En este último número en papel queremos reservar nuestro Punto de Vista no para expertos que nos hagan ver más claro un asunto de actualidad sino como altavoz de los colectivos que, a pesar de todo, se están dejando atrás en esta crisis. Nos hablan desde la cultura, el arte y las personas en situación de exclusión.

Las salas de conciertos estamos viviendo, sin lugar a duda, la situación más crítica y nunca experimentada del sector hasta el momento.

Por plataforma de Salas de Conciertos

La desaparición de salas es ya una triste realidad causada por la pandemia, pero sobre todo por la falta de acción y voluntad política de la administración que en este momento no es lo suficientemente consciente de que, como uno de los sectores más afectados por la crisis donde la mayoría de los espacios no han podido abrir sus puertas todavía, necesitamos una atención proporcional a nuestro grado de afectación si no queremos encontrarnos con un empobrecimiento y la desertificación cultural de nuestro territorio que por desgracia puede ser irreversible.

Hace casi ocho meses que prácticamente el 100% de las salas están cerradas y solo algunas pueden hacer conciertos en directo, con una drástica reducción de la capacidad condicionada por la distancia física, que reduce sus aforos a menos del 30% y con la prohibición de ejercer la actividad natural del baile que caracteriza a la mayoría de ellas.

El grado de incidencia de la pandemia en la actividad de este sector, en comparación con otros, es de los más elevados, algo que se contradice con la falta de capacidad para interlocutar con las administraciones y con la casi inexistente ayuda que recibe para tratar de paliar estos efectos.

La gran mayoría de las salas no podrán sobrevivir en estas condiciones de endeudamiento progresivo más allá del 2020, a no ser que puedan recuperar la actividad en unas condiciones mínimas que no provoquen más pérdidas que las actuales, o que la administración escuche las medidas de choque que se proponen para reducir los gastos mensuales y que asignen ayudas económicas para compensar las pérdidas adquiridas hasta el momento.

(…)

Por otro lado, la situación de crisis general y la precariedad económica en la que ya se encuentran muchas salas, está haciendo aflorar ofertas de fondos de inversión buitre dispuestos a comprar licencias a bajo precio con una clara intención de especular y generar otro tipo de actividades, mucho más rentables que la música en vivo y la programación artística, hecho que puede contribuir a dejar el territorio sin algunos espacios culturales esenciales para el nacimiento y la evolución de la carrera de los artistas locales.

Es absolutamente necesario que se establezcan unas medidas de hibernación de los gastos y un sistema de compensaciones económicas proporcionales al grado de afectación que el sector está sufriendo desde hace 8 meses, de manera que ayuden a las salas a poder sobrevivir sin actividad mientras duren las restricciones, de la misma forma que es imprescindible que se equipare la actividad de las salas de conciertos a las del resto de equipamientos culturales como cines y teatros para que cuando las condiciones epidemiológicas lo permitan, puedan abrir cumpliendo con las mismas medidas sanitarias que establecen los protocolos de las artes escénicas.

Nos gustaría que la administración entendiera que el trabajo de salas que ofrecen una programación artística y musical estable de proximidad durante todo el año, es un bien cultural del país y que poder disponer de espacios donde el baile y la música actúan como nexo que amalgama la capacidad de disfrutar, relacionarse y enriquecerse social y culturalmente, no solo es una necesidad que gran parte de la población tenemos en diferentes momentos de nuestra vida, sino un servicio que debemos ofrecer y un derecho esencial de la ciudadanía que debe ser garantizado.

Tener luz no es un lujo, ¡es un derecho!

Por la Plataforma Yo Soy Cañada

Cañada Real es un barrio a 16 kilómetros del centro de Madrid, construido en los últimos 70 años en una antigua Cañada Real, lo que le ha situado al margen de todos los planes generales de urbanismo, dejando a la población en una situación de alegalidad y, con ello la pérdida de muchos derechos. Queremos conseguir que toda la población de la zona conocida como “La Cañada”, tenga información actualizada y comprensible sobre la situación legal y planes que les afecten. Y que puedan ejercer sus derechos y cumplir sus obligaciones para participar en la toma de decisiones que les afectan.

Al mismo tiempo, se pretende conseguir que su población sea reconocida en su capacidad para resolver sus propios problemas, vivir legal y dignamente y aportar al bien común, por parte de Administraciones Públicas, ONG, entidades religiosas y población del resto de la ciudad (…)

La Cañada está compuesta por personas de diversas nacionalidades, culturas, etnias, religiones, situación legal y niveles económicos. Tiene una parte muy excluida, relacionada con la venta y consumo de drogas ilegales y otra de infraviviendas. Una mezcla rica e interesante, con elementos de solidaridad propia. Pero la falta de información y alegalidad plantea algunos problemas internos de convivencia y de desconfianza interna y con el resto de los ciudadanos del entorno.

Ser viviendas en situación alegal y con una parte muy marginalizada, ha creado un estigma sobre sus habitantes que merman su asertividad y autoconcepto como parte de una sociedad. Esta consideración negativa y las dificultades del idioma, transporte, situación legal, información, etc., crean unas barreras enormes para la participación democrática.

Estos problemas se agravan en el caso de las mujeres, que han tenido menos oportunidades formativas, laborales y de relación con el entorno. Se suman los problemas culturales de machismo y sus consecuencias en la autoestima e incluso falta de libertad.

Y ahora se suma el problema de luz. Las vecinas y vecinos de Cañada estamos dispuestos al diálogo y a la búsqueda de soluciones. Queremos y estamos dispuestos a pagar el suministro. Hemos dado varias opciones para buscar una solución y no recibimos respuesta. Necesitamos apoyo de más barrios de Madrid, desde la Cañada sumamos somos un barrio más, pertenecemos a esta sociedad.

¡¡Apóyanos!!