Este breve artículo procura analizar, de manera sencilla y asequible, la dimensión económica de la pandemia del coronavirus, con especial atención al caso español, pero sin dejar de tener en cuenta que vivimos en un mundo globalizado. Sin embargo, no pretende ser un mero catálogo de medidas y consecuencias, pues sobre esto ya hay información más que suficiente, sino más bien un compendio de reflexiones desde una profunda convicción de que la economía debe estar al servicio de las personas y desde un claro enfoque evangélico.

Por Carlos Ballesteros. Universidad Pontificia Comillas

Empecemos por los antecedentes. El Covid-19 ha supuesto un parón de muchas de las actividades productivas y comerciales, o al menos un cambio en su concepción. Para algunas ha supuesto un cambio de lugar de trabajo y de forma de relacionarse, pero para otras ha supuesto una auténtica catástrofe, justo en unos momentos en los que parece que la recuperación post-crisis del 2008 empezaba a llegar. Y también, lo que es mucho más grave para la economía, una gran sensación de incertidumbre. No se sabe que vendrá después y eso, para la economia, para las empresas, es de lo peor que puede ocurrir. Entornos cambiantes, inciertos, volátiles, complejos, impredecibles hace que los empresarios e inversores se vuelvan extremadamente cautos y prudentes en sus decisiones a futuro. “Dado que no se sabe cómo van a discurrir las cosas, mejor nos quedamos quietos y con el dinero parado y a buen recaudo, no vaya a ser que si nos movemos lo perdamos”. Así que, a la natural suspensión de algunas actividades debida al confinamiento, pues no todos los trabajos se pueden hacer teletrabajando, se une la parálisis psicológica de inversores y empresarios. A esto el Gobierno de España, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea entre otras instituciones han reaccionado con inyecciones de dinero en la economía, restricciones a la especulación en bolsa, ayudas y moratorias en el pago de impuestos y tasas a las empresas afectadas y otras medidas similares ¿Suficientes? ¿Adecuadas? Cabe pensar que sí bajo una lógica de la urgencia y de mercado, aunque algunas decisiones puedan ser discutibles, tan discutibles como lo fue el rescate a los bancos hace una década. Ahora, con un gobierno de corte más progresista que en aquel entonces, algunas medidas tienen un componente más social: apoyo a familias y ciudadanos vulnerables como por ejemplo en la moratoria en el pago de hipotecas; concesión de la prestación por desempleo sin exigir cotización previa, etcétera.

Más allá de la lógica mercantil

Sin embargo, pueden verse las cosas desde otra perspectiva, más allá de la lógica mercantil. Desde la perspectiva del cambio de paradigma económico, los aprendizajes que esta situación nos puede estimular posiblemente produzcan cambios positivos. Una gran enseñanza que no quisimos ver cuando la crisis fue solo financiera (2008 y años siguientes) es que el capitalismo, como modelo, puede considerarse agotado. Es fuente de desigualdades y desdichas, de contaminación y de explotación. Y ahora, en una situación de emergencia (algunos la llaman e economia de guerra, pero mi espíritu pacifista se niega a hacerlo) nos hemos dado cuenta que la verdadera economía tiene rostro humano. La economía colaborativa, en la cual lo importante no es poseer sino usar, los trueques, el altruismo, la colaboración entre iguales, la sostenibilidad (¡nunca ha estado el aire de nuestras ciudades más limpio!). Esta situación nos está haciendo ser conscientes de que pusimos esfuerzos económicos en cosas que no importaban tanto y dejamos de lado las que ahora necesitamos: investigación médica, soporte al pequeño tejido comercial y empresarial, reconocimiento de las profesiones que ayudan al sostenimiento de la vida y los cuidados.

En los principios ideológicos que deben marcar la economía post coronavirus deberíamos pues poner el valor de lo común por encima de lo individual, la búsqueda de soluciones innovadoras desde lo colectivo y la firme convicción de que es mejor y se llega más lejos juntos que separados. Y esto debería ser una prioridad del Gobierno y las autoridades económicas para el día después.