Nuestra familia es una que trasciende los vínculos de sangre.

Roberto lleva décadas bregando a pie de barrio y en una constante labor de incidencia ante las administraciones para que los derechos de las personas excluidas se vean reconocidos de manera efectiva. Lo hace no solo desde su militancia sino desde su propia vida: su familia es una familia abierta de acogida para las personas migrantes que lo necesiten.

Roberto Borda. Foto Alandar

1.-¿Cuándo y por qué nace la Asociación Apoyo?

La Asociación Apoyo surge a principios de los años 80 en el barrio de Moratalaz. Su razón de existir es que hay vecinas y vecinos que debido a los problemas de la drogadicción necesitan de un apoyo específico. Se empieza con un programa de acompañamiento a estas personas, ya que en los primeros años no existía una gran red de atención pública a personas drogodependientes. Con los años esta red se fortalece y Apoyo se va retirando. A partir de ahí procuramos hacer acompañamiento a otros colectivos e incidencia para que se generen recursos públicos para los problemas del barrio.

Una de las cosas que hemos aprendido es que la participación vecinal y ciudadana no tiene que competir con el sector público. Creemos que somos como una tienda de ultramarinos donde vendemos un poco de todo y que, cuando algún vecino se acerca a nosotros para que le acompañemos, cada uno pone encima de la mesa sus capacidades, sus saberes y, desde la inteligencia colectiva, intentamos superar su problema.

2.- Entre vuestros objetivos están el acompañamiento y la acogida de la persona para su propia promoción. Después de tantos años de bregar con las administraciones, ¿Estamos mejor o peor que cuando empezasteis?

Nuestra relación con las administraciones siempre ha sido compleja. En estos últimos años la política ha abandonado aún más a las personas más empobrecidas. A partir del discurso de la salida de la crisis la situación social ha empeorado. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se están desmantelando claramente las rentas mínimas destinadas a la promoción de las personas más desfavorecidas. Lo hacen sin ningún sonrojo. Hay un retroceso claro a la red de apoyo que crea transformación y lo hacen a través de la eliminación de ayudas a las organizaciones. A la vez se da una vuelta al asistencialismo más clásico de mano de partidos de ultraderecha como VOX.

3.- Ahora existe un problema bastante grave con las citas para conseguir la autorización de residencia temporal…

El problema que existe con las citas en el sistema de extranjería es que el sistema está colapsado. Cuando los compañeros y compañeras migrantes quieren acceder a sus citas para regularizar su situación una vez que cumplen los cien mil requisitos bastante complejos de cumplir que pone la administración, el sistema no les da esa cita. Esto se debe a que se ha reducido el número de oficinas y no hay suficientes funcionarios asignados a este servicio. Esto lo que hace es que un derecho crea una frontera invisible alrededor de los derechos de las personas empobrecidas. Así, al no tener cita, la persona no puede presentar su solicitud y no puede tener acceso al ejercicio de los derechos reconocidos por la ley. Esto en las personas supone alargar procesos de invisibilización. Es como cambiar las reglas del juego con una trampa en mitad de la partida. Los tres años de arraigo para acceder a los papeles se puede convertir en cuatro y medio y, especialmente, en incertidumbre. Ya no dependes de un plazo concreto sino de la suerte.

4.- Uno de vuestros proyectos quizá más transformadores es el de Casas Abiertas, consistente en acoger en vuestras casas a personas que realizan su proceso de promoción social. Parece evidente cómo puede transformar a las personas que se suman a este proyecto, pero ¿a vosotros? A las personas que acogéis, ¿cómo os ha transformado?

Las personas que compartimos nuestras casas, nuestras vidas, nuestras economías, nuestro tiempo y nuestro día a día con personas migrantes vemos transformada la vida en la medida de que la estamos viviendo de acuerdo a nuestra forma de vivir. Eso te produce una paz de que estás viviendo como habías soñado vivir. Mi pareja y yo y otros compañeros que acogen en sus casas soñamos en un mundo sin fronteras, en un mundo donde puedan ser felices allá donde estén, un mundo en el que si repartes lo que tienes todos podemos salir a flote.

Te transforma la concepción de la familia. Nuestra familia es una que trasciende los vínculos de sangre, una familia donde personas que intentan salir adelante forman parte de ella. Eso te da una visión del mundo mucho más abierta. Estás al encuentro del que llega. Cuando nosotros esperábamos a que naciera nuestra hija pequeña tuvimos 9 meses para adaptarnos a ese cambio. Cuando la semana pasada llega a nuestra vida Yazim, tuvimos tres días para adaptarnos. Esto te permite ser más flexible y relativizar para centrarte en las cosas importantes.

Al final te transforma el sentido de universalidad. En nuestra familia entran personas de distintas partes del mundo y a todas puedes amar y cuidar y sentirte cuidado por personas a las que hasta el día antes no conocías.

5.- Ahora que parece que una ultraderecha xenófoba quiere volver a surgir, ¿qué barreras tenemos que derribar desde la sociedad civil para que no crezca el estigma y la exclusión a las personas migrantes?

La principal barrera es la mirada que nos hace pensar que nosotros somos mejores a los otros. Mi mirada lo que hace es que ve al otro diferente a mí, pero solo eso: diferente. Mi mirada me invita a acercarme al diferente porque entiendo que esa persona me puede enseñar y me puede aportar. Hay que derribar la mirada que ve al otro como alguien que viene a hacerme daño.

6.- Estamos comenzando 2020. ¿Algún deseo para este nuevo año?

Mi deseo para el año 2020 es que todos nos creamos y nos sintamos responsables de hacer realidad el artículo primero de la Declaración de los Derechos Humanos donde dice que todos somos iguales independientemente de nuestro color de piel, de nuestra religión, de nuestro género… y que todos tenemos el deber de comportarnos como hermanos los unos con los otros. Esto es lo que nos hace más felices y más libres.