Dos niños pasean por el camino que divide los dos lados de la ciudad de Nima en Ghana. En el año 2000, 189 jefes de Estado y de gobierno culminaban la Cumbre del Milenio con el objetivo de erradicar la pobreza en el mundo para el año 2015. Ocho objetivos relacionados con el hambre, la enseñanza universal, la igualdad de género, la mortalidad infantil, la salud materna, el sida, el paludismo y la sostenibilidad ambiental. Además, el último de los ocho objetivos fomentaría una asociación mundial para el desarrollo, donde los países más ricos trabajaran por un sistema comercial y financiero más justo, una deuda externa sostenible y el acceso a los medicamentos y las nuevas tecnologías de los países con menor nivel de desarrollo.

De haberse cumplido, hoy tendría que haber en el mundo la mitad de personas viviendo en extrema pobreza. Lo cierto es que, aunque hoy haya 700 millones menos de personas viviendo en esa situación comparado con los años 90, la erradicación de la miseria aún está lejos. Vivimos en un mundo más desigual y los problemas siguen ahí aunque, en ocasiones, hayan tomado otras formas y rostros.

La Organización de las Naciones Unidas es optimista en su último informe sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), pero son más las voces críticas que afirman que la agenda de desarrollo no se ha cumplido y las metas están lejos de ser alcanzadas para gran parte de la población. Ni en los plazos previstos ni han sido prioridad en la agenda política de los líderes políticos. Muchos de sus detractores dirán que eran unos mínimos centrados en las consecuencias y no en las causas de los problemas, pero han supuesto una hoja de ruta, un consenso sobre lo que representa el desarrollo y sobre lo que la comunidad internacional aspira a conseguir. Han significado también una agenda mundial, un compromiso firmado sobre el que muchas organizaciones de la sociedad civil han hecho incidencia y han trabajado para exigir responsabilidades, ante la falta de voluntad política.

Ahora la Agenda Post 2015 representa la continuación de los ODM, en una nueva lista de tareas mejorada tras la experiencia. Estos son los Objetivos de Desarrollo Sostenible, (ODS) donde tienen que quedar plasmadas cuáles son las prioridades para luchar contra la desigualdad. El año 2015 será un hito importante en el camino hacia un desarrollo equitativo y sostenible, con tres cumbres clave en solo seis meses. De ahí tendrá que salir la nueva directriz a seguir, las reformas que se basen en el derecho al desarrollo de todos los países y en garantizar los derechos económicos y sociales para todos los seres humanos. Terminar con la pobreza es posible, pero hacen falta las decisiones políticas que estén a la altura de tamaño reto.