En Alandar, como en tantos otros entornos, hemos recordado y celebrado el pasado 1 de julio el 15º aniversario de la aprobación de la reforma del Código Civil que permitía en nuestro país el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Hemos recordado lo que significó para todos, como ciudadanos: un paso importante en el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos y cómo lo vivimos junto al colectivo LGTBI como triunfo de todas y todos, después de tantos años de lucha, entretejida con historias de dolor y esperanza…

También, iniciado el verano, supimos de las agresiones recibidas en la sede de CRISMHOM (Comunidad cristiana Ecuménica LGTBI+H, de Madrid). En solidaridad con ellos, hemos querido conocer su valoración del aniversario y el momento que viven actualmente

por Pepa Moleón

Fanny y Raúl, de CRISMHOM

Gracias, antes de nada, por vuestra disponibilidad.

Para los lectores que no os conozcan, ¿cómo y cuándo surge CRISMHOM y con qué fines?

CRISMHOM es una comunidad cristiana ecuménica de personas LGTBI+H (es decir, que hay también heterosexuales entre nosotros y nosotras) surgida hace 14 años. Aunque se trata de una asociación civil registrada y declarada de utilidad pública, su nacimiento coincidió con el día de Pentecostés, y ese no es el único signo que nos hace pensar que este es más un proyecto de Dios que de nosotros.

Nuestra principal labor es la normalización de la realidad LGTBI cristiana. Es decir, mostrar a dos mundos que desde siempre se han visto como incompatibles (el de las diferentes iglesias cristianas y el del colectivo arcoíris) que se puede, al mismo tiempo, ser creyente y tener una orientación afectivo-sexual y de género distinta a la que habitualmente se entendía como la única posible.

Además, nos encargamos de acoger y acompañar a personas que quieren sanar su dolor interno por los rechazos sufridos, de denunciar actitudes de exclusión, violencia, u odio, de crecer espiritualmente en comunidad.

En resumen: ponemos en práctica el Evangelio, especialmente en la comunidad LGTBI de Madrid y en las iglesias cristianas.

¿Cuáles han sido los hitos o momentos más significativos para vosotros?

Ha habido varios, y de hecho para CRISMHOM es fantástico que cualquier persona sienta el amor de Dios dentro de sí, se (re)convierta y crezca en su relación con los demás a través del Señor. Así que, por suerte, en nuestras oraciones ecuménicas, eucaristías, celebraciones de la Palabra, formaciones, retiros, convivencias o participaciones en el Orgullo, disfrutamos a menudo de esos pequeños grandes “éxitos”.

Por otro lado, a nivel comunitario hemos vivido momentos muy duros, como ataques contra nuestra doble realidad afectiva y cristiana tras la Vigilia contra la LGTBIfobia de 2018 -celebrada en una parroquia de la Diócesis de Madrid-, el silencio de las instituciones religiosas ante esos ataques, o también la expulsión de la Iglesia Evangélica Española del Consejo de Iglesias Evangélicas por no excluir a las personas LGTBI de su seno.

Encaramos esos momentos con fe y esperanza, y por suerte contamos con muchos más que nos provocan una tremenda alegría: la posibilidad de abrir un local en el corazón del barrio de Chueca (gracias a una benefactora que quería elevar el nivel espiritual del barrio); la multitud de movimientos eclesiales y laicales que se acercan a conocernos con cariño (comunidades jesuitas, religiosos y religiosas católicas, pastores, medios de comunicación creyentes, grupos como Mujeres y Teología, Revuelta de Mujeres en la Iglesia…); nuestra federación en España con otras asociaciones LGTBI (FELGTB), o a nivel mundial con otras comunidades creyentes (Fórum Europeo de entidades LGTBI cristianas, Red Global de Católicos Arcoíris); libros donde se muestra y apoya nuestra realidad (‘Tender un puente’, ‘Homosexualidades y cristianismo en el s. XXI’, ‘Caminos de reconciliación’, y un largo etcétera)

¿Cómo es vuestra relación, como colectivo, con el resto del movimiento LGTBI?

Comenzamos siendo “los bichos raros”: un grupo de personas creyentes en medio de un colectivo que había sido tan maltratado por la Iglesia provocaba en los inicios mucho recelo, burla e incluso desprecio.

Sin embargo, con paciencia y actitud cristiana, estos 14 años nos han posicionado como un grupo más dentro del colectivo arcoíris, ahora muchas otras asociaciones cuentan con CRISMHOM y nos ven como una realidad más a defender.

Además, no somos la única comunidad LGTBI creyente de España ni del mundo… Sólo en nuestro país contamos con comunidades “hermanas” por toda la geografía: Ichthys, Betania, Acgil, Chrismur, Anawin, y muchas otras.

Como mujeres y hombres cristianos, ¿cómo os sentís en la iglesia como referencia general?

Sabemos que no somos mayoría en ninguna iglesia cristiana, pero sí somos, especialmente en la católica, un faro, una voz, que puede remover conciencias y ayudar a muchas personas, heterosexuales o LGTBI, a sanar, a comprender y vivir el amor de Dios desde una perspectiva más completa y evangélica.

