Me aíslo porque te quiero,
porque me importas
más que yo mismo.
El ser más social
¡en su madriguera
por cariño!

¿Quién dijo que la solidaridad
es una actitud desusada?
Y sí, claro que hay villanos
pero a esos hay que aislarlos doblemente,
no más publicidad a esa minoría
débil y exasperada.

La inmensa mayoría
héroes
anónimos, tranquilos,
descubriendo el cara a cara
del teléfono, de los balcones,
de los wasaps, de los vídeos.
El cara a cara que es
lo más opuesto al “reenvío”,
a la noticia falsa,
interesada, ideologizada.

Qué bellos son
los abrazos virtuales,
poder sentir el afecto
en el más duro aislamiento.
No te toco para no herirte,
nos acariciamos en la distancia cero
de la separación física.
¿Lo entendemos?

Cuando el viento dé la vuelta…
con qué ganas
nos besaremos,
nos colgaremos del cuello
de los seres queridos,
socializaremos en las casas,
en los bares, en las terrazas.

Pasearemos por las calles
y exigiremos caminos.
Llegará pronto el momento
en que visitaremos juntos
a nuestros amigos,
a nuestros, familiares,
a nuestros vecinos,
a la gente que más nos necesite.

Aislados, sí, pero sin olvidar
que los vulnerables de siempre
ahora son aún más vulnerables,
que los pobres
aún son más pobres,
que los transeúntes
no tienen dónde confinarse.

Ahora es el momento
de protegernos unos a otros,
de mantener distancias
físicas pero no emocionales.
De sentirse tan cerca
como los labios en el beso,
como los dedos en la caricia:
a distancia,
pero nunca del corazón.

Mañana
necesitaremos
volver a cuidarnos
cara a cara,
mano a mano,
cuerpo a cuerpo,
porque eso será
lo que nos proteja
de la miseria,
del sufrimiento,
de la estupidez,
de la barbarie
y del miedo.


Ventana con Arcoiris. Foto: Manuel Martín Vicente
Ventana con Arcoiris. Foto: Manuel Martín Vicente