Por Gema Segoviano, Grupo Fe y Espiritualidad de FELGTB

Y después de este título en latín macarrónico, ese que aprendías sin mucho interés en la época de estudiante, viene lo mejor: las declaraciones del papa Francisco en donde se posiciona a favor de las uniones civiles para las personas LGTB.

Después de muchas décadas de dolor, sufrimiento, desprecio, humillaciones, y trato degradante hacia las personas LGTB por parte de gran parte de la jerarquía eclesiástica católica, ahora, su máximo representante se presenta como si  con esta entrevista se pudiera desdecir de toda una vida de prejuicios y declara que a las personas LGTB se nos puede permitir una legislación civil que regule y proteja a nuestras familias.

Foto: Iglesia de Santa Lucía en Arzachena (Italia)

Quisiera pensar que de «sabios es rectificar», pero las palabras de este papa son un poco como todo su papado, una de cal y otra de arena, y entremedias una noticia resonante y rimbombante pero hueca y vacía de contenido y de intenciones formales.

Aún recuerdo las palabras de algunos representantes de la jerarquía católica en donde las personas LGTB no merecíamos nada de respeto, y cómo luego se organizaron esas grandes manifestaciones con presencia de la jerarquía católica española a la cabeza que se oponían a la regulación de las familias formadas por personas LGTB. Y es que, en el último momento y sumándose a la «idea feliz» propuesta por un partido político de crear las Uniones Civiles, parece que se olvidaban que las familias LGTB no podían seguir desprotegidas y aguantar el limbo legal al que se las sometía.

Ahora que la sociedad civil y las organizaciones en defensa de los derechos de las personas LGTB van logrando que esos derechos sean reconocidos y se legisle para proteger a esas familias en igualdad con toda la sociedad, aparecen «los favorcillos de poca monta» con los que llenar un titular y aparecer como una persona «aperturista y progresista». ¿De verdad es tan fácil olvidar que cuando en Argentina, estando allí como Obispo y se planteó la posibilidad él se negó a todo lo que tuviera que ver con Unión Civil? ¿Y cómo entender aquellas declaraciones de «quién soy yo para decir nada a un Gay» ( como si no hubiese dicho bastantes palabras poco caritativas)? ¿Y cuándo decía aquello de «si un niño es homosexual, hay que llevar al psicólogo»  (entre líneas venía a decir que la homosexualidad es enfermedad y que las técnicas de «sanación y curación» eran aceptables y no he oído de momento que las hayan desautorizado oficialmente)? ¿Y la más reciente a los padres de hijos/as LGTB donde decía» el Señor ama a vuestros hijos» (siempre y cuando no crezcan ni quieran formar familia, claro)?

Pero voy a tratar de ser optimista y ojalá (Inch Allah) estas palabras y declaraciones sirvan para que en esos países donde a las personas LGTB se les niegan sus derechos y su vida (Latinoamérica, África, Oriente Medio y países del Este de Europa, entre otras zonas) las jerarquías eclesiásticas y responsables religiosos católicos empiecen a dejar de poner piedras en el camino legislativo y opten por apoyar los Derechos Humanos de las personas LGTB.