Recientemente se ha hablado de CRISMHOM en el Sínodo de los Jóvenes que se celebró el pasado año en el Vaticano.

Poco a poco vamos siendo más conocidos, y lo mejor de esto es que muchos hombres y mujeres que sufren en la oscuridad van a recibir un rayo de luz y esperanza. Para nuestra pequeña comunidad, cada persona que consigue aceptarse e integrar sanamente su orientación afectiva y su fe, es un éxito enorme a celebrar.

Siguiendo el título del libro del jesuíta James Martin, ‘Tender un puente’, desde vuestro punto de vista, ¿qué puentes deberían ser tendidos? ¿percibís avances en ese sentido?

Las iglesias son instituciones muy antiguas y consolidadas, y por tanto sus engranajes suelen estar ya algo oxidados… Eso hace que los cambios sean lentos, porque marchan a menor velocidad que la sociedad que les rodea.

Somos conscientes de que la paciencia, sin perder la reivindicación, es importante.

Desde muchas comunidades de base, esos puentes ya existen. Quizá sólo hay que seguir rezando para que las jerarquías pierdan el miedo que les paraliza y comiencen a vivir en serio el mensaje de Jesús, a poner por delante el amor a Dios a través del respeto, la tolerancia y la integración, antes que el inmovilismo para mantener una tradición que responde a parámetros ya desaparecidos.

Además de a vuestro colectivo, ¿tenéis experiencias de pertenencia a comunidades, parroquias, movimientos de iglesia…? ¿Cómo es esa experiencia?

CRISMHOM no es ninguna iglesia aparte, mucho menos un grupo cerrado, por ello es una alegría que las personas que formamos la comunidad nos veamos enriquecidas, además, por nuestra labor en otras comunidades, del tipo que sean: parroquias, grupos de caridad, ONGs, comunidades de Fe…

La participación en esos grupos es muy enriquecedora para todos: en primer lugar, para la persona concreta, que se nutre de diferentes fuentes para su vida de Fe; también para CRISMHOM, por la difusión que conseguimos entre otros grupos; y por último, para el crecimiento de esas otras realidades, que tendrán la ocasión de abrir su mente y su corazón, de amar al prójimo, y estarán más preparadas para acoger sanamente a las nuevas personas LGTBI que acudan a ellas en el futuro.

¿Encontráis en el Evangelio propuestas, valores, especialmente relevantes que os hayan dificultado… o ayudado en vuestra experiencia de fe?

El Evangelio es maravilloso, totalmente inclusivo. No hay en él más que Amor. Desde esa perspectiva, no podemos encontrar nada en la Palabra que nos dificulte la labor. La actitud de Jesús es nuestra guía, y ojalá lo fuera de toda persona creyente. No haría falta mucho más, en realidad, para hacer de este mundo un lugar acogedor y cómodo para vivir.

En la figura y las palabras de Jesús encontramos nuestra defensa y nuestra dignidad. Pero también en el resto de libros de la Biblia vemos que hay un Dios que nos ama, con un amor intenso e inmenso, que va más allá de prejuicios, convencionalismos o normas humanas. Los textos que aparentemente condenan nuestra condición afectivo-sexual y de género han sido tergiversados durante siglos y siglos, para justificar una discriminación hacia nuestro colectivo, al igual que hacia otros grupos humanos que “no encajaban” en la idea de sociedad de cada época.

En el Orgullo Mundial de 2017, nuestro lema fue: “Ames a quien ames, Dios te ama”.

¿Cómo habéis vivido en estos quince años la posibilidad de matrimonio en vuestro colectivo?

Con mucha alegría y esperanza, ya que el matrimonio es un derecho fundamental, que iguala nuestra situación como personas. Hay que cuidarlo y procurar que no se experimente un retroceso en ese derecho.

Además hay que seguir apostando por el avance en otros derechos que están ahí pero no se pueden ejercer: mejorar la dura realidad de las personas transexuales, conseguir el fin de la invisibilización de las personas bisexuales o las intersexuales, la adopción, una educación inclusiva y tolerante, etc.

Como cristianos LGTBI, ¿qué os gustaría que sucediera en los próximos años en la Iglesia, en la sociedad…?, ¿Con qué soñáis?

Nuestro sueño es el sueño del Evangelio. Nuestra meta es conseguir un mundo más tolerante, más pacífico y más lleno de Amor de Dios.

Un mundo donde nadie sea excluido por amar, sin importar a quién, ni tampoco por expresar su Fe en Dios.

Y no vamos a parar hasta conseguirlo.

Pedimos a las iglesias, y especialmente a los y las creyentes, que abran sus ojos y su corazón. Que cese la exclusión y el odio de cualquier tipo a las personas LGTBI. Que se reconozca su dignidad, su valía y su Fe, regalo de Dios que ninguna estructura humana puede quitarles.

También queremos que la sociedad comprenda el valor de la Fe, que redescubra la alegría del Evangelio, y que sea (aún más) tolerante e integradora.