Arriesgan su vida para informar

Vicent Montagud, periodista de Internacional del desaparecido Canal 9, durante una cobertura informativa en Gaza. En el evangelio de Juan se dice bien claro: “La verdad os hará libres”. Esta frase también ha sido usada después con otra formulación: “El saber os hará libres”. En ambos casos una cosa está clara y es que el grado de libertad que podemos tener los seres humanos está directamente ligado a nuestra capacidad de conocer la verdad, a tener información de lo que pasa para poder tomar nuestras propias decisiones con la mayor libertad posible.

Es lo que se conoce como el derecho de acceso a la información y es una condición fundamental para que las democracias se desarrollen plenamente, para que la ciudadanía pueda opinar y actuar de forma adulta y libre.

Desde hace décadas –siglos quizá– la herramienta privilegiada para ello eran los medios de comunicación y, muy especialmente, la prensa. Las nuevas tecnologías amplían las posibilidades de acceso a nuevos medios de comunicación: democratizan el derecho a informar y a recibir información. Sin embargo, tenemos la sensación de que sabemos cada vez menos de las cosas que pasan en nuestro mundo, las decisiones de las que depende nuestro futuro parecen estar ocultas, escondidas tras un velo de intereses económicos y políticos. Porque a quienes ostentan el poder no les interesa que seamos libres y, por tanto, no les interesa que seamos personas informadas.

En este número de alandar lanzamos una mirada a ese mundo de los medios de comunicación y, muy especialmente, a la cobertura periodística de las guerras y de los conflictos armados. En ese ámbito es donde existen profesionales que, literalmente, se juegan la vida para que tengamos derecho a la información. Arriesgan todo lo que tienen, muy a menudo cobrando sueldos precarios, para que podamos saber qué está pasando en Siria, Sudán del Sur, Libia, Palestina, México… tantos lugares que, en el mundo de hoy, son escenario de conflictos violentos y de violaciones de derechos humanos. Ellos y ellas, periodistas, son necesarios para convertirse en testigos de dichas violaciones y contarlas. Para, del mismo modo que intentamos hacer siempre en alandar, fijarse especialmente en las víctimas, en las personas que sufren. Pero se les silencia, como es el caso de los periodistas que permanecen secuestrados en Siria, tres de ellos españoles: Javier Espinosa, Ricard G. Vilanova y Marc Marginedas.

La suya es una tarea ardua porque tienen que afrontarla entre las amenazas del poder, los riesgos que suponen estos escenarios armados y, además, limitaciones económicas y materiales que impone la actual situación de los medios. Como dijo en septiembre de 2013 David Jiménez, corresponsal para El Mundo, “la crisis no puede ser una excusa para pagar 50 euros a alguien que se está jugando la vida en una guerra”. Por desgracia, parece que sí es así. Pero es necesario defender su honestidad y su vida, porque su trabajo nos hace ser más libres.

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