Huella ecológica

Me ha alegrado enormemente ver en prensa la baremación que ha realizado el Observatorio de la Sostenibilidad (OSE) sobre la huella ecológica de las capitales de provincia. No por los resultados que, en general, son malos, sino por el hecho de que este instrumento, el de la huella ecológica, vaya apareciendo cada vez más en nuestras vidas y nos vaya marcando pautas de hacia dónde dirigirnos para reconciliar nuestro modo de vida con el resto de la vida del planeta. Como era de esperar, cuanto más grande es una ciudad, mayor es su huella. Así, mientras Barcelona necesitaría multiplicar su término municipal por 83,37 para poder soportar su ritmo de vida, Cuenca sólo necesitaría multiplicarse 1,68 veces. Los indicadores que incluyen los sucesivos informes de sostenibilidad ofrecidos por el OSE van desde la innovación hasta la ecoeficiencia, pasando por los usos del territorio, por la gestión hídrica, educación, inmigración, etc. Como decía en mi comentario “49 millones”, necesitamos perfeccionar este tipo de herramientas para que sirvan de brújula para los gobiernos, las empresas y los particulares, pero también para tomarse en serio una redistribución poblacional, descargando esas macrociudades y fomentando la emigración interna hacia lugares menos poblados. Por supuesto, “fomentar” nunca se debe convertir en “obligar” y lo mejor de todo sería que este cambio fuera produciéndose de abajo arriba, desde el convencimiento de que ya está pasando el tiempo de las megaciudades.

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