Neobloguero apenas llegado a la cuarentena, Gonzalo Fanjul es uno de los mejores expertos en la lucha contra la pobreza en nuestro país. Lo que comenzó con una experiencia de estudiante, colaborando con el Hogar de Cristo en la población marginal de La Pintana, en Santiago de Chile a primeros de los 90, se convirtió en una pasión profesional. Desde entonces, la investigación sobre las políticas contra la pobreza ha sido protagonista en su vida y tanto su experiencia como cooperante en Perú como su paso por Harvard han sido hitos de una trayectoria caracterizada por las misiones imposibles. Durante muchos años participó como investigador de Oxfam en campañas por un comercio mundial más justo, por la alimentación de calidad para todas las personas o por unas políticas migratorias más inteligentes y eficaces.

Este año ha dado un salto profesional después de más de 15 años en Oxfam. ¿Cómo se ve la vida desde el mundo real?

Con un poco de frío, porque siempre sientes que te falta algo. Oxfam es una organización muy avanzada, muy poderosa y escribir un informe con todo ese respaldo, trabajando con la fuerza de toda la red, es muy gratificante. Tiene un modelo propio, muy vanguardista. He encontrado fuera experiencias muy interesantes, muy atractivas, con mucho potencial, pero no es posible compararlas.

Con motivo de este cambio, ¿surgen nuevos temas de investigación?

Por supuesto, algunos no son nuevos, son nuevos para mí. Pero, por ejemplo, en IES global estamos entrando con mucho más detalle en salud global, malaria, mortalidad infantil, nuevos mecanismos institucionales, iniciativas público-privadas novedosas… Y luego, es muy interesante conocer modelos diferentes de organización, otras formas de hacer las cosas.

¿Ha cambiado mucho en todo este tiempo?

Ahora, la verdad, estoy en un momento francamente pesimista. Con la experiencia de la llegada del nuevo gobierno y el desmantelamiento de la cooperación, no estoy seguro de que haya cambiado nada fundamental. No desde el 95, desde las batallas a finales de los 90 para incrementar la calidad de la ayuda, no sólo la cantidad… En realidad todo está volviendo: aparentemente la cooperación ha avanzado mucho, pero lo fundamental no estoy seguro de que haya cambiado tanto. No ha cambiado la idea de la mayor parte de la población de que la cooperación al desarrollo es un apéndice, algo de lo que puedes prescindir como si fuera un accesorio. No hemos aceptado el papel de la cooperación, que forma parte de la manera de un país de entenderse a sí mismo, de relacionarse con los demás y que eso cuaje y permee las políticas. La cooperación bien entendida también es una herramienta política, social, que tiene una enorme fuerza.

¿Después de las tandas sucesivas de recortes, crees que habrá alguna diferencia en ese sentido entre el nuevo gobierno y el anterior?

Pues me parece que Zapatero lo creía sinceramente, estaba en esa idea, pero no llegó a trasladarla de ninguna forma a políticas reales, por lo cual no ha servido de mucho. En cambio, ahora no se ve ninguna voluntad, ni siquiera teórica, en esta dirección. En el blog 3.500 millones (http://blogs.elpais.com/3500-millones/) estamos siguiendo la formación del gobierno en este sentido y es muy decepcionante.

Hablando del blog, ¿cómo nació 3.500 millones y su antecedente “Ideas irreverentes contra la pobreza”?

Yo tengo que decir que he sido empujado en todas las fases de este proceso. Nada ha dependido de mi iniciativa. Intuí la importancia de los blogs antes de irme a Estados Unidos, cuando hicimos el primer intento en el departamento de investigaciones de Intermón Oxfam. No lo integramos en nuestra rutina diaria y se convirtió en una carga. Del mismo modo que cuidamos una rueda de prensa, un informe o una nota de prensa, teníamos que aprender a conocer el blog, cuidarlo, atenderlo… Pero no supimos hacerlo bien. A la vuelta de Estados Unidos coincidí con Lula Rodríguez-Alarcón y fue quien me animó a poner en marcha un blog más personal, desligado de las cuestiones de la organización, que me daba mucha más libertad para decir todas las tonterías que digo. Así empecé “Ideas irreverentes contra la pobreza”, un blog que era un juguete, una herramienta de comunicación personal donde mezclaba opiniones políticas, juegos, tenía una vocación muy informal. Llegó a tener cierto impacto en el sector, aunque muy restringido. Luego supimos que durante dos o tres meses El País lo había visto y lo había seguido y ofrecieron llevarlo a su página de blogs.

