personal-7.jpgLleva más de 40 años fuera de su país de nacimiento, pero cuando se expresa en español aún conserva un inconfundible acento argentino. De familia judía, Eytan Bronstein llegó a Israel cuando apenas tenía cinco años -1966-, seguramente sin imaginar que un día ‘lucharía’ contra el estado que en ese momento le acogía. De hecho estuvo prisionero en una cárcel militar por no querer enrolarse en el ejército israelí durante la guerra contra el Líbano y en la Intifada.

Hace ocho años, Bronstein, investigador de la Universidad de Belén, fundaba la organización Zochrot, cuyo fin fundamental es dar a conocer la nakba, la catástrofe sufrida por el pueblo palestino en 1948 como consecuencia de la guerra árabe-israelí. La derrota palestina hizo que más de 700.000 personas perdieran sus casas y sus tierras. “Nosotros creemos, manifiesta Eytan, que es crucial que los israelíes sepan lo que sucedió para reconocer el sufrimiento de los palestinos, que es también historia de Israel. Éste tiene que ser el primer paso para en el futuro llegar a una reconciliación, que es la única salida al actual conflicto”. Zochrot es una palabra hebrea que significa “las que recuerdan” y es una especie de ‘truco’ lingüístico, ya que es la forma femenina de la palabra y no la masculina, porque como señala Bronstein, “la memoria de las mujeres es fundamental y reivindicamos su visibilidad en una sociedad en la que predomina el papel del hombre”.

Entre las iniciativas de Zochrot están las visitas guiadas a las áreas que se destruyeron en 1948. Un pequeño cartel en árabe y en hebreo indica lo que había en el lugar: una escuela, una casa, una mezquita… Con esta información básica y las explicaciones que dan los miembros israelíes de la organización y los refugiados palestinos se da a conocer la historia del lugar antes, durante y después de la nakba. Asimismo, está en marcha un interesante programa de educación para profesores de la escuela superior y de la universidad para que los profesores, una vez entendida la nakba, puedan explicársela a sus alumnos. También se editan libros en hebreo y en árabe, y está abierta una galería en la que a través del arte se plasma el desastre palestino hace seis décadas.

Reconciliación

Para Bronstein y su organización estos pequeños gestos son muy significativos, porque hasta ahora en el conflicto árabe-israelí han sido muchas más las palabras que las verdaderas acciones. “Es más importante el hacer que el decir, señala. No se puede hablar sólo de paz, que es un pacto político entre dos partes enfrentadas. Hay que hablar de conciliación entre personas y esto no puede suceder mientras Israel no reconozca la nakba. Este reconocimiento no puede ser sólo una postura más o menos ‘estética’, de imagen, sino que tiene que tener una expresión en actos y comportamientos”.

Cuando se le pregunta ¿cómo ven los israelíes un movimiento que defiende los derechos palestinos?, Bronstein afirma con rotundidad que “nadie nos ignora”, aunque a continuación reconoce que “son muchos lo que nos rechazan” y “las críticas en los medios de comunicación incluyen con frecuencia términos como traidores y antisemitas”. Con todo, asegura que “cada día hay más y más judíos que se interesan por la nakba y por conocer lo que sucedió en el lugar en el que viven en la actualidad”. Pone el ejemplo de la capital administrativa de Isarel, Tel-Aviv, donde él reside, que prácticamente está levantada sobre las ruinas de una aldea llamada Sumail. Según Eytan, “la mayoría de los palestinos están emocionados con nuestro trabajo y eso que al principio muchos desconfiaban de que un grupo israelí trabajara por recuperar su memoria”.

Autor de los libros ‘La nakba, una tragedia palestina’ y ‘La historia de los judíos de Israel’, Eytan Bronstein indica que la organización que preside no apoya la resolución de dos territorios, dos estados. Manifiesta que “no tenemos un plan para la solución final, pero queremos la construcción de un estado único, democrático y no sólo para los judíos. No va a ser un estado israelí, sino un estado entre el mar Mediterráneo y el Valle del Jordán, más Gaza. En él tienen que vivir judíos y palestinos, los refugiados y sus descendientes”. En este ‘nuevo’ estado los judíos serían minoría, pero Bronstein señala que “va a ser mejor para nosotros, porque habremos superado décadas de guerras y militarización. Creo que es mejor vivir en un país democrático que en un país estructurado como un ejército”.

Los refugiados

Reconoce que el proyecto que propone es complicado, más si tenemos en cuenta que el primer ministro Biniamin Netaniahu no se ha reunido aún con el presidente Mahmoud Abbas, lo que da a entender las pocas ganas de reconciliación por parte de los actuales dirigentes israelíes.

Pero Bronstein insiste en que queda mucho trabajo por realizar, “pero estamos en un momento en que mucha gente dentro de Israel y en la comunidad internacional se plantean que la solución de dos estados no es la idónea”. Pone el ejemplo de la vuelta de los refugiados. Sabe que la mayoría de ellos no volverán, como ha sucedido en otros conflictos, porque tienen organizada la vida en otro lugar, pero quienes quieran retornar a sus tierras y a sus casas, como reconoce la ONU, tendrán que hacerlo dentro del actual estado de Israel y se crearía otro problema con quienes las ocupan ahora. Mientras, señala Eytan, “nosotros tratamos de crear ideas sobre el retorno de los palestinos y cómo podría hacerse”.

Eytan Bronstein no se desanima en su ‘lucha’ ni en la situación de conflicto constante en la que están sumidos palestinos e israelíes. Insiste en que “antes se hablaba de paz pensando que se podía alcanzar. Hoy casi nadie se lo cree, aunque los políticos lo repitan una y otra vez. La mayoría de los israelíes son conscientes de que no hay salida para el conflicto únicamente con la paz. Sabemos que esta situación se alargará todavía un tiempo y después de una crisis muy fuerte nos espera un futuro mejor”.