La teóloga Pepa Torres siempre tiene un pie en la calle.

Desde Lavapiés, Pepa Torres nos cuenta en conversación telefónica cómo ella y sus compañeras de la Comunidad Interlavapiés están viviendo la crisis del coronavirus. Habla de sombras y también de luchas y luces. Sobre todo, destaca cómo la dramática situación ha puesto de manifiesto la interdependencia de las personas. “Esta crisis deja claro que, o vivimos en comunidad, cambiando los modos de funcionar de esta sociedad capitalista, o estamos condenados a la destrucción”, asegura a Alandar en el día -23 de marzo- en que la cifra de infectados en España supera los 35.000 y la de muertos alcanza los 2.229.

En los 13 años que llevan en el barrio ella y sus compañeras de comunidad -Maite Zabalza y María Sierra Carretero- han tejido una extensa red de solidaridad y cuidado mutuo. De la experiencia de inserción de esta comunidad religiosa emanó la Red Interlavapiés, un colectivo multicultural y plurirreligioso muy comprometido con los movimientos sociales y las grandes comunidades senegalesa y bangladesí del barrio. La Comunidad Interlavapiés es también protagonista de la vida del Centro de Acogida San Lorenzo, que funciona en la parroquia del mismo nombre, y sus relaciones con asociaciones de inmigrantes como el Sindicato de Manteros o Valientes Bangla son muy intensas.

Esa vida en red hace que Pepa y sus compañeras estén atendiendo múltiples frentes en estos días. “Aunque intentamos vivir en el presente, estamos muy preocupadas por el futuro, sobre todo por las consecuencias económicas que esta crisis va a tener en la gente más vulnerada: los amigos manteros y lateros, las familias que viven en infraviviendas. Esa es la principal preocupación de mucha gente ahora: cómo pagar el alquiler”.

“Es muy importante que se establezcan moratorias del pago del alquiler, no solo de las hipotecas”, asegura esta religiosa, impulsora de la campaña #SuspensiónAlquileresYA, que exige al Gobierno que suspenda el pago del alquiler y los suministros básicos para las personas que pierdan o vean reducidos sus ingresos durante la crisis.

No es la única reivindicación que suscribe la comunidad en estos días. El mismo día 23, Territorio Doméstico, un sindicato de empleadas de hogar muy cercano a la Red Interlavapiés, y otras 25 organizaciones de trabajadoras en cuidados domésticos lanzaba otra campaña para protestar por la falta de medidas para frenar el impacto de la crisis del coronavirus en este colectivo.

“Hay 600.000 trabajadoras de hogar, unas 200.000 de las cuales no tienen contrato, que prestan sus servicios en las casas en una situación de fuerte indefensión. Muchas de ellas ni siquiera pueden justificar que van a trabajar y, si la familia prescinde de ellas, no tienen acceso a ningún tipo de ayuda. A las internas no se le reconoce el derecho al descanso y muchas trabajan con personas infectadas sin ningún tipo de protección”.

Alguien que como Pepa ha reivindicado una y otra vez, y de nuevo al inicio de la crisis del coronavirus, el cierre de los CIEs, celebraba ese día la clausura del de Madrid y la derivación de sus residentes a otros recursos de protección humanitaria. “Ojalá que esto sirva para ver la inutilidad de estos centros de hacinamiento y vergüenza. Hay que cerrarlos y dedicar el dinero que se invierte en ellos a medidas de apoyo a la situación de las personas migrantes”.

Estas reivindicaciones dejan claro que Pepa y sus compañeras estiman que la respuesta del Gobierno a la crisis no ha sido suficiente: “Algunas medidas son acertadas y revelan una sensibilidad social, pero las decisiones adoptadas dejan a muchas personas excluidas, fundamentalmente a las personas sin papeles que trabajan informalmente. Ellas son, además, las más afectadas por las medidas de control policial y militar. No tenemos datos para decir que estos días hayan aumentado las detenciones o las redadas contra migrantes, pero sí que el miedo a ellas ha aumentado”.

Por si todo ese activismo fuese poco, la Comunidad Interlavapiés también colabora con el Grupo de Ayuda Vecinal del Centro que, en coordinación con los servicios sociales, recibe información e intenta dar respuesta a las situaciones de personas afectadas por la enfermedad, la pobreza y el miedo que no cesa en estos días.

Además, apoya las iniciativas de Valientes Banglas, una asociación de bangladesíes que desde el principio de la crisis se ha volcado en apoyar a los miembros de su comunidad, golpeada por la enfermedad, el miedo y el hacinamiento. “Han encontrado, no sabemos muy bien cómo, soluciones hasta para aislar a personas afectadas por el virus que habitaban en pisos en donde viven hasta 12 personas”, explica con admiración Pepa.

Por último, junto a varios miembros de la Red Interlavapiés, Pepa y sus compañeras han creado un grupo de apoyo a situaciones de emergencia de personas migrantes a las que acompañan con mensajes y llamadas de teléfono para chequear su estado y necesidades, información en diversas lenguas, tramitaciones de peticiones de ayuda social y prestaciones de desempleo y contribuciones económicas para solucionar problemas de alimentación o salud.

Y todo ello lo hacen desde el compromiso con una intensa vida en comunidad en la que no falta el buen humor y en la que se aprovecha cualquier momento que active el entusiasmo y abra hueco a un rayo de luz, por pequeño que sea, en la nube negra que nos rodea. Pepa, Maite y Sierra –“Carre”- fabrican mascarillas caseras, hacen ejercicio y no faltan puntuales a la cita de las ocho de la tarde en los balcones. “Un momento que realmente nos emociona y que da lugar a situaciones realmente milagrosas. Representa la oportunidad de vivir más atentos a la relación y al encuentro a pesar de que las condiciones no son ideales. Ojalá que cuando pase todo esto, podamos rescatar lo mejor de esta experiencia y no olvidarnos de todo el cuestionamiento que supone a nuestra forma de vida”.