Por Mª Ángeles Lopez Romero

Ha fallecido Juan Martín Velasco. Los medios de comunicación han ido haciéndose eco poco a poco de su muerte. Han contado el gran teólogo que ha sido (aunque él siempre rectificara para matizar que lo suyo era la fenomenología de las religiones), la importancia de su obra, los cargos que ha ocupado, el peso que ha tenido en la Iglesia de Madrid y en los creyentes de España y del mundo. Pero hoy yo solo puedo decir que lloro la marcha de un gran amigo.

Juan era un hombre sabio y bueno al que conocí hace ahora 23 años. Era las dos cosas, y las dos a la vez, lo que no siempre es fácil. A pesar de que le habían defenestrado hacía años y lo vilipendiaron durante mucho tiempo más, jamás le escuché quejarse, criticar o reprochar nada a nadie. Más bien, tiraba de fino humor. Entre otras cosas, porque odiaba ser el centro de atención. Sí, era una de las personas más humildes y discretas que he conocido.

Juan Martín Velasco. Foto: Mª Ángeles Lopez
Juan Martín Velasco en el exterior del Colegio Mayor Chaminade. Foto: Mª Ángeles Lopez

Siempre fue el admirado y amado maestro de sacerdotes y ex sacerdotes que conservaron el vínculo con él, con Copito de Nieve, hasta el final. Pero enseñó a tantas personas más allá de las puertas del seminario de Madrid o el Instituto Superior de Pastoral…

A mí me descubrió el verdadero significado de la mística y me enseñó, como buen maestro, muchas cosas más. Incluidas capacidades mías que yo desconocía. Me recomendó para formar parte del Consejo Asesor de la Cátedra de Teología de la Fundación Chaminade, lo que al principio me pareció una loca excentricidad. Pero compartir ese privilegiado espacio de debate y reflexión con él y otros grandes nombres de la Teología fue un regalo que nunca pude agradecerle suficientemente.

El consejo volverá a reunirse cuando pase la COVID-19, pero ya nunca será lo mismo. Dialogante, respetuoso, tolerante… Brillante y lúcido. Mis libros están plagados de citas suyas y los suyos subrayados por mí hasta decir basta. Pero cuando se lo comentaba cambiaba de tema para restarse importancia. Siempre dispuesto a abandonar la primera fila, a dar paso a los más jóvenes, a ceder protagonismo, se ha ido como le gustaba caminar por la vida: sin hacer ruido, en este tiempo extraño que vivimos en que ni siquiera podemos reunirnos para despedir a los seres queridos. Descansa en paz, querido Juan. Que el Absoluto te acoja en su seno de amor eterno.