Viñeta de HikingArtist“Un santo triste es un triste santo”, decía San Francisco de Sales, constatando que la alegría y la risa deberían, quizá, haberse convertido en virtudes cardinales y nunca lo fueron. Y todo ello ha sucedido no porque Jesús fuera un tipo triste. Para nada. Su palabra rezuma vitalidad, esperanza y también jovialidad. El de Nazaret convierte a los niños y niñas y a su forma optimista de enfrentar la vida en referencia del modelo que deberían seguir quienes pretendan llamarse seguidores suyos. Primero, exigiendo que no le hurten su compañía: “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc 10,14). Y, seguidamente, mostrando el camino del cambio, nos anima a ser como los niños: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18.3).

La Iglesia, sus representantes y su historia han vivido de espaldas al sentido del humor. En España, tras el golpe de Estado franquista, el nacionalcatolicismo desterró de los templos, de los seminarios y de cualquier ámbito religioso la risa. Para sus promotores, la hilaridad era un signo inequívoco de la presencia sulfurosa del maligno. Ha costado mucho tiempo desterrar tamañas estupideces, que pretendían perpetuar un oscurantismo intelectual y social más propio de la Edad Media. Porque, si algo parece claro es que el sentido del humor suele ser compañero inseparable de la inteligencia. Y de esta afirmación se infiere que la Iglesia, en la España de Franco, defendió con la cruz y la espada la ignorancia como un estado idílico para que el rebaño no abandonara el corral.

Pero, por fortuna, los tiempos han cambiado. El humor es un arte sabio, un hábito bueno y saludable, una verdadera virtud, una actitud básica de la vida. Rodearse de personas esperanzadas y con sentido del humor aumenta las ganas de vivir. Reírnos nos da seguridad y libertad. «La risa es el lenguaje del alma», aseguraba el poeta chileno Pablo Neruda. Amor y humor son signos del Reino. De ello no cabe ninguna duda cuando se contemplan las ilustraciones de una generación magnífica de humoristas gráficos, a la cabeza de los cuáles hay que situar a José Luis Cortés, colaborador habitual de alandar, Vida Nueva y de otras muchas publicaciones confesionales.

Cada día, miles de personas buscan en las páginas de los diarios las viñetas de genios como Forges, El Roto, Máximo o Eneko, para tratar de entender, desde otro lenguaje, lo que nos pasa. No parece casual que los y las jóvenes y menos jóvenes que conforman el movimiento 15-M hayan elegido estos microrrelatos satíricos como estandartes de los mensajes que nos quieren transmitir. La sabiduría crítica, traducida por la vía del sarcasmo y la ironía, si además consiguen arrancar una sonrisa, alcanza mucha más fuerza que un análisis, por muy sesudo y acertado que éste sea.

Un sistema social, económico y político en plena descomposición ética y moral se merece contar con una oposición formada por gente creativa. Y esa es la medicina que recibe el pensamiento único, al que el movimiento de “indignados” ha sabido sacarle punta. De todo ello -y de otras muchas cuestiones fundamentales relacionadas con el humor- habla Forges (que fue premiado por alandar hace no tantos años) en una interesante entrevista que reproducimos en este número que tienes en tus manos. Disfrútalo con amor y con humor.