Ha muerto, “como del rayo”, Javier Pagola. Coincidimos trabajando en Medicus Mundi, él en Pamplona, yo en la oficina federal. En una de nuestras primeras conversaciones telefónicas me dijo: “así que tú eres la Araceli de Alandar”, y sin necesidad de mayores concreciones se sobreentendieron más coincidencias más personales.

Lector fiel de la revista, varias veces le pedí que colaborara, pero entonces estaba muy comprometido con su trabajo y en tantas iniciativas para el bien común. Y le gustaba hacer las cosas bien; las hacía muy bien, con responsabilidad, con dedicación, con humildad, con constancia. Cuando se jubiló, su magnífica entrevista con alguna de las interesantes personas invitadas por el Foro Gogoa enriquecía cada mes la publicación. Siempre atento, algunos de los “santos” del santoral que durante un tiempo publiqué en Alandar estaban documentados por él, como S. Veremundo, que mi ignorancia creyó inventar para referirme al turismo y que él me reveló como existente con un folleto que guardo.

Javier Pagola el dia que recibió el Pañuelo de Pamplona-Iruñeco Zapia. Foto: Javier Bergasa. Diario de Noticias
Javier Pagola el dia que recibió el Pañuelo de Pamplona-Iruñeko Zapia.
Foto: Javier Bergasa. Diario de Noticias

Imposible una lista completa de los empeños de Javier: referente de la comunicación en Navarra, su informativo ‘Batzarre’ en Radio Pamplona fue una ventana de pluralidad en los primeros años de la transición; más tarde, en Medicus Mundi, cuya revista Sur es la mejor que conozco de cooperación. Publicaba asiduamente en Diario de Noticias. Ciudadano comprometido, participó en numerosas iniciativas, como las Aulas de la Tercera Edad, Comunidades de Cristianos de Base o el Colectivo Alaiz, entre otras,  y fue promotor del ya citado Foro Gogoa. Gran andarín, publicó dos preciosos libros de su querida tierra, Recorrer y contemplar los paisajes de Navarra – Nafarroako Paisaiak oinez eta begiz y Navarra por mil caminos, además de varios títulos de otro temas.

En 2017, el Ayuntamiento de su ciudad le concedió el Pañuelo de Pamplona-Iruñeko Zapia. Me lo contó entusiasmado porque fue acordado por unanimidad por todos los grupos del consistorio. En su entrega dijo que “tendríamos que ser intolerantes frente a la desigualdad, pero tolerantes con la diferencia”, una afirmación que lo retrata, como lo retrata su concepción de la comunicación: «comunicar es bastante más que informar. La comunicación tiene dos tiempos: escucha y respuesta».

En 2019 le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y el 21 de junio de ese año, con motivo del Día Mundial de la ELA, publicó “Un año con ELA”, un artículo en el que hacía pública su enfermedad y reivindicaba soluciones públicas: investigación y servicios de rehabilitación permanentes y domiciliarios para todas las personas enfermas de ELA. “He decidido —escribía— mirar de frente a lo que me ha tocado; no tiene ningún sentido engañarse”. Hasta el último momento intentó, como repetía, “vivir con la enfermedad, pero no para la enfermedad”.

Trabajar con Javier, además de una gozada por disfrutar de su persona y su complicidad, fue muy enriquecedor, para mí y estoy convencida de que para todo aquel equipo de Medicus Mundi. Javier es (no estoy dispuesta a reducirlo a un era) un espléndido periodista y una buena persona. Por el perfil que Jesús Barcos ha publicado en Diario de Noticias me entero de que le preocupaba morirse ahora y que fuera mucha gente a su funeral. Así es Javier: generoso, empático, sensible, atento, culto, curioso, comprometido, humilde, practicante de un humor inteligente y bondadoso, divertido (a veces cantábamos copla a dúo, aunque fuera por teléfono, él en Pamplona, yo en Madrid). Estar cerca de él te provoca ganas de trabajar mejor, de escribir mejor; de ser mejor.

Javier Pagola, un cristiano coherente y comprometido, de los que una persona querida llama “cristianos guais”, un espíritu libre. Sobre todo, como han coincidido todas las numerosísimas personas que de él han escrito estos días, un hombre bueno, muy bueno.