Foto. Faro de VigoAndrés Torres Queiruga se acaba de jubilar y aparecen homenajes, entrevistas, ensayos. Ante esta jubilación, ¿cuál es el sentimiento que más predomina en usted, Andrés? ¿La felicidad -ese júbilo de la etimología latina- o quizá el de nostalgia?

Un poco de todo. Una sensación de normalidad. Parece que las cosas no van conmigo. El principal: una sensación de continuidad, acaso algo más libre para dedicarme a ciertos proyectos pendientes.

Por cierto, ¿quién es quien se jubila: el profesor universitario, el teólogo, el sacerdote o la persona?

La sensación de continuidad es, ante todo, de la persona. La jubilación la noto, sobre todo, como profesor, pues ahí el cambio es radical.

Es un buen momento para hacer balance. ¿De qué se siente íntimamente más satisfecho, más feliz, más realizado? ¿Qué es, por el contrario, lo que percibe como pendiente, como inacabado, como insuficiente?

Sin duda mi mayor satisfacción está en la realización de mi labor teológica. Creo que ahí he ido encontrando mi tono y perfilando un mensaje que ante todo fue liberador, incluso para mí. Me queda pendiente la realización de algunos proyectos teológicos. Uno nunca sabe ni se estará a la altura ni si habrá tiempo para realizarlos. Sobre la insuficiencia, la que más noto es el malentendido de alguna oficialidad eclesiástica que, con informes torcidos, hicieron que se enfocaran mal, muy mal, tanto mi teología como mis intenciones. Pero tengo la alegría íntima de comprobar que allí donde esto no existe, soy bien, muy bien, comprendido y acogido.

Resulta imposible separar su trayectoria, su evolución, de la propia historia reciente de la Iglesia y, más en concreto, de la siempre pendiente Iglesia gallega. ¿Qué diría que pudo ser y no fue en la suya, en nuestra Iglesia?

Desde el pontificado de Quiroga Palacios nuestra Iglesia gallega no acaba de encontrarse a sí misma. Se perdió la oportunidad del Concilio Pastoral de Galicia. Se perdió la ilusión de la Asamblea Conjunta. No se emprendió ningún plan pastoral que, de verdad, quisiera preparar un futuro creativo. Desde el paso de Suquía desapareció todo proyecto ilusionante. Calma, sin verdadera esperanza.

¿Qué es más fácil de llevar: un teólogo cristiano dentro de la institución universitaria o un profesor universitario de filosofía dentro de la Iglesia institución?

Ninguna de las dos tareas resulta fácil. Pero no cabe negar que la Universidad crea un espacio mucho mayor de libertad intelectual. Debo decir, así y todo, que antes y después he mantenido el mismo tono y la misma libertad en mi trabajo teológico. Hay avance pero no cambio de dirección en mi obra. Nunca he escrito nada que no pensara y, menos, en el que no creyera..

Háblenos de sus grandes e irrenunciables referentes.

El primero, interpretar todo, absolutamente todo, desde un Dios que, creando por amor, no busca ni su “servicio” ni su “gloria”, sino sólo y exclusivamente el bien y la realización humana. El segundo, trabajar juntos para mostrarlo. A nivel teórico, renovando la teología con la idea de un Dios totalmente entregado a nuestro bien y, por eso mismo, que no es intervencionista ni necesita de que lo informemos o lo tratemos de convencer con una oración y con una liturgia no debidamente actualizadas. A nivel práctico, apoyando y promoviendo todo aquello que ayude a la humanidad, empezando siempre desde abajo, desde los pobres, marginados y sufrientes: hay muchas creyentes y muchos creyentes empeñados en eso con una enorme generosidad, ellas y ellos deberían ser los grandes referentes eclesiales. El tercero, en el que no me puedo extender aquí, es el de (re)establecer una verdadera relación entre religión y moral: tengo la impresión de que un mal enfoque en este punto está impidiendo hablar de Dios y de su verdadero sentido en nuestra vida, con la consecuencia de grandes deserciones de personas que por “falsos escándalos” en la moral no comprenden el verdadero sentido da fe.

No se puede hablar de su obra sin tener presente la revista Encrucillada, de la que es fundador. ¿Cuáles piensa que son el presente y futuro de la teología gallega y española? ¿Se puede hablar de una futura “escuela queiruguiana”?

Encrucillada es un pequeño milagro en un panorama muy desasistido. La teología está en un período bajo. Pero el viento del Concilio sigue ahí: reavivará las ascuas. Y hay una esperanza que a mí me impresiona cada vez más: la cantidad enorme de laicos y laicas que están a estudiar teología. De ahí saldrá algo joven, no previsible aún, pero que espero muy renovador y fecundo. Sobre lo de la “escuela” me resultaría ridículo no sólo hablar sino incluso pensarlo. Del que sí tengo casi seguridad es de que algunas de las ideas que propongo acabarán siendo muy generalmente aceptadas: no porque las proponga yo, sino porque están en el ambiente, acaso sin formular.

Muchos tuvieron presente a Torres Queiruga a raíz de la polémica de este año, cuando se comenzó a hablar de una posible condena de algunos de sus posicionamientos teológicos. Hubo polémica y manifiestos de apoyo. ¿Cómo ve ahora toda aquella polémica? ¿Piensa que pode resurgir en algún momento?

Creo que el claro contraste entre la amenaza y los apoyos refuerza lo que he dicho antes. En el fondo está aquel malentendido oficioso. Tengo la esperanza de que ese lío, que considero absolutamente injustificado, se apague por sí mismo y acabe de una vez.

Torres Queiruga es, sin duda ninguna, uno de las figuras singulares de la cultura y de la lengua gallega actual. Miembro de la Real Academia Gallega y del Consello da Cultura Gallega. No sólo con sus escritos, sino también en la calle, como se lo vio detrás de una pancarta de una marcha en defensa de la lengua gallega. ¿Qué importancia tiene publicar su obra en gallego?

Publicar en gallego es para mí consecuencia evidente de ser gallego y vivir en Galicia. Me parece que no tiene ningún mérito. Si acaso una llamada de atención a la situación duramente anormal de nuestra Iglesia a este respeto. La lengua tiene un porvenir difícil, que pide el compromiso de todos. La Iglesia no cumple; creo, y me cuesta decirlo, que retrocedió. El gobierno, lo mismo. En ninguno de los dos casos pienso en un mala intención subjetiva, pero sí en un muy falso diagnóstico que está haciendo un daño tremendo a las entrañas de Galicia; daño político y religioso.

“Llega Queiruga a las puertas del cielo” -estas cosas pasan- “y San Pedro le dice: oye, Andrés, me dice el Santo Padre/Madre, el de verdad, que para pasar tienes que resumirme en dos párrafos la esencia de tu discurso sobre Dios, la humanidad y la salvación”.

Diría algo así: “Querido Pedro, casi colega, porque soy hijo de marinero; mi salvoconduto no llega a dos párrafos; basta con uno que casi no me atrevo a pronunciar: intenté decirle a la gente que ‘Dios sólo sabe, sólo quiere y sólo puede amar’”.