¿Eso supuso tener que cambiar en algo la orientación?

No, tengo que decir que El País ha respetado la línea, el estilo, los temas y contamos con libertad absoluta: nunca han cuestionado ningún contenido. También hay que pensar que el blog no es ningún panfleto y que trabajamos con mucho rigor, con datos muy contrastados, con seriedad. Por eso existe una relación de confianza. Eso sí, ahora, la orientación es menos personal y es un blog profesional, con una o dos entradas diarias. Durante la cumbre de Durban sobre cambio climático escribíamos sobre todos los temas y teníamos, además, una o dos entradas diarias de José Luis García Barahona, que seguía la cumbre día a día. Pero El País no ha hecho más que apoyar y magnificar el espacio del blog.

Esa es otra bandera del blog: la gran calidad de quienes colaboran, que escriben desde todo el mundo.

Sí, cada vez tenemos más colaboradores y son todos profesionales, con experiencias y formaciones diversas, que escriben en 500 palabras y acabamos teniendo una combinación de argumentos, historias, ejemplos…

Pero, aunque sea un blog profesional, está muy orientado a movilizar a la gente, a dar argumentos…

Sí, yo creo que es sobre todo una ventana al activismo. Velamos por los contenidos y la calidad, desde la oportunidad hasta la ortografía. Claro que es un blog de activistas contra la pobreza, en el que se incluye también el activismo intelectual. Pero en cambio no es un blog académico, como el de José Ignacio Torreblanca, Jesús Núñez u otros. La idea del blog es, sí, compartir elementos importantes e interesantes que puedan servir a los activistas de la pobreza.

¿Le ha sorprendido la respuesta?

Las cifras son impresionantes, francamente. Pensar en cifras de visitas de decenas o incluso centenares de miles… Pero las cifras no son lo más importante, sino el diálogo, los comentarios, la participación, tener la sensación de que se lee bastante, se comenta… Tienes la sensación de que puedes aportar algo, apostar por personas, o por partidos, cuando hacen cosas que merecen la pena, o crujirlos sin piedad, en caso contrario. Se trata de que la gente pueda tener una perspectiva diferente, informada, que nos perciban como aliados para hacerse su propia idea y actuar. Para eso es importante no perder la frescura, el humor, la ironía. Y exige horas de trabajo, no sólo para escribir, sino para leer los comentarios y sacar conclusiones.

¿Las organizaciones y movimientos sociales están haciendo lo que deben ante la crisis? ¿Se les puede recriminar su falta de visión y su tardanza en reaccionar?

Son dos preguntas diferentes: la respuesta a la primera es no y a la segunda es sí. También hay que distinguir claramente entre las organizaciones y los movimientos. Las organizaciones sociales están un poco descolocadas. En cambio, en los movimientos hay iniciativas que están cuajando, me parece que se está construyendo un movimiento fuerte en torno a la denuncia de los CIES (Centros de Internamiento de Extranjeros) donde se vulneran de forma increíble los derechos humanos, igual que están surgiendo movimientos muy focalizados en la cuestión de las hipotecas y desahucios. Esto surge como movimiento y tiene un desarrollo interesante, mientras las organizaciones están con el pie cambiado. Es una muy buena oportunidad para reconsiderar la estrategia, la razón de ser de la sociedad civil en España. En cambio, hay organizaciones que nacieron a partir del 95, cuando eclosionaron los fondos de cooperación por parte de las comunidades autónomas y que no saben vivir sin el apoyo público, por lo cual es difícil que puedan adaptarse a las necesidades actuales.

Su blog fue pionero en promocionar la manifestación del 15M y hablar de Democracia Real Ya. ¿Qué vio en ese movimiento antes de que hiciera eclosión?

