15475096441_b5bb5c43bf_b.jpgEn estos días se está celebrando la III Cumbre sobre Financiación para el Desarrollo, que es crucial para el futuro el planeta y de sus habitantes a corto y largo plazo. En este contexto hemos hablado con Marta Pedrajas, miembro de la Secretaría General de Cooperación del Ministerio de Exteriores y Cooperación (MAEC), para conocer más acerca de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se aprobarán en la próxima cumbre de Naciones Unidas convocada para septiembre y que constituyen la nueva Agenda Post-2015 para el desarrollo.

¿En qué cambian los ODS con respecto a los ODM?

Los ODS son un avance respecto a los ODM por dos características fundamentales: es una agenda universal y es una agenda transformadora. Estamos ante un cambio de paradigma, el foco es la erradicación de la pobreza (no la disminución, como era en los ODM) pero no vale hacerlo de cualquier manera. El modo de desarrollo de todos los países, los más industrializados y los menos adelantados, los de renta media, todos… ha de ser un modelo de desarrollo sostenible. Y sostenible en sus tres dimensiones: social, económica y ambiental. Por eso la agenda es universal, porque compromete a todos los países. Ya no es una agenda de donantes a receptores, sino de todos con todos, con las personas y con el planeta. Es transformadora también porque va a las causas de los problemas. No se trata de paliar los efectos (como podría ser la agenda de los ODM). Ahora se va a las causas de la pobreza y de la insostenibilidad del modelo de desarrollo. Hay objetivos sobre producción y consumo sostenible que hablan de transformar el modelo actual de vida en los países desarrollados. Otros objetivos acentúan la falta de derechos, la falta de instituciones fuertes y capacitadas, la falta de acceso a la justicia… Y como se mejoran estas debilidades, que podríamos decir que son estructurales, se cambia la vida de las personas. Junto con objetivos como la educación de calidad para toda la vida, el acceso al agua, la energía o las infraestructuras. Todo ello hace que sea una agenda orientada a cambiar, a mejorar, la vida de las personas desde la raíz y hacerlo de una manera sostenible.

¿Qué opinión le merece la agenda de desarrollo propuesta?

Es una agenda amplia, que se puede criticar haciendo hincapié en el excesivo número de objetivos y metas (pasamos de 8 ODM y 21 metas, a 17 ODS y 169 metas), que tiene poca narrativa, que no tiene el foco claro… Pero sí lo tiene, es una agenda para la acción global, para las personas y la protección del planeta. Esta es la parte que se está tratando de mejorar también con la declaración política de la agenda post2015 y los principios que la enmarcan. Y, sobre todo, es la agenda de todos, es la agenda que los países -a través de sus representantes- se han dado a sí mismos, la que se ha negociado en el grupo abierto de los ODS. Y a través del amplísimo proceso de consultas, nacionales y temáticas, llevado a cabo por la ONU y por muchas otras iniciativas, como la encuesta Mi Mundo. Podría ser una agenda más perfecta, más técnica, más elaborada, resumida y mejor estructurada, pero su valor consiste en que se trata de la agenda de todos y eso ya tiene un valor incalculable (a los ODM les costó casi cinco años arrancar). Además, es una agenda global, que tiene todo, por eso son tantos objetivos, porque todos los problemas globales están ahí, recogidos en una única agenda de desarrollo mundial, que todos han negociado, que todos (esperemos) van a aprobar y apropiarse y que va a orientar el desarrollo de cada uno de los países y de la cooperación internacional los próximos quince años.

¿Cómo calificaría el proceso de consulta de la agenda Post 2015?

Ha sido un proceso muy amplio, muy participativo y muy rico en sus contenidos. Probablemente podría haber estado mejor estructurado, pero ha sido muy participativo. Se han hecho más de cien consultas en países en desarrollo. Se han hecho consultas temáticas en 2013 (en España hicimos la de seguridad alimentaria) y cinco consultas más de aplicación (implementación) en 2014 (en las que organizamos la consulta regional de América Latina sobre el sector privado). Se ha hecho la encuesta mundial más grande de la historia, con más de ocho millones de respuestas: la encuesta Mi Mundo, que todavía sigue abierta. Se han hecho grupos de expertos, de alto nivel, consultas regionales, consultas con la sociedad civil. Y, sobre todo, se estableció un grupo de trabajo intergubernamental que ha tenido dos años de trabajo, el grupo abierto para la definición de los ODS (Open Working Group), del que España formó parte desde el principio. En España, para construir la posición española, por ejemplo, también se ha realizado un amplio proceso participativo que incluye grupos de expertos, grupos de trabajo con la AGE, consultas a las CCAA y un proceso amplio de trabajo con el consejo de cooperación. Todo ello cristalizó en dos consultas nacionales, una en 2013 en el Instituto Cervantes y otra en 2014 en el propio Congreso de los Diputados.

