegura que es obediente a su obispo, “porque el día de mi ordenación me comprometí a obedecer”, pero reconoce que no tiene un diálogo abierto con él. Es verdad que “la autoridad episcopal se vive de manera dramática cuando compruebas cómo se quiebra la anterior línea maestra de trabajo. Cuando esta línea se rompe algo de nosotros mismos se rompe, porque hemos aportado nuestro esfuerzo para prolongar esa pastoral”.

Pese a todo, está convencido de que sus ideales cuando se ordenó siguen igual, vivir el sacerdocio como entrega a la gente, a la comunidad, y trata de ser consecuente con ello. Por eso aquí ha elegido la pastoral sanitaria -en la Clínica de la Concepción- “que no gusta demasiado porque hay que vivir la experiencia de la enfermedad, de la frustración, del dolor, de la muerte…”.

De su experiencia en el mundo rico y tecnológicamente avanzado ha sacado algunas conclusiones, como que “el sacerdocio aquí es, en muchos casos, más burocrático y funcionarial”. También que las celebraciones litúrgicas son más rígidas que las africanas, “en las que tienen una gran importancia el ritmo y la danza”. Además ha comprobado que en nuestra sociedad “la fe se vive de una manera más racional, con muchos interrogantes y cuestionando todo. Nosotros casi no cuestionamos la fe, porque nos basta ver la naturaleza y todo lo que le rodea para saber que hay algo en lo que creer”.

Sobre el celibato de los sacerdotes, teniendo en cuenta la importancia que se concede en África a la descendencia y la familia, Sevo afirma que hay una cierta discusión interna, pero “la mayoría lo vivimos a la manera de Roma, porque hay principios universales que deben ser respetados”.