personal252.jpgNo se nos ha dado o todavía no tenemos el poder de decidir cuándo se acaba nuestra vida, pero sí podemos hacer que ella, mediante nuestra entrega, tenga un sentido no sólo para nosotros sino también para los que nos rodean.

Nos habéis pedido a la Comunidad de Fontarrón que hagamos una reseña-semblanza sobre Fabián, y la verdad es que nos habéis puesto en un gran apuro. Todavía no nos acostumbramos a su ausencia y es difícil expresar en palabras todo lo que Fabián fue para nosotros.
En la última Coordinadora de la Parroquia intentamos abordar el tema y comentamos una carta, dirigida a “ATIEMPO” (unas asociación creada y animada desde la Comunidad, para la reinserción de los que tenían o tienen problemas con las drogas) y escrita por un preso de los que Fabián visitaba. Nos pareció que esta última carta era lo mejor que nuestra Comunidad puede decir sobre Fabián.

Acompañante y pastor

Miguel Ángel, que cuando escribió la carta no sabía que Fabián había muerto, comienza su carta deseando que todos estemos bien y sobretodo Fabián, que es al que más quiere. Lo van a trasladar a Madrid para la celebración de juicio y está deseando ver a Fabián. “Para mí es el mejor, porque siempre ha estado ATIEMPO de darme una oportunidad y ha sido el único que ha venido a verme a la cárcel.”
Sigue diciendo en su carta, “Yo también sé perdonar porque Fabián me hizo comprender que todos estamos ATIEMPO de perdonar, aunque yo no tenga perdón por todo lo que he hecho…, porque si existen los milagros, yo tengo una pequeña luz para salir vivo de aquí, y si la vida y la salud me lo permiten podré morir en la calle… Dadle esta carta a Fabián para que sepa que le quiero mucho como mi pastor que es. Es mi amigo, mi socio, mi compañero, es una persona que vale mucho y algún día la vida se lo pagará por lo que hace por la gente sin pedir nada a cambio, es un hombre que vale mucho y por eso le quiero mucho”.
La carta termina despidiéndose diciendo “Bueno, recordad que la meta no está lejos, que está en ti, en uno mismo. Yo os deseo todo lo mejor posible a todos y perdonadme si en esta carta digo algo mal que os pueda ofender”.

Cuando Fabián nos comentaba la parábola del hijo pródigo nos hablaba de la tremenda alegría que tiene, no sólo el que es perdonado, sino también el que perdona. Y eso es lo que tenía Fabián. No había distancia entre lo que pensaba y lo que vivía, lo que le llevaba a poner en práctica aquello que aprendió en Taizé: integrar en uno la Lucha y la Contemplación.

Su proceso

Quizá habría que empezar hablando de las circunstancias que le llevaron a ser quien fue. Nació en Madrid en una familia numerosa y profundamente religiosa, estudió en el colegio del Pilar de los marianistas, pasando después a estudiar la carrera de Matemáticas y Teología.

Siempre contó que en esos años de juventud “escuchó” insistente la llamada de Dios que después regularmente se repetiría en su vida, y quiso responder a ella, entrando a formar parte de la Congregación Marianista.

Los primeros años como sacerdote los pasó en el Colegio Mayor Chaminade haciéndose cargo de la pastoral universitaria. De aquella época destaca su opción para que los colegios apoyasen los movimientos democráticos y su participación en el famoso encierro en el Seminario de Madrid para denunciar la firma del Concordato.

Pronto sintió que su entrega debía ser a los más pobres y desfavorecidos y que eso no tendría sentido si no vivía con ellos. Por ello se trasladó a la Parroquia de María Reina a vivir junto con otros marianistas y seglares que ya llevaban tiempo trabajando en ambientes populares (José Antonio Romeo, Martín Valmaseda, Álvaro Marchesi, José Luis Arce Matute, Paco Azurza, Horacio, y otros muchos). Llegaron a ser tantos, -también se incorporaron Julio Santamaría y Pachi Canseco-, que Fabián y algunos de ellos decidieron trasladarse, al poco tiempo, a las casas bajas del Cerro del Tío Pío. Se comprometió, al lado de sus vecinos en la lucha por la remodelación de Vallecas y cuando se consiguió la creación del Barrio de Fontarrón, pasó como párroco a la Parroquia de Santa María de Fontarrón, en donde realizó una intensa y comprometida tarea hasta su inesperada muerte, el 24 de Agosto del 2008.

Testimonios

Del conjunto de comunicados que nos han llegado estos días a la parroquia, nos ha parecido adecuado este comentario de Marili Gil:
“Allí en Vallecas, durante 35 años, amorosamente, fue un testimonio constante del mensaje evangélico, haciendo de su parroquia un lugar de acogida, en donde todos los que se acercaban (hombres, mujeres, niños, ancianos, parados, enfermos, inmigrantes o toxicómanos) se sentían escuchados y ayudados.

Fue para todos, una presencia cálida, compasiva, comprometida y siempre constructiva y liberadora, fuera de todo protagonismo.

Se implicó y participó en los movimientos sociales que surgieron por una vivienda digna para el barrio, guarderías, escuelas o mejores condiciones de vida. Animó grupos de monitores de tiempo libre, de música, proyectos de reinserción social y laboral, grupos de catequesis, visitó enfermos en los hospitales, presos en las cárceles. Ejerciendo un fuerte liderazgo en la sombra a través de su carismática y sencilla presencia y sus actitudes motivadoras.

Tuvo siempre una palabra de esperanza para el desesperado, una sonrisa para el triste, un abrazo para el solitario. Puso concordia en los desencuentros, alegría del desánimo, serenidad en el desasosiego y fe en las dificultades.”

Lo recordaremos por esa forma que tenía de descargarnos de nuestras preocupaciones o de cómo nos infundía confianza a cada uno de nosotros haciéndonos ver que en ese momento éramos lo que más le importábamos, o por su silencio lleno de cariño cuando no tenía respuesta para darnos, o cuando las respuestas oficiales a nuestras inquietudes tampoco le convencían a él.

También Fabián nos trajo el aire fresco y comprometido de los que hacen de su fe una apuesta clara y decidida por los más desfavorecidos: el grupo de curas de Vallecas, las comunidades de base, las comunidades populares, los grupos de base latinoamericanos y africanos y a todos los nuevos santos y en especial a Oscar Romero.

Como dijo Julio Lois en la misa que le celebramos en Fontarrón, Fabián es de esas personas que, por su ejemplo, despierta dentro de nosotros un fuerte deseo de ser cada día mejor.