Yo, que he ejercido de párroco en tres parroquias distintas, las tres bastante vivas y con un estilo comunitario, he mantenido que mi trabajo era parecido a hacer encaje de bolillos. Se trataba de lograr que personas con edades, formación, mentalidades y talantes distintos pudieran interactuar y celebrar juntas. Y además quererse. Pues si eso se puede decir de una parroquia, qué será si se piensa en la Iglesia universal.

Teóricamente se trata de una gran multitud de personas que ha decidido seguir el camino marcado por Jesús, pero el Maestro en absoluto era amable con sus seguidores: “vende lo que tienes y dalo a los pobres”, “al que te pida, dale”, “quien no deja a su familia por mí, no es digno de mí”, “alegraos cuando os persigan”, “ay de vosotros, los ricos” y así sucesivamente. Ya los discípulos decían y en modo alguno les faltaba razón: dura es esta doctrina, ¿quién puede escucharla?

Me gusta cada vez más la distinción que hacía el teólogo Jossua entre la esencia y el espectáculo.

¿Cómo se traduce en la práctica esta voluntad de seguimiento y esa radicalidad del mensaje? Son muchos los que se sienten atraídos por la figura de Jesús y deciden hacerse sus seguidores. De entre ellos algunos se lo toman verdaderamente en serio y organizan su vida de acuerdo a sus palabras. Yo mismo escribí un libro con cincuenta historias de esos “santos”, que me resultaron ciertamente fascinantes. El resto somos una gran masa de pequeños burgueses con una lejana referencia a Jesucristo, lo que ciertamente nos ayuda a ser buenos, amables, tolerantes, solidarios en alguna medida y poco más.

Toda esta reflexión viene a cuento de lo siguiente: muchas veces me encuentro con católicos que se manifiestan incómodos con su Iglesia. Hablar de ella consiste siempre en criticar declaraciones episcopales, estilos de colegios católicos, actitudes de determinados curas… Yo estoy de acuerdo con esas críticas pero mi asentimiento va unido a la vez a una pregunta inexpresada: ¿y qué es lo que tú haces? ¿Qué hay en tu vida de la radicalidad del Evangelio? ¿Qué frases de Jesús puedes aplicarte literalmente porque las realizas?

Después de tantos años de catolicismo militante, no creo que en el futuro las cosas vayan a cambiar mucho. Siempre habrá un Cañizares con posturas de extrema derecha, siempre habrá un Rouco al que parezca lógico vivir como un cardenal. Y por el otro lado también habrá clérigos como el que gritó ante las cámaras de televisión, en un acto sobre la libertad de expresión: “¡viva el c*** insumiso!” Es que son así, bastante desgracia tienen. Lo que les reprocho y lamento -pero también al ver la de muchos católicos críticos- es que no haya en su vida apenas nada de esa fuego del Jesús al que dicen seguir.

Por esta razón me gusta cada vez más la distinción que hacía el teólogo Jossua entre la esencia y el espectáculo. Si sigo siendo católico es porque la esencia de la Iglesia comunica fuego y Espíritu a lo que hago y ninguna otra organización puede hacerlo. El espectáculo me importa menos, aunque lucho por mejorarlo y me gustaría que fuera de mejor calidad y menos pasado de moda.

Tratando de atraer a la Iglesia a André Gide, Paul Claudel decía: “ne regardez pas la concierge mais entrez dans la maison” (no mires al conserje, sino entra a la casa). Procuro, pues, dejar a un lado a los conserjes Cañizares o Rouco o al del grito en televisión y, entrando en la casa,  fijarme y apoyarme en mis “santos”, en los muchos que veo a mi alrededor. Si tengo que hablar de la Iglesia, prefiero hablar sobre todo de ellos. Y aprender de su ejemplo dando gracias por el hecho de que existan.