De nuevo no fui yo, sino empujado… He ido matizando mi posición, no es que participe activamente en este movimiento pero me parece que tiene una importancia enorme. Algunas de las propuestas, si las miras con detenimiento, a veces son para echarse las manos a la cabeza –como la de organizar un referéndum antes de aprobar cada directiva europea-, pero la importancia fundamental, para mí, es la capacidad de la gente de ponerse en movimiento, de hacer algo distinto.
¿Hacia dónde cree que puede evolucionar un movimiento de este tipo?
Yo creo que es una forma de despertar: va a haber una movilización social que no sustituya lo que el Estado hacía antes, sino que exija al Estado. La ciudadanía en marcha puede conseguir una corrección no a una sociedad civil anestesiada, sino que cojamos lo mejor de cada casa, que exijamos al Estado que cumpla lo que tiene que cumplir, pero que recupere el sentido, la esencia de la sociedad civil y que organizaciones de todo tipo, como Proyecto Hombre, por ejemplo, estén cerca de la calle. Que no sean contratistas de proyectos sociales sino que recuperen lo que deben ser como organizaciones.

¿Hay espacio para esto y es posible conseguirlo?

Hay muchos ejemplos. Por ejemplo, estoy trabajando con un innovador social, Miquel Bruscas, que está obsesionado con el despilfarro de alimentos. El 25% de los alimentos se desperdicia y, al mismo tiempo, en Caritas la demanda de alimentos se ha multiplicado por cuatro. Familias de clase media, o media-baja, que dicen: “Nunca en mi vida pensé que tendría que venir a pedir alimentos”. La pregunta es: ¿cómo vincular los alimentos que se irían a la basura con las necesidades de la población? Una apuesta sería crear supermercados sociales, que combinen consumidores tradicionales con consumidores en necesidad que puedan acceder a productos de la canasta básica –como los de limpieza, que actualmente son un problema- a precios o en condiciones asequibles. Para mí, ese ejercicio de creatividad es lo fundamental: estimular la capacidad de la sociedad de hacer surgir ideas nuevas, soluciones a los problemas.

Uno de los caballos de batalla del blog son las migraciones. ¿Es un territorio donde parece que los gobiernos no saben lo que hacen o donde la ciudadanía no sabe lo que está pasando?

En este terreno, caminamos hacia la idiotez y la inmoralidad completa. Estamos disparándonos en los pies constantemente. La rigidez del sistema migratorio es mala para los tiempos buenos, porque cuando hay trabajo pone difícil contratar a las personas por simple problema administrativo y trabajadores que podrían estar aportando al sistema están trabajando fuera de él y sin los derechos que les corresponden. Pero es muy mala para los tiempos malos, porque atrapa a la población que inmigra, que no se atreve a volver a casa porque le ha costado mucho venir y piensa que no tendrá otra oportunidad aquí. Se estima que puede haber un milllón de trabajadores inmigrantes, el equivalente a la población de la Comunidad Valenciana, que no pueden volver a sus casas, que viven en un limbo de derechos, que no se atreven a llevar a sus niños a la escuela para no ser detectados…

¿Por qué los gobiernos no se dan cuenta de que están actuando de forma poco inteligente en este ámbito?

Los gobiernos se ven obligados a aparentar mano dura ante la sociedad. Rubalcaba puso en marcha todo este sistema de las redadas y los centros de internamiento para demostrar que el PSOE era capaz de tener mano dura. La sociedad no considera que esto sea un problema, pero hay que ver los comentarios del blog cada vez que tratamos este asunto: la gente hace una distinción radical entre lo que considera legal y lo que considera ilegal. Y para las personas que son “ilegales” el tratamiento está claro: no tienen derecho a nada. En la práctica, lo que da miedo es que el sistema ha generado una sociedad de objetores de conciencia. Les parece que el sistema que hay va bien, pero no tienen ningún empacho a contratar un inmigrante ilegal o comprar en una tienda donde evidentemente están vendiendo trabajadores irregulares. La gente exige un modelo, acepta que es impracticable y convive con él.

¿Qué propone 3.500 millones en este momento de crisis?

Conseguir que se entienda el asunto, que se reflexione sobre él. El objetivo del blog es denunciar la inmoralidad del sistema y mi objetivo es desmontar los mitos enraizados sobre la inmigración en España: las razones por las que la gente viene y se queda. Desaprovechar estos años es desaprovechar una oportunidad: como hay menor presión migratoria, la radiactividad es más baja y se puede permitir un proceso de reflexión más inteligente.