Concha López recibió el premio alandar de manos del entonces director Carlos F. Barberá. Desde alandar queremos recordar y homenajear a Concha López, gran amiga e impulsora de la revista en los primeros años, que ha fallecido esta semana. Misionera dominica desde 1956, a partir de 1975 empezó a explorar junto a otras compañeras nuevas formas de vivir el Evangelio con el espíritu del Vaticano II. Fue así como se instaló en el barrio madrileño de Canillejas junto a otras dos religiosas. Adquirieron tres compromisos básicos: trabajar para su sustento, vivir en una comunidad pequeña e insertarse en el barrio desde su carisma dominico. Esta última decisión tenía dos vertientes principales: una social, junto a la gente comprometida en el barrio; otra pastoral, en las parroquias cercanas, con jóvenes y personas adultas, intentando formar comunidades de base.

Antes de eso había sido directora durante años del Colegio Mayor Santa María del Pino y también provincial de las Dominicas del Sagrado Corazón en Canarias.

Concha apoyó mucho a nuestra revista, sobre todo en los primeros pasos. Los miembros de la comunidad de jóvenes de Canillejas, a la que acompañó como catequista, la recuerdan como un ejemplo de fuerza y personalidad. Junto a ella crecieron no sólo en edad, sino también en compromisos personales y sociales. Con ella compartieron los avatares de sus vidas, problemas, nacimientos, separaciones, viajes y diferentes compromisos. Concha fue para dicha comunidad el ejemplo de que “que se puede vivir de otra manera, que la utopía es posible, que la lucha por la construcción del Reino se hace aquí y ahora, cada día, con pequeñas acciones y, sobre todo, que esta forma de vida nos hace felices”.

En septiembre de 1999 alandar concedió el Premio a la Libertad. En en la revista recogimos aquel momento destacando que Concha había renunciado a su estatus dentro de la congregación y había cambiado una vida segura por otra más comprometida y profética, junto a las personas más débiles y marginadas. Concha vivió una vida acorde con su vocación de dominica y de cristiana enamorada de Jesús.

Portada del número de alandar en septiembre de 1999 donde se recogía la crónica de los premios de ese año.