¿Cree que se han incluido las reivindicaciones de la sociedad civil?

Yo diría que sí, pero deben ser ellos los que lo valoren. Se les ha consultado y se les ha dado la oportunidad de participar en todos los foros, incluso tenían espacio propio en el grupo abierto de los ODS, donde su voz era escuchada. Además, creo que es importante destacar que al ser una agenda tan amplia se ha dado voz a muchas organizaciones y asociaciones de sociedad civil muy distintas, las tradicionales de cooperación para el desarrollo, organizaciones más orientadas a la protección del medio ambiente, asociaciones de consumidores, agrupaciones y federaciones de cooperativas y de economía social, sector privado, sindicatos, universidades y expertos de la academia… Creo que se ha hecho un proceso amplio en el que han podido expresar sus reivindicaciones. Pero no puedo valorar si están satisfechas con el resultado o no, no me corresponde.

¿Cuál es el mayor logro incluido?

Creo que se han hecho avances importantes, como los comentados anteriormente. Al ser una agenda universal, se han incluido objetivos muy relevantes para el modelo de desarrollo global, como son la disminución de las desigualdades (y no sólo la pobreza). Las desigualdades son un reto en los países de renta media, pero también en muchos países desarrollados donde han aumentado debido a la crisis económica y financiera. Y hacerles frente está en la nueva agenda. Muchos objetivos van enfocados a la sostenibilidad del modelo de desarrollo y eso es un logro. Por ejemplo, el ya comentado de producción y consumo sostenible (con gran oposición al principio de las negociaciones, finalmente está ahí). En general, los cinco objetivos más específicamente ambientales son también un avance que viene de Río y que integra bien la dimensión de sostenibilidad medioambiental: cambio climático, ecosistemas marinos y terrestres, la biodiversidad, la degradación de la tierra y la protección de los océanos. Todo está incluido. Es importante también destacar que la dimensión más de desarrollo humano y social está presente desde el primer objetivo, pero dando un paso adelante respecto a los ODM: erradicación de la pobreza, salud universal, educación de calidad, seguridad alimentaria y nutrición, acceso al agua y saneamiento… Y género, la igualdad, los derechos de la mujer y el empoderamiento son siempre objetivos y metas que hay que negociar, pero ahí están, con un objetivo específico y transversal a toda la agenda, que era el reto desde que empezaron las negociaciones.

¿Qué se queda fuera y es relevante?

Sin duda los Derechos Humanos, falta un objetivo que reafirme su valor universal y el compromiso de todos los países en su cumplimiento. Hasta ahora he comentado que la agenda es muy completa y es cierto. Pero le falta lo más importante: los derechos humanos. El objetivo 16 se quedó cojo, en los primeros borradores estaban en el título y en un par de metas… Y por la oposición muy dura de un grupo de países se cayeron y quedaron como está ahora (frente al riesgo de no tener ninguna agenda, lo que hubiera sido peor). Ahora mismo queda reflejado como la protección de libertades fundamentales. En toda la negociación de los ODS , sin duda, lo más difícil y lo más duro de sacar adelante han sido los temas de derechos, en el específico ODS 16 pero también en el resto de objetivos. Se pelearon mucho y se consiguieron mantener en los objetivos de género, en la erradicación del matrimonio precoz, en el de pobreza haciendo énfasis en la igualdad de derechos a la herencia o a la propiedad. Se han logrado muchos avances. Pero en general, y en mi opinión personal, el enfoque de derechos se podía haber recogido mejor en toda la agenda. Y, en concreto, un objetivo específico que proteja el pleno cumplimiento de los derechos humanos en todos los países no ha sido posible, a pesar de ser prioritario para la UE y para España. Sí está incluido en la declaración y en las introducciones más generales y más visionarias, pero falta que entre con fuerza en la agenda de objetivos y metas, así como en el seguimiento e informe anual sobre su cumplimiento, además de poner los medios necesarios para su pleno disfrute por parte de todas las personas.

¿Cuál es el mayor reto pendiente?

De la nueva agenda, su puesta en marcha, su aplicación a todos y cada uno de los países. Conseguir el compromiso de todos los ciudadanos y de los gobiernos. La agenda post2015 todavía es muy desconocida, es importante movilizar a la sociedad en su conjunto, explicarla bien y que la vean como algo suyo, que les compromete. Y para ello, es muy importante el papel de los medios de comunicación, que pueden hacer una gran labor de difusión y de sensibilización en la nueva agenda de desarrollo. También es importante hacer esta labor en toda la administración, que tiene que hacer que se cumplan los objetivos, en nuestro caso, en España. La agenda post2015 también es desconocida en el seno de la administración (excepto en aquellos que tienen competencias de relaciones o de cooperación internacional y que han estado implicados en la negociación), pero ahora pasamos a la fase de cumplimiento y hace falta más conocimiento que un compromiso responsable por parte de todos.