Araceli Caballero, periodista y filóloga (además de componente del consejo de redacción de alandar desde sus inicios), acaba de publicar en la editorial Intermón-Oxfam «Protozoos insumisos», un viaje caústico y educativo por las entrañas de un sistema que, como el capitalismo, fagotiza a todo lo que se topa en su camino. Incluso a quién lo pone en solfa. Araceli sabe de lo que habla: lleva dos décadas trabajando en organizaciones sociales vinculadas a la defensa de los derechos de la gente que habita el Sur pobre del planeta. Y lo plantea de un modo que rasca conciencias. Si hubiera que resumir su mensaje éste se convierte en una propuesta seria y provocativa para reorientar el consumo responsable y convertirlo en un arma política, que suele estar «cargada de futuro».

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¿Se puede lanzar una mirada guasona sobre las miserias de este sistema?

Justo estaba viendo la programación del Teatro Nacional de Cataluña y he visto con gran gozo que ponían «El traje nuevo del emperador». Yo creo que lo que más desnuda es el humor. Ya me gustaría a mí ser más ácida y ponerle más humor a la cosa. Es la mejor manera de que se enseñen las vergüenzas de situaciones que son muy vergonzosas.

¿El que escribe empleando la ironía, en estos tiempos no se arriesga a que le entiendan la mitad de la mitad?

No lo sé. No siempre el mensaje que se interpreta es el que una tiene en la intención: o por torpeza, por mala puntería… Son los riesgos de la comunicación. Sí, es un riesgo pero yo, como dice Carlos F. Barberá, “lo que no es divertido, cada vez me interesa menos”.

Pintas a los terrícolas como protozoos, pequeños microorganismos que dedican la mayor parte del tiempo a tragar: recursos, valores, otros seres humanos, y sobre todo, a la Madre Tierra. ¿De verdad que nos ves así?

Yo a los que retrato como protozoos no es a los humanos sino a quienes alimentamos, habitamos y sufrimos la sociedad de consumo. O sea, que yo quiero retratar a quienes, como sucede con una forma primaria de vida, centran su existencia y su identidad en consumir, tragar en el sentido literal y figurado. He pretendido ponerle un nombre para quién lea el libro, se vea reflejado en ese espejo y no le guste le sirva como incitación al cambio.

La crisis nos obliga a apretarnos el cinturón a todo hijo de vecino. ¿Sabremos aprovechar lo que nos enseña este tiempo al obligarnos a pensar y vivir desde una mayor austeridad?

A mí, con esta crisis me pasa como con la regla y la menopausia: que me parece que tienen mucha literatura. En la sociedad de consumo todo se convierte en un objeto consumible. Esto nos lo empaquetan en un mensaje que le conviene al poder y aquí estamos debatiendo la crisis que ya se escribe con mayúsculas, y casi nunca desenvolvemos el paquete. El sistema lleva ya en crisis desde hace mucho tiempo, y me temo que la lectura que nos hacen tragar es la que lleva a aceptar que los cambios, si los hay, deben ser pequeños. La vida está llena de ocasiones para cambiar. Si la conclusión que sacamos es que la gente que tenga dos coches diga ¡Oh cielos, en vez de dos ahora me toca tener sólo uno!, la conclusión será: ¡sálvese quién pueda! En la medida en que miremos alrededor y nos demos cuenta de que hay mil millones de seres humanos que pasan hambruna, entonces la crisis habrá servido para algo.

La austeridad impuesta o elegida es una oportunidad para vivir de un modo distinto. En el Evangelio hay claras alusiones a tomar voluntariamente ese camino de vida.

La austeridad, que tiene mala prensa en este sistema que ansía lo contrario, lo que significa es, sencillamente, atenerse a lo que hay. Y a mí esto me hace pensar en esa frase que se atribuye a Jesús de “La verdad nos hará libres”. Esto es liberador. Llenarse la vida de objetos y de obligaciones para comprar los objetos, no es la mejor manera de ser feliz.

Utilizas el término insumisión, que en otro tiempo quedó ligado a la rebeldía frente al servicio militar obligatorio. ¿Acaso se acabaron las grandes luchas y ahora sólo nos queda gritar: ¡consumidores del universo, uníos!, y así meterles presión a las multinacionales?

No creo que se haya acabado el tiempo de las grandes luchas. Para mí, la más grande es pelear por que haya sitio y oportunidades para lograr que todo el mundo sea feliz. Eso debe ser el Reino de los Cielos, que no sé si está cerca o lejos pero que sí está dentro de nosotros. Esa es la gran lucha: que todo el mundo quepa y bien.

¿No se echan en falta más gente con actitudes insumisas?

Yo, al menos, no he conocido otro tiempo en el que fuéramos más insumisos. Cuando oigo a gente lamentándose de lo buenos que fueron los tiempos pasados, pienso que no debieron ser tan buenos cuando dieron como fruto éste, en el que hay de todo. Y en los pasados también. El sistema cambia, un poco porque se le empuja y otro poco por que a los que detentan el poder les conviene. Así podríamos analizar el por qué del fin del servicio militar o de la colonización.

Anda que no se han escrito libros denunciando las plagas que nos asolan. ¿Qué aporta, tu mirada crítica como novedad?

No creo que haya descubierto el hilo negro con este libro. Lo que he pretendido es hacer una lectura sistémica del consumismo y de la rebelión práctica contra el consumismo. Y en ese sentido me gustaría aportar una visión política del consumo responsable. Éste tiene una potencialidad política increíble de cambio de sistema. Si nadie es consumista, este sistema se cae. Todos somos conscientes de la potencialidad que tiene para el sistema la defensa del medio ambiente y de la solidaridad. El capitalismo nos trata como al cerdo: lo aprovecha todo en su beneficio. En ese sentido tenemos que andar muy alerta.

Del repertorio de desgracias que describes, ¿cuál crees que es la más grave, la que acabará, si no lo remediamos con nuestra civilización?

La indiferencia terminará acabando con nuestra civilización. Ahora mismo el sujeto político es el consumidor. Si ejercemos la ciudadanía, estupendo. La indiferencia, política y misericordiosa, nos convierte en protozoos sumisos. Necesitamos que nos duela el dolor de la gente.

Y las gentes que seguimos a Jesús de Nazaret, que vivimos de los sueños ¿qué papel deberíamos jugar en la búsqueda de soluciones?

Recuerdo a menudo una frase de San Pablo que dice: “Hacedme todo para todos para ganar a algunos para Cristo”. Pues, todo. Tenemos que pringarnos todo lo que se nos ocurra con pasión y con inteligencia.